La final del Mundial 2018, la Selección Nacional era un caos. Se estaban pagando deudas a tres entrenadores salientes, a la sazón, Gerardo Martino, Edgardo Bauza y Jorge Sampaoli. Claudio “Chiqui” Tapia , con las obvias dificultades económicas a cuestas, apenas podía depositar la selección en un ignoto DT de inferiores: Lionel Scaloni.
Lionel Scaloni: la humildad de los grandes o la grandeza de los humildes
Por Valeria Girard
Ambos, presidente de AFA y técnico de la selección, contaban con aquellas condiciones que los hacían blanco fácil para las críticas de los opinólogos deportivos. Escasos antecedentes en sus cargos, mínimo consenso en sus elecciones y la falta de ese “glamour” que dan las luces de la TV.
En esos espacios brilla, por ejemplo, el periodista Mariano Closs que así opinaba sobre el técnico pujatense y sus asistentes: “Me explica alguien los antecedentes de Ayala, de Walter Samuel, y ni hablemos de alguien que no tiene trayectoria como técnico ni en la Primera “D” (Scaloni). Esto es responsabilidad absoluta del señor Tapia”.
Miguel Simón, no se quedaba atrás: “es el más joven de este Mundial con 44 años, un técnico tiene que tener merecimientos para llegar al puesto.”
Sebastián Vignolo, al igual que los anteriores, conductor del oligopolio ESPN, decía antes de la Copa América 2021 ganada por Argentina: “si tengo que pensar con el corazón, sueño que la Selección sea campeón de la Copa América con Messi. Si vuelvo a pensar, pensar, pensar eh, digo no… prefiero hacer las cosas mejor y que después venga quien tenga que venir…”
La lista de detractores continuaba con Oscar Ruggeri, Cristian Fabbiani, Sebastián Domínguez, Eduardo Coudet, “si Scaloni es técnico yo me como un chancho crudo”, llegó a decir Diego Díaz, Fernando Niembro y siguen las firmas.
Lejos de constituir críticas, más bien eran descalificaciones a un profesional del fútbol, quien tuvo la grandeza de, en aquel entonces, responder con altura, aunque no tuviera necesidad alguna de hacerlo: “Tendría que haber traído el carnet de técnico (…) Tengo el UEFA Pro, que es el máximo título posible, porque a los jugadores que juegan más de 8 años en el fútbol español les dan la posibilidad de hacer este curso. Lo hice como Dios manda.”
Su respuesta fue en acto “res non verba” reza la frase en latín que no entenderían ciertos periodistas deportivos, es decir “hechos, no palabras”. Trabajo, consulta con sus ayudantes Aimar, Samuel, Ayala y una firmeza inquebrantable en sus decisiones; aquella que le posibilitó hacer una renovación de futbolistas tan necesaria como postergada por sus antecesores. Todas, claves de un profesional con todas las letras.
Su mentor, Chiqui Tapia, si bien no está exento de cuestionamientos por sus “manejos” en torneos de AFA, no es menos cierto que recuperó seriedad para las selecciones nacionales.
No es casual que tantos jugadores lo abrazaran como a un padre y hayan compartido las victorias con él. Quien más lo respeta es el mejor jugador del mundo, sobre todo, desde aquel julio de 2019 en que el mandatario argentino fuese separado de un bien remunerado cargo en FIFA por sus críticas a la Conmebol dada la sanción que esta le había impuesto al astro argentino.
Se habla mucho de aprender de las derrotas, hoy toca aprender de la victoria ¿Cuántos Scaloni habrá en nuestro país sin que un Tapia le dé la chance de demostrar lo que sabe? ¿Cuántos Scaloni necesitarán el respaldo de sus superiores para desarrollar su idea? ¿Cuántos Scaloni estarán sufriendo el acoso de la crítica por no tener una dilatada trayectoria/ cuenta bancaria?
¿A cuántos Scaloni le estarán exigiendo carnet personas que tienen menos formación y saberes que él?
Afortunadamente Scaloni, lejos de enojarse, hace realidad la frase de Ernesto Sábato, aquella que habla de la humildad de los grandes o la grandeza de los humildes.














