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Los puntos claves del caso Pocho Morales, 10 años después

El caso Pocho Morales cumple una década sin resolver. El destino del hombre desaparecido es un misterio y una deuda del Estado. Duras críticas de la familia.

Sábado 28 de Agosto de 2021

En Entre Ríos hay muchas personas desaparecidas en distintas circunstancias. Algunos casos han tenido sospechosos en la mira o pistas concretas que no alcanzaron. En otros nunca surgió ni un solo dato. Pero el caso Pocho Morales es uno de las más intrigantes de todos, porque su ausencia se produjo de un minuto para el otro, a metros de su quiniela, en la calle principal de localidad de San Jaime de la Frontera, en el atardecer cálido del 30 de agosto de 2011, cuando había muchas personas transitando por el lugar. Como si la frase bíblica “se lo tragó la tierra” se hubiera hecho realidad. Claro que hay un responsable del destino del hombre desaparecido, cuyo misterio cumple una década, que jamás fue descubierto.

¿Quién era Pocho Morales? Un quinielero de un pueblo de 4.337 habitantes (según el censo de 2010), del Departamento Federación, cercano a Corrientes. Vivía con su esposa y sus dos hijos. De rutina rigurosa y silenciosa, entre la recorrida por el pueblo levantando jugadas a domicilio y la iglesia donde iba a rezar todos los días.

¿Qué hacía al momento de la desaparición? A las 20.07, el aparato inalámbrico de apuestas registró la última jugada de un vecino que vive en la calle colectora de la ruta nacional 127, a la vuelta de la agencia. Intercambió unas palabras, pedaleó su bicicleta roja hasta la esquina, dobló y se detuvo cerca de la puerta de su tómbola “Pochito”.

¿Quién lo vio por última vez? En la vereda, habló unos instantes con Doña Elva, una vecina que vive cruzando calle San Martín con su hijo. La mujer le dio el pésame por la reciente muerte de su hermano. En la calle y en la vereda había personas yendo y viniendo y chicos jugando. Teóricamente, siguió su camino hasta la esquina para luego volver antes de las 20.30 que cerraba la quiniela. Pero nadie sabe si eso ocurrió. No hubo nuevas apuestas ni regresó a la tómbola.

¿Cuándo se advirtió su ausencia? Su esposa Beatriz se preocupó porque no había llegado Lo llamó a las 20.45 y el celular de Pocho ya estaba apagado y atendía directamente el contestador.

¿Cómo se inició la búsqueda? En seguida llegaron los hijos de Pocho, Walter y Diego, y recorrieron las cuadras aledañas a pie y en moto. A la media hora estaba todo el pueblo con linternas buscando al quinielero por todos lados. La Policía local y departamental desplegó un operativo en la zona, pero transcurrió la madrugada, llegó la mañana siguiente y comenzó en la familia Morales esa sensación de angustia y desesperación que iba a durar una década. En los días siguientes, cientos de cadetes de la Policía rastrillaron campos aledaños y la ruta 127 hasta Los Conquistadores, sin resultados positivos. También policías recorrieron casa por casa del pueblo, aunque no fueron requisas sino más bien consultas a cada vecino preguntando si sabían algo.

¿Quién fue el primer testigo que aportó un dato? Un par de horas después del momento de la desaparición, llegó a la tómbola un vecino de San Jaime, Pinino Báez, y contó que Pocho había pasado por su casa, que lo saludó desde la ventana, le dijo que se sentía mal y le pidió que le avise a la familia que se iba para La Colorada, un establecimiento rural ubicado hacia el sur del pueblo. En los rastrillajes en ese campo no se encontró ni un rastro. Los perros rastreadores de la Policía marcaron la presencia de Pocho en la verada de la casa de Báez. Pero la pista no se profundizó y nunca se supo si lo que dijo Pinino fue verdad, mentira o un poco de cada cosa.

¿Quién fue el primer sospechoso? Hugo Novelli es un comisario de la Policía, luego retirado, un oscuro personaje que había tenido un altercado con uno de los hijos de Pocho Morales poco antes de la desaparición. Fue señalado, lo investigaron y cuando allanaron su domicilio encontraron en su camioneta un parasol con sangre, que se comprobó que era de hombre, pero la muestra estaba contaminada para establecer el patrón genético de ADN. Unos años después, el comisario fue condenado por robo de ganado en campos de Corrientes.

Los primeros fiscales de la causa fueron Maximiliano Larocca Rees (hoy juez de Federal) y luego Julia Rivoira (hoy fiscal de Concordia), con numerosas medidas. Aquellos primeros meses transcurrieron entre testigos falsos y hechos que entorpecieron la investigación. Por ejemplo. el cura del pueblo y un concejal ocultaron información por aparentes razones personales, y un vecino que vive en Córdoba mintió al declarar que había visto a Pocho en la terminal de ómnibus de aquella ciudad, acompañado por dos hombres que lo escoltaban. El entonces jefe de la Policía provincial, Roberto Massuh, aprovechó esto para decir que no se podía encontrar a alguien que no quería ser encontrado, lo cual generó el repudio de la familia de Pocho. También se recuerda el día en que plantaron droga en la puerta de la casa de la familia Morales, hecho que había sido “advertido” por Novelli pese a ser imposible ver el envoltorio con marihuana oculto bajo un ligustro.

Desde los primeros días, hubo marchas por San Jaime y hasta cortes de la ruta nacional 127 en reclamo de Justicia.

