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Cantos de sirena cerca del Patito Sirirí

"Podría no estar mal analizar la conveniencia de anexar al patrimonio público esa porción de barranca, atado a un plan amplio sobre los espacios públicos"

Jueves 16 de Julio de 2020

Subyace, por qué no decirlo, un carácter selectivo o clasista en torno al supuesto valor recreativo, ambiental o hasta sentimental de los terrenos lindantes al Patito Sirirí en Paraná. En todo caso, se trata de una afectación entendible para los vecinos de esa zona, y en particular para quienes habitan sobre calle Manuel Alberti, quienes se verían impedidos de la vista al río y la costa, por la que en su momento hicieron una buena inversión para vivir allí.

Pero claramente no tiene el mismo valor para un paranaense de San Agustín, que no posee un solo espacio público jerarquizado en su zona, pese a su cercanía a la costa oeste del río Paraná, y de los bañados y anegadizos, también de carácter privados (de los compradores de la ex-Coceramic). Kilómetros de franja ribereña donde años atrás, se soñaba con la construcción de una gran costanera oeste, por la que nada se hizo para poseer y planificar acceso y uso.

Misma sensación lejana le resulta a un vecino de Bajada Grande, donde hubo una lucha perdida: la costa del río se fue privatizando entre emprendimientos de barrios cerrados y construcciones de alto poder económico. La lucha de una asamblea de vecinos, hace tiempo, no halló eco en las autoridades, muchas de las cuales van cambiando de rol conforme pasan los años, pero mantienen sus lugares en el poder.

Quienes habitan en el este y sudeste, zonas ampliamente pobladas, a kilómetros del casco céntrico, solo cuentan con un reducido Parque Gazzano. En los últimos 10 años, promesas y proyectos de radicales, peronistas, sociales de expropiación ante la apropiación ya hecha por la ciudadanía sobre el predio del exhipódromo Almafuerte, no se cristalizaron. Decenas de escuelas, clubes, vecinales reclaman hace tiempo poder disfrutar de espacios públicos de cercanía, algo que en Paraná parece exclusivo para los sectores de mejores ingresos, que habitan en el casco céntrico.

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La discusión sobre el terreno lindante al Patito Sirirí es esquiva también para los vecinos del sur, de Santa Lucía, del Kilómetro 5 y ½. Antes de la pandemia, colmaron la traza vial aún no habilitada del Acceso Sur. Bicicletas, runners y caminantes expusieron la necesidad de espacios públicos, y la falta de perspectiva y de debate ciudadano que dejó esa obra. Cuando se habilite la circulación, tanto de las personas tras la cuarentena como la vehicular por ese enlace vial, ya no habrá espacio para la recreación.

El debate sobre una porción ínfima pero de millonario valor económico sobre las barrancas del Parque Urquiza, bajo el fundamento de la defensa de un espacio público, suena incoherente cuando desde hace años muchos vecinos de los barrios más postergados, hacinados en monoblocks y donde reclamos por construcciones privadas como cocheras, invaden el escaso espacio de veredas. O cuando no se salda nunca el debate por altas torres, por doquier.

A ninguno de quienes los fines de semana prepandemia se desparramaban a la vera de la Circunvalación o del Acceso Norte le preguntaron si el Botánico debía ser un Estadio Único, o ser cedido para depósito de las empresas del transporte.

Incomprensible suena la prioritaria discusión sobre el Patito Sirirí, cuando desde hace años, el Parque Humberto Varisco lentamente va sufriendo mutilaciones por ocupaciones, sin ningún tipo de intervención o acción para recuperar el patrimonio público, y mucho menos para frenar ese proceso invasivo.

El Concejo Deliberante aprobó el miércoles evaluar la situación. Crear una comisión para que nada pase, decía el general Juan Domingo Perón.

Podría no estar mal analizar la real conveniencia de anexar al patrimonio público esa porción de barranca, si ello está atado a un plan o mirada más amplia sobre los espacios públicos en Paraná. Si no, este viejo alboroto responde a políticas urbanas de corte neoliberal, en las que los espacios públicos polarizan las diferencias socio-económicas. Para quienes ya tienen espacios públicos de cercanía hay preocupación y ocupación como asunto prioritario, para muchísimos otros no.

La actual y desigual determinación urbana de espacios de Paraná refleja la extrema fragmentación e inequidad social, y una histórica indiferencia sobre esas necesidades ciudadanas.

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