El martes 24 de abril de 2012 el Padre Ignacio Peries trasladó su histórica misa de sanación de barrio Rucci (Rosario) a calle Enrique Carbó 461 en Paraná. La parroquia Sagrado Corazón de Jesús, frente a la plaza Saénz Peña, fue el epicentro de una convocatoria de fe, que reunió a unas 40.000 almas fervorosas por conseguir la bendición del sacerdote milagroso.
Se cumplen 10 años de la visita del Padre Ignacio a Paraná
Por Dina Puntín
“Para la ciudad de Paraná, Iglesia o no Iglesia, una persona que convoque a tantos, que todos quieran llegar a un encuentro personal con él en un mismo momento, es histórico e importante. Es una sola persona que convoca por su intersección en la salud que Dios nos da. Fue un martes, con muchas dificultades para concretar el lugar y con todos lo que eso supone”, declaraba a UNO el padre Silvio Fariña, hoy párroco en San Cayetano.
Uno de los inconvenientes en la organización de abril de 2012, fue la definición del lugar en donde se iba a realizar la misa de sanación. En un principio, la iglesia quería hacerla en la Catedral, frente a la Plaza de Mayo. Pero desde la Municipalidad de Paraná, se planteó que por una cuestión de seguridad y tránsito era mejor buscar una alternativa. Se barajaron diferentes posibilidades, hasta que se definió la parroquia Sagrado Corazón de Jesús.
La gente desbordó la plaza y las cercanías de la iglesia. Aquellos que no fueron hasta allí lo siguieron por los medios de comunicación.
“Quienes participaron debieron hacer frente a las adversas condiciones climáticas. Fue el día más frío del año, la sensación térmica osciló los 6º y el día asomó nublado para los feligreses de la iglesia católica, que firmes aguardaron la bendición que los acerque al milagro esperado por cada uno. A mitad de mañana se largó el primer chaparrón y desde ese momento todo empezó a ser mucho más difícil para los que, a esta altura, ya habían copado la plaza”, describió la crónica de UNO.
Si bien la celebración religiosa estaba prevista para las 16, comenzó 15 minutos antes por la gran cantidad de gente que aguardaba dentro y fuera del templo. Antes de comenzar la misa, que duró unos 70 minutos, salió a uno de los balcones que posee la iglesia para saludar a los presentes que levantaban las fotos de sus familiares y vitoreaban su nombre con ansiedad.
“Uno siempre desespera, siente el dolor y el sufrimiento, a veces piensa que la respuesta no llega cuando nosotros queremos. Es cierto. El tiempo de Dios no es el tiempo del hombre”, expresó el sacerdote en su homilía y agregó: “Como Él mismo dice, no es Ignacio ni Moisés ni varios sacerdotes que damos esta gracia. Somos un instrumento de Dios. No soy un sanador; creo que ningún ser humano puede sanar, si no que es la fe y Dios el que da esa gracia”.
Finalizado el oficio religioso, procedió a las bendiciones dentro del templo. Como una casita del tiempo barométrica, donde la humedad regula la salida de las figuras para indicar el clima, los fieles entraban por una puerta y salían por otra, con el ritmo marcadado por la imposición de manos del padre Ignacio y su bendición. Abriendo y cerrando paraguas, la gente brindaba conmovida su testimonio. “Fue una sensación hermosa porque nos unió las cabezas y porque pedí por mis tres hijos. Él nos hizo una señal y fue algo muy lindo”, explicó una devota. “Él no dice nada, solo las chicas que colaboran con él. Lo que te da siempre es el agua bendita, la oración y la bendición que recibe el enfermo”, dijo otra.
Para esta convocatoria se reunieron 250 servidores, en su mayoría adolescentes y jóvenes de las escuelas y la universidad católica y 220 agentes de la Policía de Entre Ríos fueron afectados a la jornada.
Según el testimonio recabado por UNO de la secretaria parroquial, el padre Ignacio bendijo hasta el último que se quedó a la espera y agregó: “A las 2 de la mañana aún bendecía a la gente que estaba afuera. Los que se quedaron y tuvieron paciencia pudieron estar con él”.
La última bendición fue a las 2.10 en la calle Arturo Illia y Enrique Carbó.
La visita del padre Ignacio conmovió a la ciudad de Paraná desde que se supo que daría una misa en la capital provincial, hasta las repercusiones favorables y positivas posteriores. Lo demostró la emoción de la gente que asistió y participó en la jornada del martes 24 de abril de 2012. Un día que quedó, sin dudas, en la memoria de quienes formaron parte de un instante de fe en comunidad.
El origen
La llegada del sacerdote a la capital provincial comenzó con una entrevista que en marzo de 2012 publicó La Capital de Rosario y que Diario UNO replicó en su edición del 6 de abril del mismo año. Allí el padre Ignacio indicó que le gustaría vivir en Paraná. La frase fue una bomba para la ciudad que sabía el significado de esas palabras vertidas por el sacerdote sanador que -por día- reunía en la parroquia Natividad del Señor, más de 80.000 personas.
Los años pasaron, la relación con la ciudad se veía fortalecida por la inauguración de una casa de la Cruzada del Espíritu Santo, en 2013 a pedido del Vaticano. Es que en 2006, el entonces arzobispo Mario Maulión decidió auspiciar el crecimiento de la Cruzada del Espíritu Santo y resolvió la incardinación (vincular de manera permanente a un sacerdote en una diócesis determinada) de todos los integrantes de la asociación clerical en la diócesis de Paraná. Desde entonces, religiosos de Gran Bretaña, Venezuela y Estados Unidos están incardinados en Paraná, y por eso el Vaticano pidió que la primera casa de la congregación del padre Ignacio se fije en la ciudad.
Pero los planes del padre Ignacio se vieron trastocados a finales de octubre de 2016, cuando la Justicia tomó conocimiento del primer caso de abuso cometido por el cura Juan Diego Escobar Gaviria, perteneciente a la congregación del padre Ignacio.
El cura fue juzgado por abuso y corrupción de menores, hechos ocurridos mientras fue párroco de San Lucas Evangelista (Lucas González) en el departamento Nogoyá y actualmente cumple condena en el penal de Victoria.
Estos hechos obligaron al padre Ignacio a cerrar la casa de la Cruzada en Paraná y a centrarse únicamente en Rosario como epicentro de fe y crecimiento de su evangelización, tal como lo viene realizando desde 1979, cuando se llegó para quedarse.














