Poder Judicial

Schumacher: "Cuando alguien pide por Justicia es porque está sufriendo"

La nueva vocal del Superior Tribunal de Justicia en entrevista con UNO habló de su nueva función y de la preocupante escalada de casos de violencia machista.

Domingo 07 de Agosto de 2022

El Poder Judicialentrerriano y sus representantes hablan a través de sus fallos. Es un posicionamiento ético y político en causas de alto impacto social, como lo pueden ser la violencia de género, los hechos de corrupción y otros procesos de diferente índole. Jueces y operadores del sistema estuvieron este año en el centro de la escena por casos que tuvieron un despliegue mediático inédito. Esa mayor visibilidad abrió el debate acerca de la credibilidad del sistema y el funcionamiento de una estructura estatal con más de 2.500 empleados. La mirada también está puesta en el desempeño del Superior Tribunal de Justicia (STJ), que pareciera estar transitando un lento pero necesario proceso de recambio: la vocal Gisela Nerea Schumacher es una de las últimas incorporaciones tras las jubilaciones de Bernardo Salduna y de Guillermo Smaldone.

Nacida en Paraná, su carrera se inició como jueza de Paz, pero además trabajó en la Fiscalía de Estado, el Consejo de la Magistratura y cumplió funciones en la Cámara en lo Contencioso Administrativo. Entre 1994 y 1995 tuvo una breve etapa como cronista en el viejo diario Hora Cero, donde se desempeñó como cronista en la sección Barrios, en Información General e incluso publicó notas en la sección Provincia. Durante la audiencia pública ante el Senado entrerriano, la entonces aspirante al cargo en el máximo tribunal provincial habló de sus motivaciones personales y laborales, planteando que pensaba trabajar con la problemática de la violencia de género. Expresó su interés en fortalecer el acceso al servicio de Justicia y al mismo tiempo dijo tener “muchas ideas, y muchas ganas de desarrollar innumerables aspectos para trabajar”.

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En una entrevista con UNO, la jueza se refirió a su nueva función, a la realidad del Poder Judicial y a la preocupante escalada de denuncias por casos de violencia machista.

—¿Qué ideas pusiste en práctica para abordar una problemática tan sensible como la violencia de género?

—Tengo una historia con la violencia de género, porque cuando estaba en mi anterior función me empecé a involucrar y a trabajar con algunas cuestiones, no solo vinculadas a la violencia de género sino a la problemática en general. Tiene que ver con lo que juristas llaman diferencias estructurales, es decir que no siempre depende de las habilidades de una persona pensar estas diferencias estructurales. Y una de esas diferencias estructurales es el género. En ese contexto trabajé en la Asociación de la Magistratura y la Función Judicial, y una de las cosas que hicimos fue modificar el estatuto: hace varios años hicimos un estatuto que contempla la paridad de género. También creamos la comisión de políticas de género dentro de la Asociación. A través de mi trabajo en la Cámara me empecé a involucrar, sobre todo porque la violencia atraviesa a todas las instancias de la comunidad. Si bien al principio era algo que trataba la jueza de Familia, lo cierto es que hoy aparecen problemáticas vinculadas a la violencia en todos los órdenes de la comunidad. Y así también en el Estado, que era básicamente el trabajo que tenía antes, el de juzgar el comportamiento del Estado en la Cámara en lo Contencioso Administrativo. Dispusimos que un municipio hiciera obligatoriamente la capacitación en la Ley Micaela.

—En esta nueva función, ¿tuviste en cuenta otras herramientas para brindar una respuesta más eficiente a las víctimas?

—El Superior Tribunal de Justicia (STJ) viene trabajando una política sobre esto, progresivamente cada vez más, intentando estar a la altura de esta realidad. Y en lo personal lo primero que estuve haciendo fue trabajar en un proyecto junto con el presidente de la Sala Nº 2 en lo Civil y Comercial, Martín Carbonell, y con el acompañamiento del resto de mis colegas para implementar una Oficina de Gestión de Audiencias. Se busca que sea la primera entrada para las personas que vienen. En principio sería una Oficina de Gestión para el fuero de Familia, pero con la expectativa de que sirva después para todo el fuero Civil y Comercial. Ya había una prueba piloto en Paraná, estuve visitando las jurisdicciones que tienen más de un juzgado de Familia, que son Concordia, Concepción del Uruguay y Gualeguaychú. En esta última ciudad observé el espacio, cómo están trabajando, para poder hacer un proyecto que parta de una base de consenso, que sea más ajustado a la realidad que están viviendo. Si funciona, la idea es extenderlo al resto de la provincia y me parece que eso es lo primero en lo que me estoy involucrando. Me parece muy necesario en el Estado en general, pero el Poder Judicial no escapa a eso; siempre los recursos son escasos porque uno quisiera tener más juzgados, más empleados, más salones de audiencias. Y como no siempre se puede obtener lo que parecería lo ideal para trabajar, lo que hay que recurrir es a soluciones alternativas con los recursos que tenemos y nos permitan hacer las cosas mejor. La idea de la Oficina de Gestión está en el Código Procesal de Familia, que es bastante nueva en relación al tiempo. Además me involucré en una Guía de Buenas Prácticas entre el Poder Judicial, el Consejo Provincial del Niño, el Adolescente y la Familia (Copnaf) y el Ministerio Público de la Defensa, con quienes estamos próximos a presentarle al pleno para que se apruebe. En general, siempre aparece a lo largo del país esta dificultad de comunicación entre el Poder Judicial y los órganos administrativos de protección. Acá no se escapa a esa dificultad de especificar exactamente hasta dónde interviene un sector y hasta dónde interviene el otro. La Guía es la primera que se implementaría en el país, de hecho la Defensoría de Niñez de la Nación y la Secretaría de la Niñez están siguiendo el proceso de la sanción de esta Guía.

