Patronato
Martes 09 de Abril de 2019

Doña Paula gritó los goles de Patronato con la camiseta firmada por los jugadores

Antes del partido contra Argentino Juniors, los jugadores del Rojinegro cumplieron la promesa que le hicieron a la abuela curandera y lograron la permanencia en la SuperLiga. UNO llevó a Paula Aranda al estadio. Allí bendijo el campo de juego y a los jugadores, previo al partido con Defensa y Justicia. En ese momento el DT le prometió una camiseta firmada. Con la prenda puesta, el domingo gritó, lloró y cantó, como tantos otros hinchas.

A sus 95 años, Paula Aranda, la abuela curandera de barrio El Sol, volvió a pisar el estadio Presbítero Grella, y lo hizo luciendo la camiseta de Patrón firmada por todos los jugadores. Se la llevaron a su casa un día antes y cumplieron así la promesa hecha por el director técnico Mario Sciacqua, en la previa del partido con Defensa y Justicia, el pasado 17 de marzo, cuando UNO gestionó ante la dirigencia del club la posibilidad de que la abuela, quien se había declarado "fanática furiosa" de Patronato, llegue hasta el lugar y bendiga los arcos, el césped, los jugadores y hasta al técnico.


Hacía muchos años que Paula no pisaba suelo Santo y quería ver al nuevo plantel, contarles de su amor incondicional por el equipo. UNO la acompañó a cumplir su sueño, volvió al estadio Grella, lugar al que fue durante tantos años junto a La Cata (Catalina Rouseaux de Seip) para llevarles elementos de higiene personal, toallas y hasta bizcochos a los jugadores. Ella quería que fuese antes de ese domingo, para bendecir el lugar y para arrojarles "buenas energías a los muchachos". Las buenas vibras y el agua bendita surtieron efecto: el resultado 2- 0 a favor a favor del equipo local.

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"No voy a la cancha porque sufro de presión emotiva. Me cuesta hasta mirar los partidos. Miro por televisión, de reojo algunas jugadas, y ya me voy para otro lugar de la casa. Al rato vuelvo a ver cómo va, me pongo muy nerviosa", había contado al DT Paula. Sin embargo el domingo pasado, ante Argentinos Juniors, y con camiseta a estrenar, se tentó y fue parte de todos los hinchas que en familia concurrieron a alentar al Negro, que se jugaba nada menos que la permanencia en la Superliga.



"Se me caían las lágrimas el domingo. Los goles, ver tantos padres, niños, la cancha llena. Patronato para mí es como un hijo o como un nieto, lo quiero, lo cuido y lo respeto", dijo en una entrevista a UNO.



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No sólo bendijo nuevamente a los jugadores que la visitaron en su casa, también envió una botella de agua bendita para que se la entreguen al director técnico Mario Sciacqua. Quienes fueron a la cancha pudieron ver al ayudante de campo Facundo Besada recorrer los arcos y arrojando el líquido bendito en los arcos, antes del partido.



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También recordó a su amiga y compañera, en años en que concurría al club para colaborar: "Si la Cata hubiese estado, las dos habríamos saltado de alegría", aseguró y relató su emoción cuando la hija de Catalina Rouseaux de Seip se acercó hasta ella el domingo en la cancha y le dio un fuerte abrazo.


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La abuelita curandera

Paula Aranda tiene 95 años y es conocida en su barrio, El Sol, como la abuelita curandera. Cura de la culebrilla, recalcaduras, quemaduras, dolores de muela y ojeadura. Nació en paraje El Ombú, distrito Estacas, en el departamento La Paz. A los nueve años esquilaba ovejas, arreaba las vacas a los corrales y recolectaba maíz con una bolsa de arpillera atada a la cintura. Vivió un tiempo en Esquina, provincia de Corrientes y aprendió el idioma guaraní. Su madre falleció cuando ella tenía 12 años y, al año siguiente, sufrió la pérdida de su padre. Ella y sus siete hermanos quedaron huérfanos. Como era costumbre, los hijos varones del matrimonio quedaron al resguardo de sus padrinos y las mujeres de sus madrinas, pero ella eligió vivir con una tía, en la capital entrerriana.


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LA CINTA


Paula llegó a UNO tiempo atrás, muy afligida, porque había perdido una cinta roja con dos medallitas. A la descripción le sumó el relato de que ya le había pedido al Santo Bailón que la ayude a encontrar el objeto perdido, pero hasta ese momento no había obtenido resultado. "Si lo encontrás, tenés que bailarle un vals o un paso doble, sino en la próxima olvidate que te va a ayudar", dijo. Su mayor preocupación era que la cinta, que tiene 36 años y era la que usaba para curar, no se podía mojar. Si se encontraba a la intemperie y llovía, no podría utilizarla más. Allí radicaba su apuro por encontrarla. Regresó tiempo después con la buena noticia de que la cinta había aparecido.


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