Miradas

No solo hablar de Belgrano, sino imitarlo un poco más

La dirigencia política pontifica sobre la figura de Manuel Belgrano, pero muchos no predican sus acciones y pensamientos.

Martes 21 de Junio de 2022

La historia quiso que este fin de semana largo se aprovechara para destacar y elogiar a patriotas de la talla de Juan Martín de Güemes y Manuel Belgrano. Y si bien en el medio, lo más importante fue aprovechar al máximo el aspecto turístico, en lo institucional hubo actos donde se habló, habló y más habló sobre estas dos figuras preponderantes del país.

Con qué facilidad un presidente u otras autoridades se suben a un escenario y empiezan a destacar los valores de nuestros patriotas, y a los pocos segundos, comienzan con sus clásicos discursos de llevar agua para su molino y de criticar cuánto más se pueda a los opositores. Políticos estos que cuando fueron gobierno, cometieron los mismos pecados, obviamente.

Hoy en la Argentina, que se debate entre un 60 por ciento de inflación, una pobreza y marginalidad galopante, con indicadores económicos que son similares a los de la crisis del gobierno de la Alianza de Fernando de la Rúa, vivimos una doble sensación. La de la población angustiada y cansada de escuchar siempre los mismos enojos y comentarios de los dirigentes que gobiernan, con la de chocarse permanentemente con un panorama sombrío por donde se lo mire.

Hoy casualmente la vicepresidenta Cristina Kirchner, también habló y en un mensaje a su propio gobierno, le dijo al presidente que ella eligió: "Ganar las elecciones para no cambiar nada, mejor quedarse en casa".

Mientras escuchaba a la titular del Senado, pensaba si Manuel Belgrano o el mismo Güemes hoy estuvieran vivos, qué diría si escucharan y vieran a nuestros actuales dirigentes al frente del país.

Lo primero, sería recordar que el creador de la Bandera, murió pobre, y lo poco o mucho que ganó lo donó para la construcción de Escuelas. ¿Hoy se animarán a imitarlo?

Hoy los actuales señores y señoras dirigentes que gobiernan el país, o los que pretenden llegar, todos millonarios, muchos viviendo del Estado desde hace años, o bien siendo empresarios que utilizaron al gobierno para ampliar sus riquezas.

Belgrano luchó y participó de una revolución, pero en serio. A lomo de caballo peleó, ganó batallas y perdió otras, pero nunca se rodeó de corruptos o tuvo entre su séquito a personas que utilizaron el Estado para beneficio propio. No me imagino a Belgrano al lado de un vicepresidente condenado por corrupción.

Belgrano no tuvo cadena de hoteles, ni empresas, solo su pasión por ver el nacimiento de un país. No cobraría pensiones vitalicias, ni una, ni dos, ni tres -por más que le corresponderían-, porque sería amoral. Tan amoral, como hablar de los pobres con millones de pesos y dólares en sus cajas fuertes.

Pero más amoral sería en la visión de Belgrano, hablar de pobres, luego de haber estado en el puesto de intentar cambiar la realidad a través del poder.

Has lo que yo digo, pero no lo que yo hago. Palabras más, palabras menos, es lo que ocurre en los últimos años, donde los políticos que supimos concebir se especializaron en hablar mucho y hacer poco para cambiar esta realidad. Y miren que la población les dio posibilidades. El peronismo en sus distintas versiones, viene siendo el partido que más gobernó en democracia, y el radicalismo, ahora junto con el Pro, tambien tuvieron sus momentos, y la verdad es que unos y otros no hicieron mucho que digamos.

Tal vez, lo mejor que les pueda pasar a los dirigentes que quieren llegar al poder para cambiar esta realidad, sea tomando más en cuenta los pensamientos de un Belgrano, de José de San Martín, del mismo Güemes, Juan Perón, Hipólito Irigoyen o Eva Duarte, todos verdaderos emblemas por tener un pensamiento nacionalista y popular.

Deberán dejar de hablar tanto, de cansar con la derecha, con la izquierda o con los protocolos. Comiencen con los gestos, no de fingir solidarizarse con un pobre, cuando en verdad tienen asegurado sus dos o tres millones de pesos por mes. Si quieren un país en serio, se deberá volver a la única fórmula que hizo crecer a la Argentina y a otros países, algunos de los cuales tuvieron guerras o cataclismos: trabajo, educación, cero corrupción, presencia del Estado adecuada, división de los poderes, apoyo total al sector privado y al generador de divisas, y enterrar para toda la vida la política del pobrismo tal cuál nos tienen acostumbrados a los que les encanta tener por décadas como prisioneros a la población con planes y sistemas que solo benefician a los profetas del odio que viven de estas políticas.

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