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—¿Qué otros aportes se pudieron realizar en torno a un flagelo que exige la presencia efectiva del Estado?

—En este nuevo trabajo la responsabilidad es mucho mayor. Cuando se hace un diagnóstico, algunas otras áreas de trabajo del Poder Judicial responden automáticamente a las coyunturas: si uno tiene una crisis, por ejemplo en la Justicia de Paz, aumentan los pagarés o los cheques. O si hay determinadas situaciones se generan coyunturas que provocan mayor trabajo. Nada más que en la Justicia de Familia de Paraná, y solo en los casos de denuncia por violencia, el año pasado hubo en total 949, sin contar las redenuncias ni las denuncias del Departamento o del resto de la provincia. Este año a mayo ya había 1.158. Entre enero y diciembre de 2021, se realizaron 16.583 trámites de violencia en Entre Ríos. La curva es ascendente en forma permanente y hay asuntos vinculados a eso que tienen que ver con la cultura, con el momento histórico en el que vivimos. La sensación de que detrás de cada uno de esos números hay personas, nos genera un compromiso. La Justicia se crea junto con el Estado, para que las personas no resuelvan sus conflictos por sí mismas, a los golpes. La justificación de nuestra existencia es llevar paz a la gente, a las personas, a la comunidad. Cuando alguien viene a pedir que el sistema de justicia lo atienda, es porque está sufriendo, es porque está con una tragedia en su vida, es porque está mal. Imagínese el compromiso que demanda en las personas recibir a niños, niñas, adolescentes, adultos que están pasando por esos momentos. La sensación de que a veces se puede contribuir a solucionarlos y a veces esas personas vuelven, por eso hay redenuncias. Es imposible pensar que voy a estar en este lugar y no me voy a poner mirar cómo puedo contribuir para solucionarlo.

—¿Qué balance se puede hacer de los primeros meses en la vocalía del STJ?

—El nivel de trabajo es impresionante, tenemos la actividad de la Sala, después está la actividad Constitucional que viene a través de dos vías: el Contencioso Administrativo del Superior, que es la revisión de las decisiones de las cámaras y las acciones de inconstitucionalidad. Tenemos en el pleno la actividad de la acción de amparo, y lo dije en una actividad institucional: soy muy orgullosa de la institucionalidad entrerriana. Entre Ríos fue una de las provincias que delegaron el poder a la Nación para que se hiciera la Nación. A la acción de amparo la tenemos en la Constitución desde principios del siglo XX y cuando uno agarra los libros de Derecho Constitucional la mayoría de los constitucionalistas dicen que la acción de amparo aparece con los fallos Siri/Kot de la Corte Suprema. Otra es la autonomía municipal, la Constitución de 1860 habla de la autonomía municipal y en la Constitución aparece en la reforma de 1994, previo a un fallo de la Corte de 1989. Nuestra institucionalidad es antigua y esto no es menor.

Causas de corrupción

—La Justicia avanzó en distintas causas de corrupción, llevando al banquillo y condenando a un exgobernador. ¿Qué valoración puede realizar sobre esta cuestión?

—Cuando trabajaba en la Fiscalía de Estado una de las tareas que tuve asignadas durante un período era trabajar en la creada Oficina Anticorrupción y Ética Pública. Trabajaba en la parte de planificación de políticas de transparencia y en ese contexto fuimos la primera línea de trabajo, por ejemplo en el decreto de acceso a la Información Pública. En ese momento también proyectamos una ley de Ética, que después no se sancionó. Y esto viene de la mano de la reforma de la Constitución nacional, de los tratados internacionales que ha firmado Argentina y también de nuestra propia Constitución en 2008. La Justicia Penal entrerriana tiene una trayectoria importante en la investigación y la condena en causas de corrupción. No solo en el caso que menciona recién, sino que antes ha habido investigaciones con condenas, primero con el sistema que en el proceso penal se llama mixto y después con el acusatorio. Me parece que hay que seguir trabajando con esa guía. Es muy probable que si uno hace un recorrido por otras jurisdicciones no va a encontrar tantas condenas.

