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Bajante para rato en el río Paraná

Otra vez la bajante del Paraná bate un "récord" de medio siglo y abre el debate sobre los efectos de las actividades económicas en nuestro río, que vemos seco.

Domingo 20 de Junio de 2021

El río Paraná se acerca al nivel del cero frente a la capital entrerriana, una altura que no registramos la mayoría de las poblaciones que habitamos la ciudad. En 2020 vivimos una bajante extraordinaria e histórica y nos quedamos con imágenes impactantes en la retina, como la malla que recubre al Túnel Subfluvial al descubierto, cascos de barcos hundidos tomando sol después de décadas bajo la superficie y miles de peces muertos en orillas secas.

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La bajante 2020 llegó, frente a Paraná, a un lóbrego récord que no se marcaba desde la década de 1970: apenas 14 centímetros. Si aquella cifra quedó para el recuerdo, las que estamos descubriendo en los últimos días costarán olvidarse. Ayer el río frente a la ciudad llegó hasta la mínima altura de dos centímetros y todo indica que seguirá bajando. Los niveles históricos se repiten en la costa entrerriana, con La Paz y Hernandarias en 46 centímetros, Diamante en 32 centímetros y Victoria en 22 centímetros por encima del metro.

Alguien podrá preguntar: ¿por qué tanta alarma? Por cierto, hay dos bibliotecas sobre el fenómeno. Una: los expertos que consideran a las sequías y las subidas del río como movimientos solamente naturales. La otra: los especialistas que estudian y llaman la atención sobre la acción humana como determinante.

La premisa de que los ríos siempre bajan y suben según la época del año es indiscutible. Si es temporada de lluvias, crecen; si no, descienden. La duda surge cuando las bajantes llegan y se instalan en los períodos que no les toca o que corresponden a crecidas. En este caso, la bajante de 2020 prácticamente se continuó con la de 2021, que viene cada vez más recia.

“Hay bajante para rato”, concluyó Carlos Ramonell, docente e investigador de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas de la Universidad Nacional del Litoral, en un informe publicado días atrás. El estudioso advirtió que “los caudales y niveles mínimos del Paraná, aguas abajo de Corrientes, se producen en agosto y septiembre, incluso en octubre. Si consideramos que estamos en junio, todo indica que los caudales y niveles bajos de esos meses serán más acentuados que los actuales”.

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Entre las consecuencias de los estíos demasiado extensos, el investigador de la vecina provincia señaló la sequía de brazos del río que alimentan arroyos y lagunas. Redunda decir que la falta de agua lleva a la muerte de peces y a todo tipo de efectos en la riqueza natural de esos entornos, en muchos casos sustento de poblaciones ribereñas.

Para “los vecinos” que vivimos de otros menesteres también hay efectos, como quedarnos sin agua en casa a pesar de convivir con uno de los ríos más caudalosos del mundo, o la contaminación en las costas con toneladas de basura que la corriente suele trasladar río abajo y que, sin agua suficiente, se amontonan en las orillas.

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Si la afirmación de que las bajantes pueden ser inducidas por la conducta humana no convence, hay que recordar que los ríos nacen de las selvas y de las lluvias que éstas producen (puede googlearse: evapotranspiración). Si se tiene en cuenta que el Paraná se alimenta de las lluvias del Brasil, no queda otra que indagar lo que viene pasando en la Amazonia en los últimos años.

Según el Instituto Nacional de Pesquisas Espaciales de Brasil, en 50 años esa selva perdió 800.000 kilómetros cuadrados de árboles, talados e incendiados para la ganadería y la soja, entre otros negocios. Son más de 10 provincias de Entre Ríos. Y el ritmo de deforestación crece cada año. Otro factor a tener en cuenta son las casi 60 represas que tiene el Paraná en Brasil, diques que frenan el agua para producir energía eléctrica y que debilitan el caudal natural.

Son apenas un par de ejemplos de la intervención (in)humana al servicio de cierto modelo de producción. Un sistema que año tras año deja multimillonarias ganancias para las megaempresas que lo explotan, y también deja otras secuelas que no entran en sus balances. Pero que van quedando a la vista.

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