Rocamora está de festejos y dos de sus grandes referentes hablaron del club de Concepción del Uruguay. El Rojo se fundó un 16 de julio de 1927 y por esa casa pasaron grandes referentes del deporte entrerriano. Allí comenzó a jugar y se retiró uno de los mejores jugadores que dio Entre Ríos, Leandro Toro Palladino, y en la última década, Antonella González, hija del Tucumano, se convirtió en la jugadora con más partidos en la Liga Fememina con la camiseta de la institución.
Rocamora: la casa que los vio nacer
La base le dio la teta a su hija Mady de 11 meses en el entretiempo del partido ante Vélez por la Liga Nacional Femenina.
Antonella González llegó a los 100 partidos
Antonella González: la jugadora de los 100
Reducir la historia del club solamente al básquet puede resultar injusto, pero Rocamora es sinónomo de básquet. Y la historia colectiva a individual así lo indican. Leandro Palladino nació y se retiró con la 14 del Rojo. El mismísimo Toro integrante de la Generación Dorada, la camada más importante del deporte argentino.“Rocamora fue mi segunda casa, mi hogar, porque de niño y de adolescente pasaba muchas horas en el club con las amistades, los profes y los entrenadores que en su momento reforzaban los valores que traía de casa y eso hizo que uno sea lo que es hoy. Porque más allá de que uno haya sido un buen basquetbolista, en esas bases se forma lo que se llega a lograr en la vida como persona. Por eso al club le debo mucho. Muchos momentos que he compartido, valorado y disfrutado y como siempre digo: he tenido la posibilidad de estar en la Selección y en Europa, pero la etapa en Rocamora fue la más linda, la que más disfruté porque uno lo hizo con inocencia y disfrutando del deporte con amigos”, declaró Palladuno, subcampeón del mundo en Indianápolis 2002 con la Selección Argentina.
El jugador nacido en Concepción del Uruguay el 13 de enero de 1976 comenzó su carrera en el Rojo y la terminó en la temporada 2008-2009. En ese primer proceso donde se formó y previo a su paso por Atenas, el Toro, recordó sus momentos en el club.
“Estar en el playón de tenis jugando en el verano al rayo del sol. Jugar en la canchita de afuera. Me veo tirando al aro hasta tarde y volviendo a casa en bicicleta o papá buscándome en la camioneta y cargando la bici. Los encuentros que a uno lo marcan y esos son los recuerdos que trae hasta el día de hoy, Y tuve la suerte de terminar mi carrera donde la empecé. Eso es lo que más destaco y lo más valorable”, mencionó el jugador que fuera campeón con el Tau Cerámica en una de las ligas más importantes del mundo como la de España.
Leandro Palladino jugó con el Pichi Campana, Marcelo Milanesio, Manu Ginóbili, Fabricio Oberto, Luis Scola Chapu Nocioni, entre otros. Fue parte de los mejores equipos de la historia del país y llevó la bandera de su club y su ciudad a lo más alto. Un representante entrerriano que se ubica en el top de los mejores de la historia. Y siempre, cada vez que puede, recuerda o vuelve a su lugar. A Rocamora, el club al que le desea lo mejor. “Para Rocamora siempre quiero lo mejor, que siga creciendo, progresando. Obviamente son momentos difíciles como todos los clubes, así que todo lo que se le brinde al socio, al participante, al jugador al turista, sea lo mejor y que se lleve los mejores recuerdos. Obviamente me gustaría que algún día juegue la Liga Nacional, que no es algo imposible, y como exjugador y por la pasión que tengo por el club lo voy a seguir apoyando desde el lado que pueda para que siga creciendo. Es un recuerdo eterno”, señaló el Toro de Rocamora.
“Lo llora todo el básquet entrerriano”, tituló el periodista Franco Ferrari en Ovación el 24 de enero de 2015 cuando falleció Mario Alberto González. El Tucumanoo Coco, como le decían algunos, fue jugador Tomás de Rocamora, brillando en el Campeonato Argentino que el club logró en 1965, fue después entrenador del equipo que en 1984 volvió a la elite del básquet nacional y posteriormente dirigió el plantel que se consagró campeón provincial en 2006 y logró el ascenso a la Liga Nacional B (hoy Torneo Federal), donde fue el DT del Rojo durante una temporada. Junto a Emma Chiqui Giqueaux, otra referente del club formó una familia que lleva el básquet en la sangre. Aldo, Laura, Valeria, Marina, Silvina y Antonela. Precisamente su hija más chica, Antonella, marcó una record en la Liga Femenina al llegar a los 100 partidos en el 2022. “Rocamora es parte de mi vida y de mi familia, desde que tengo uso de razón estoy dentro del club. Y si bien estuve un par de años fuera de la ciudad, estuve conectada y siempre volvía los fines de semana que tenía libre. Cuando volví de estudiar mi objetivo siempre fue poder vestir la camiseta del club y se me dio. Jugué en mi casa, junto a mis sobrinas y mi familia alentándonos como así también a mis amigos y amigas. Ver jugar la Liga Femenina a un club como el nuestro no es poca cosa y jugar una Liga Sudamericana es algo impagable. Este club me dio amigos, amigas, me formó como persona y como deportista y hoy me da herramientas y espacios profesionales que para mí lo son todo. Y me encantaría que a mi hija le pase lo mismo en el club”, dijo la jugadora, que además cumple una nueva función como licenciada en psicomotricidad.
Antu nació literalmente en el club porque sus padres se conocieron jugando al básquet. “Tengo un video en el que estaba en pañales adentro de la cancha de básquet con una pelota. Y después de más adolescente tengo recuerdos con amigos y amigas en el playón del club pasando horas y horas. Y más adelante recuerdo los ascensos donde mi hermano y mi viejo formaban parte del equipo y el plantel. Ver a mi hermano con la camiseta Roja y con mi viejo en el banco es algo que a uno no se le borra jamás. Y uno de los últimos grandes recuerdos es la Liga Sudamericana, que creo que fue algo sin precedentes para nosotras como jugadoras. Jugar la Sudamericana y en la ciudad fue algo increíble”, sostuvo.
La jugadora dijo que el “gran deseo” es ver al club crecer. “Quiero que el club tenga más socios, infraestructura, oferta de deportes. Siempre la idea es que siga así y ojalá que pueda continuar, a pasos chiquitos, pero para adelante. Y que hoy el club tenga el sueño de la pileta techada es lo más hermoso. Es algo soñado. Ver que se está haciendo algo que mis abuelos y mis viejos construyeron y añoraron a mí me hace feliz. Sé lo que se luchó y desde nuestro lugar pasamos días enteros pensando eso”, remarcó
Fotos: Carlos Lozano.


















