José Amado / De la Redacción de UNO
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Testigos señalaron sin dudar al autor del asesinato de Clari
Un crimen hasta ahora sin explicación: dos jóvenes que se miran mal, dos disparos que terminan con la vida de uno de ellos. Ayer comenzó el juicio a Exequiel Rodríguez, de 27 años, acusado de asesinar a Octavio Clari, de 19, en la Costanera paranaense el 6 de abril de 2013.
La Plaza de las Colectividades estaba repleta de jóvenes aquella madrugada, y varios de ellos fueron testigos del brutal ataque. Luego de escuchar los disparos, a las 6, el auto Peugeot 206 que conducía el acusado huyó del lugar y la multitud rodeó al joven baleado. Una ambulancia lo trasladó al hospital San Martín, donde Clari murió a las 7 por el balazo que le ingresó por el costado izquierdo del torso.
Quien entonces era la novia de Octavio, Aldana Ramírez, estuvo hablando con él hasta segundos antes del ataque. Ayer declaró en el juicio y recordó que ambos habían ido a la Costanera con sus grupos de amigos, se encontraron, hablaron y cuando se iba en el auto de otro escuchó los disparos. “Me bajé, estaba a pocos metros, vi un auto que se iba. Se amontonó enseguida la gente. Llegó la ambulancia pero no me dejaron subir con él, entonces dos chicos me llevaron al hospital”.
Luego, Aldana dijo: “Él (señaló a Rodríguez) y Octavio discutieron por algo de la moto, pero no se conocían de antes”.
Ataque irracional en la rotonda
Lautaro David Barzola era amigo de Octavio Clari, ya que ambos se criaron en el barrio San Roque. Aquella madrugada los balazos le pasaron a centímetros y observó los segundos de la secuencia que terminaron en el crimen. Contó que estaba con un amigo en una moto y se encontraron con Octavio, que iba en la suya. Decidieron ir a la Costanera a tomar una cerveza y estacionaron en la rotonda. “La estábamos pasando bien. Rodríguez arranca el auto y pasa al lado de la moto de Octavio, bien rozando, lo queda mirando y carga el arma. ‘¿Qué cargás el arma?’, le dice Octavio. Se acerca al cordón, saca la mano por la ventanilla y le dispara dos tiros. Después, agarré la moto y lo seguí, cuando volví ya se lo estaba llevando la ambulancia”.
Cuando la fiscal le preguntó si identificaba al sujeto que efectuó los disparos, el joven giró y señaló a Rodríguez, sentado a pocos metros: “Es él. Estoy seguro”, afirmó.
María Inés Neto, su hermana Luciana y Andrea Godoy, conocían a Rodríguez de cuando frecuentaban una iglesia evangelista. La madrugada del 6 de abril de 2013 estaba en la Costanera con un grupo de amigos y lo vieron: “Estaba estacionado arriba de la rotonda, le hacía señas, Clari lo miraba nomás. Bajó la ventanilla, y le hizo señas con un arma. Después agarró otra, cargó y tiró”, recordó María Inés.
Luciana fue igual de contundente, al señalar que lo vio a Rodríguez con otras personas, que intercambió pocas palabras con Clari, sacó un revólver y finalmente una pistola 9 milímetros con la que disparó. Relato similar al que realizó Andrea, al contar la fugaz secuencia que terminó en un asesinato.
Además, declararon dos policías que llegaron al lugar del hecho enseguida, uno de los cuales llamó al 911 para pedir auxilio y otro que debió organizar el tránsito y la caótica situación que se generó en la Costanera por el asesinato. Hoy continuará el debate con más testigos, entre ellos personal de la Prefectura que participó del operativo tras el crimen, y otras personas que estaban en la plaza al momento de los disparos.
“Pruebas directas”
El abogado querellante en representación de la familia de Clari, Marcos Rodríguez Allende, dijo luego de la primera jornada del juicio: “En este homicidio, a diferencia de muchos otros, contamos con muchísimas pruebas directas, testigos claros y contundentes que demuestran con absoluta claridad que esta ejecución, a menos de un metro, fue realizada por el imputado y visto por mucha gente”.
Rodríguez es defendido por los abogados Hugo Gemelli y Matías Argüello de la Vega, mientras que la fiscal de cámara es Carolina Castagno. El tribunal de la Sala 1 de la Cámara del Crimen que juzga el homicidio está integrado por José María Chemes -presidente-, Elvio Garzón y Miguel Giorgio.
Amenazadas sin custodia
Los investigadores de la División Homicidios lograron dar con testigos claves que permitieron identificar a Rodríguez. Es un grupo de amigas que estaba en la Plaza de las Colectividades, quienes luego de declarar sufrieron violencia y amenazas.
Sin embargo, no alcanzó para silenciarlas. Por el contrario, lo señalaron nuevamente y denunciaron tanto los aprietes como la falta de respuesta del Estado para su seguridad: “Después que nos citaron a declarar, el hermano de Rodríguez (Esteban) con el amigo (Pablo Vega) fueron y tiraron tiros a mi casa, casi matan a mi hermana. Después vinieron las amenazas de sus parientes, amigos, vecinos. Hicimos las denuncias y no nos dieron ni pelota, con perdón de la palabra. Mi viejo se tuvo que encadenar”, contó María Inés Neto.
La joven luego se dirigió al acusado del homicidio y le dijo: “Vos me conocés muy bien a mí, nos conocemos”, y agregó: “Me da bronca porque se mandan cagadas y después ninguno se hace cargo. Él mismo nos llamó de la cárcel y nos amenazó. Dijo que yo y mi hermana lo mandamos en cana. Y después la llamó al trabajo a mi mamá y le dijo: ‘Deciles a tus hijas que se retracten porque va a venir gente de Rosario y las voy a mandar a matar a todas’”.
Pese a estos graves episodios, no recibieron custodia: “Hicimos la denuncia en la Fiscalía y en la comisaría, tendríamos que tener custodia en casa, pero no tenemos, hasta el día de hoy estamos esperando, seguimos recibiendo amenazas y ni pelota nos dan. Hace poco estaba esperando el cole, pasó un loco y me quiso atropellar con la moto. La verdad que desde que pasó esto no es vida la nuestra. Nos dejaron re tirados. Al final somos nosotros más los perjudicados que él que mató al pibe”, contó Neto.
Al escuchar esto, el presidente del tribunal, José María Chemes, dijo: “El tribunal va a oficiar a la Policía para que arbitre todas las medidas para custodiar a toda la familia”.
* El querellante dijo: “Contamos con muchas pruebas directas, testigos claros y contundentes que demuestran que esta ejecución, a menos de un metro, fue realizada por el imputado y visto por mucha gente”.














