Muchos nos hemos sorprendido más de una vez durante la cuarentena absortos en pensamientos que tienen que ver con lo que podríamos llamar ‘los temas centrales de la vida’. E incluso muchos lo hablamos, lo contamos, por eso me animo a decir que no soy el único que anda con estas cavilaciones.
Otros pensamientos
Por Carlos Matteoda
No sé si será porque nos sobra algo de tiempo, lo que tampoco es una situación que suceda a todas las personas. Muchos siguen trabajando, estudiando, cuidando, aún estando en cuarentena. Y otros que no van a trabajar reparten sus horas en cuestiones que llevan tiempo, tal vez la estrella de estas actividades sea el acompañamiento escolar.
Quiero decir con esto que no se trata aparentemente de una consecuencia de ‘estar al pedo’, ni mucho menos. Tal vez sea la cercanía de la muerte, de la de miles que están muriendo por este virus; de la nuestra como una posibilidad; de la de seres queridos; o simplemente la que nos llega por la tele. Hubo imágenes impactantes, ¿no? La fosa común de Nueva York, con los ataúdes de cartón, sin nombre, fue de lo más notable.
Tal vez tanta reflexión obedezca a que de pronto estamos frente a ese espejo que nos muestra pequeños y frágiles. Han muerto empresarios poderosos, artistas de gran sensibilidad, intelectuales destacados; y también gente como uno, que ni la vieron venir. ¿Qué se iba a imaginar el tipo que fue a un asado a la casa de un amigo, en Loncopué, Neuquén, casi el fin del mundo, que a él le iba a tocar esa suerte?
Tampoco diría que nos pusimos reflexivos a falta de otra cosa que hacer, o porque no tengamos problemas. La chica de la panadería cerca de mi casa me contó que vive en San Benito y no tiene compu ni celular, y que una amiga le presta el teléfono un rato para que haga la tarea con su hija. Otra vecina le imprime algunas cosas; no todo porque los cartuchos de impresora cuestan un ojo de la cara. La cuarentena para ella es parecido a lo de antes: día que no trabaja, no cobra. Le agradece a Dios cada vez que un cliente entra al negocio de su patrón. Sí, así le dice, patrón.
La señora del rapipago (nombre genérico que le damos en el barrio a cualquier cosa donde se paguen impuestos y la tarjeta) también está agobiada. Me dijo ayer que estuvo un mes sin trabajar y para colmo la agencia de tómbola, que es lo que deja algo, también está cerrada, y no sabe cuándo va a poder abrirla.Y así podríamos contar mucha gente que tiene problemas, que valora el cuidado de la vida pero también sufre el día a día para parar la olla. Muchísima gente, sin dudas.
Sin embargo, hemos podido pensar más, y sentir tal vez que la vida que llevamos, que es la que podemos llevar, puede mejorarse. Y empezar por analizarla un poco más.
Escuché en estos días a algunos historiadores y/o filósofos decir en los medios que nunca la humanidad mejoró tras una epidemia o cosas así. Que son situaciones en las que aflora el egoísmo, la agresividad, la xenofobia... y tal vez tengan razón. Seguramente la tienen. Además, no hay que ir muy lejos para encontrar ejemplos de estigmatizaciones y violencia irracional.
Pienso que aún sin creer que la humanidad será distinta (que ojalá lo sea); o que los poderosos del mundo tendrán una mirada solidaria con los pobres de toda pobreza; esta crisis puede producir un cambio en nosotros.
No sé, tal vez es pura ingenuidad y me hubiera convenido escribir de cualquier otra cosa. Pero agradecido de este espacio de libertad que tenemos en UNO, quiero decir que siento que tenemos una mirada reflexiva de las cosas de la vida menos atada al consumismo, a la asociación tóxica entre el tener bienes materiales y lo que valemos como personas, más centrada en valorar lo mejor de esta efímera existencia.
De eso se habla en las iglesias, pero paradójicamente ahora ocurre con los templos cerrados. Ocurre en el interior de nuestro pensar y sentir. Hablamos de la dignidad, de saber vivir, de lo que realmente es importante.
El ritmo de vida, el sistema, o como quieran llamarlo, no deja tiempo ni ganas para estos pensamientos. Se encarga de desalentarlos. Y ahora -“impensadamente”- estamos pensando en estas cosas, tal vez producto de un cambio interior... o nos sobra el tiempo.