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Ejes a desarrollar

—¿Qué otros ejes además de la violencia de género le interesa trabajar?

—Una de las cosas que tengo como desafío pendiente se remite a cuando rendí el concurso para ser jueza de Paz e ingreso a la Justicia entrerriana. Una de las cuestiones que empecé a ver ahí es esta idea de poder acercarnos a las personas. Uno se sienta en una oficina y pareciera que es todo desde la oficina, lo cual no es así. En 2007 la actual presidenta del STJ, Susana Medina, nos invitó a las dos juezas de Paz a participar del programa La Justicia va a los Barrios. Para mí es un orgullo decir que participé en sus inicios, ya que hoy es un programa magnífico y que se ha extendido. La impulsora fue Medina, pero junto a la doctora Giachello fuimos las que empezamos cuando se formalizó, porque la presidenta había ido antes. Es un programa que contribuye a acercar a las personas a la Justicia, que nos permite cristalizar esto que tanto dice la presidenta de tener una Justicia de puertas abiertas y cercana a la gente. El programa ha sido reconocido a nivel internacional, llaman para pedir el modelo y replicarlo; hace poco el papa Francisco felicitó al Poder Judicial de Entre Ríos. Cuando después estuve en la Asociación de la Magistratura, una de las encuestas que cada tanto salen es acerca de la imagen que tiene el Poder Judicial. Nosotros nos sentábamos y decíamos ‘cómo poder hacer, porque no es que no cometemos errores, pero trabajamos mucho más de lo que parece, tenemos más compromiso del que parece’. Y esta idea de cómo podemos acercarnos no solo desde lo físico, sino también desde el discurso. Y empecé a involucrarme con la idea del lenguaje claro.

—¿Cómo se logra hacer más accesible el lenguaje judicial, que en reiteradas oportunidades impone una barrera a los judiciables?

—El año pasado fui parte del cuerpo docente en una Diplomatura en Comunicación Jurídica. Y la parte que me tocó era justamente el lenguaje claro; empecé a hacer prácticas sobre esto, intentar simplificar cada vez más el lenguaje, porque la claridad de lo que uno dice no tiene nada que ver con el rigor técnico. El desafío es transmitir algo técnicamente bueno, pero de modo simple. Además explorar otras vías de comunicación e incluso leí un artículo de un medio nacional que tiene que ver con esto. Es necesario establecer canales de comunicación. Le doy un ejemplo: hice videos de Youtube y en acciones de amparo siendo jueza unipersonal, le explicaba a la persona que había pedido ese recurso la sentencia de modo simple, con otro componente que es la responsabilidad institucional que supone decir ‘soy esta persona, yo estoy decidiendo sobre su caso, yo le estoy diciendo que sí o le estoy diciendo que no’. Me parece que esa idea acerca y nos permite explicar un poco más, y no queda en este lenguaje complejo. También el STJ ha empezado en esta senda con algunas capacitaciones a través del Instituto Alberdi. Ese es un gran desafío, empezar a simplificar lo que decimos y empezar a simplificarlo. Hoy la comunicación de las personas pasa por las redes, por otros mecanismos alternativos y creo que podemos avanzar hacia ahí con estas guías.

—¿Qué imagen tiene el Poder Judicial en la sociedad?

—Somos una caja de resonancia y creo profundamente en el ejercicio de los derechos de las personas. Y en esos derechos está el hecho de manifestarse, porque las manifestaciones cambiaron al mundo. Y no me parece que esté mal, sobre todo cuando eso no traspase las reglas del respeto. Tiene que servirnos para interpelarnos acerca de lo que nos están demandando. Ahora estoy en un tribunal colegiado con más integrantes y nosotros somos un ejemplo también de lo necesario del debate, de la pluralidad, de que somos diferentes. Pero todos tenemos el mismo objetivo, y cada vez intentamos que sea con armonía y respetuosos de nuestras diferencias. La diversidad nos enriquece, nos aporta cosas. Mis papás vinieron del campo cuando tuve que empezar la escuela a los 5 años y tenían ahorros para comprar la casa, entonces los estafaron. Creo que mi conexión con la Justicia aparece ahí. Entonces uno termina haciendo algo porque en general hay una vocación detrás, tenemos una historia de vocación.

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