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Las hipótesis fueron nada más que eso, versiones sin evidencia alguna que las sustente: la del asesino solitario que invitó a Pocho a su casa, lo mató y ocultó el cuerpo y la bicicleta; la de uno o varios asesinos que quisieron eliminar a un hombre que vio o sabía algo que no debía. El suicidio fue descartado en seguida al no hallarse el cuerpo en ningún lado, lo cual es obra de un tercero que lo ocultó; al igual que su ausencia por propia voluntad, algo insostenible.

La hipótesis de un psicópata se asentó un poco más a partir de una escalofriante coincidencia: el próximo 9 de septiembre se cumplirán 11 años de otra desaparición bajo circunstancias idénticas. Sebastián Ortíz, un vendedor ambulante de Paso de los Libres (Corrientes) iba cada tanto a San Jaime a ofrecer elementos de limpieza y del hogar. Alquilaba una habitación y andaba en una bicicleta roja. A la misma hora que el caso de Pocho, antes de las 20.30, fue hasta la boletería de colectivos (ubicada del otro lado de la ruta 127) a sacar pasajes para regresar a su ciudad al día siguiente. Salió de la habitación, circuló en la bicicleta, pero no llegó a la boletería. En el mismo trayecto donde desapareció Pocho, a Ortíz se lo tragó la tierra. Ambos tenían 66 años al momento de sus desgracias.

La causa actualmente está en manos del fiscal Gustavo Confalonieri, quien fue en poco tiempo asumirá como fiscal en Concordia y así pasará a otro agente de la Fiscalía de Chajarí. En los últimos siete años el expediente no ha tenido movimiento, salvo una testimonial a fines del año pasado que no aportó absolutamente nada. Inicialmente hubo una recompensa de 100.000 pesos para quien aporte información válida, que luego se aumentó a 500.000, pero ni eso permitió romper el silencio.

Este lunes, no será un día más para San Jaime y para la familia Morales. Si bien todos recuerdan al querido Pocho cada día, este aniversario vuelve a demostrar que más allá de los límites del pueblo se olvidaron del quinielero.

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“Hay varios testigos que tienen miedo”

Nuria Miño es la sobrina de Juan José Morales, quien estuvo al frente de la lucha por justicia desde el primer día de la desaparición. Consultada por UNO acerca de este momento: “No hay ninguna respuesta. La causa está cajoneada, es una tomada de pelo. Son 10 años, no es un día, o un año que aún teníamos las esperanzas de encontrarlo”.

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La mujer contó que en San Jaime “La gente lo recuerda porque era el personaje del pueblo, era conocido y está la plazoleta con su foto”.

Luego, habla de las críticas que tiene la familia hacia quienes tuvieron y tienen la responsabilidad de esclarecer el caso: “La causa del tío no tiene ninguna línea de investigación. Nos pusimos en contacto con un abogado para que empiece de cero con todo lo que tiene el expediente. En su momento el gobierno de Cristian Fernández (exintendente de San Jaime) fue el único que ayudó y el que hizo todo por la causa”.

Nuria asegura que alguien sabe lo que ocurrió: “Hay testigos que obviamente vieron. Hay miedo. El miedo a la Policía, en una comunidad de pocos habitantes, teníamos el jefe departamental a la media hora que desaparece el tío, teníamos la plana mayor, se instala semanalmente en ese momento (Juan) Rosatelli que era el subjefe de la provincia con los de Investigaciones, que no es menor porque tenía su gente a nivel departamental para investigar. Tres colectivos completos de cadetes para que lo busquen. Y nada. Había un grupo de investigadores de policías que respondían a Massuh y otro a Rosatelli. Y nosotros estábamos en el medio, y nos decían ‘llegamos hasta acá, más no podemos investigar’. Desde esa época pasaron una cantidad de comisarios”.

“De Ortíz van a ser 11 años. Se hizo todo mal, no quisieron encontrarlo, no encontraron ni la bicicleta. Siempre desviaban la investigación y hacían el circo de siempre. En su momento solicitamos las fuerzas federales paralelo a la provincial para que hagan su investigación, si no tenés nada que ocultar, qué problemas van a tener. Se hizo un pedido al procurador directamente, y nada”.

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También la mujer cuestiona que hace años desde las autoridades provinciales se olvidaron de Pocho: “Desde el 2015 que estuvo el gobernador (Gustavo Bordet) en la inauguración de un barrio, estuvimos la familia porque solamente queríamos que nos escuche y nos diga algo. Nos hizo atender con los secretarios, pidió los teléfonos y hasta el día de hoy estamos esperando que llamen. Él es el jefe del Estado provincial, es el que se tiene que preocupar por lo que sucedió”.

Entre tantas versiones que han circulado en torno al caso, Nuria explica la principal sospecha de la familia: “Acá la hipótesis el tío vio algo grande, se manejan varias versiones, piratas del asfalto, la idea era dejar un mensaje. Droga no es, hay otra cosa. Al poco tiempo, a una cuadra de la agencia allanan un lugar donde había un desarmadero y se encontraron piezas de una camioneta encontrada desarmada robada en La Plata cuya dueña fue asesinada. Ese era el recorrido de él a esa hora”.

Por esto, considera: “Yo creo que solamente se va a descubrir qué pasó el día que dos o tres no estén más en la tierra y que no puedan intimidar a alguno que haya visto. Porque hay varios testigos. No se quieren involucrar por temor. Muchas personas fueron llamadas a declarar y fueron muy maltratadas. En plena democracia, dos desaparecidos en un pueblo de 7.000 habitantes con toda la cúpula de la provincia ¿mes están cargando que no pudieron encontrar absolutamente nada? Es claro. No digo que sea desde la Policía, pero taparon el rastro. Si no ya se hubiera descubierto.

Por último, Nuria sostiene que cuando se reactive la causa con un nuevo abogado que los represente “va a haber una sorpresa”.

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