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Un recorrido por la identidad de Concordia

Río Uruguay: el Naranjal de Pereda un ícono de la producción

A orillas del río Uruguay, este sitio guarda recuerdos de los primeros pobladores. Sus tierras fueron trabajadas por cientos de años.

Martes 20 de Abril de 2021

Quizás su posición geográfica la encuadra como uno de los sitios históricos de Concordia, donde comenzaron los primeros pobladores a trabajar la tierra y forjar lo que sería la ciudad del futuro. El Naranjal de Pereda situado a orillas del río Uruguay en la zona del Parque San Carlos guarda recuerdos imborrables de los inicios de la ciudad.

Desde la época de los aborígenes hasta 1984 este sitio guarda recuerdos imborrables y que estuvo relacionado principalmente al desarrollo económico de la región, con el agregado del río Uruguay, que se convirtió en un recurso por demás importante para el comercio. Incluso el militar y estadista rioplatense José Gervasio Artigas montó su campamento en la zona, beneficiado por las lomadas y que fue parte de su recorrido en su éxodo oriental, cruzando el río Uruguay con hombres, carretas y ganado.

En la continuidad de los años se montaría el saladero para que finalmente cobre vida su gigantesca chimenea de ladrillos y que tenga un rol importante en la exportación de cuero, sebo y carne, por lo que empleaba a muchas familias de la zona. Con el tiempo pasaría a ser una zona destinada a la producción citrícola, por lo que cobró el nombre de Naranja y más tarde la familia Pereda compraría las tierras para destinarla a la comercialización bovina.

Se trata de una construcción con forma de castillo con vista al río Uruguay que hoy se mantiene en pie y que se busca rescatarlo del olvido para impulsarlo como un sitio turístico, al igual que en su momento se llegó a tal destino con el Castillo de San Carlos, que está a escasos metros de allí.

Como parte del Patrimonio Arquitectónico de la ciudad, esta obra de finales del 1800 y con diferentes evoluciones a lo largo de su historia, presenta una torre mirador, ventanales con arcos de medio punto, un piso en subsuelo que no se ve a simple vista, sino que acompaña el desnivel del suelo hacia abajo, y otras ruinas.

Todo comenzó en 1722, se lo conoce como el primer asentamiento y se lo llamaba Paraje Ytú con la presencia de los puestos jesuitas y que estuvo relacionado a la ruta comercial de la yerba mate, entre otros productos que se embarcan desde Misiones y surcaban el río Uruguay. “Los jesuitas instruyen a los aborígenes de la zona. Le enseñaban a trabajar, a cultivar la tierra, a plantar. Los jesuitas tenían la ruta de la yerba, entonces necesitaban seguir transportando la ruta de la yerba por el río desde las Misiones, desde el norte, hasta el puerto del Río de la Plata. Necesitaban un puerto cercano al Salto Grande y al Salto Chico. La navegación se les impedía, entonces desembarcaron en carretas los cueros y las yerbas en la zona de Federación, de Mandisoví y la transportaban en carreta hasta Concordia y volvían a embarcar por río abajo”, precisó a UNO el profesor.

Los jesuitas eran compañías de sacerdotes que venían a evangelizar en nombre de la corona española, “lo primero que encontraban obviamente era el aborigen. Lo evangelizaban y dentro de ello les incluían el amor por las herramientas, por el cultivo de la tierra, más allá de que los aborígenes ya trabajaban la tierra, pero los ordenaban. Algunos historiadores dicen que los explotaban, yo no lo veo así porque tenían jornadas diarias no tan largas. Hicieron acá una suerte de postas por todo el río Uruguay”. El profesor destacó que una de las postas se ubicaba en la zona cercana al arroyo Yuquerí Grande, otra ubicada en Puerto Yeruá, como también Pueblo Liebig y Colón. “Eran pequeños puertos que se armaban allí”, manifestó.

Ya por 1750 se comienza a denominar a la zona como San Antonio de Salto Chico. Se trató de una población que emergió tras la guerra guaranítica. Inicialmente se establecieron en Salto (Uruguay) y posteriormente se ubicaron en el Naranjal de Pereda.

“Hacia 1750 la corona española negoció con la corona portuguesa un tratado, el Tratado de Madrid, en donde le cedía algunos terrenos a los portugueses. Surgieron las guerras guaraníticas, el aborigen salió en defensa de aquellos que los instruyeron por tantos años y le enseñaron las labores. Surgieron conflictos armados y toda esta zona, incluso hasta las Misiones, resultó muy insegura. Entonces cuando fueron desplazados los jesuitas, los puertos quedaron en desuso por un tiempo”, precisó. Ya para 1757 se instaló un muelle en Salto, Uruguay, que proveían víveres hacia el sur y la zona del hoy conocido Naranjal de Pereda –en esa época no se lo conocía con ese nombre– volvió a cobrar relevancia. “Era un puerto muy importante. Vivieron en esta zona y agrandaron el puerto, además fundaron una comunidad denominada San Antonio de Salto Chico, donde ya había 40 o 50 casas, una iglesia, un cementerio, una escuela para muchachos. Ahí cobró importancia este puerto hasta finales de 1700, que llegó a ser el tercer puerto más importante del Virreinato del Río de la Plata, detrás del de Rosario”, contó. Y agregó: “En las excavaciones para construir el hotel San Carlos se encontraron muchos huesos”.

La continuidad en la histórica de esa zona emblemática de Concordia continúa en 1811, cuando José Gervasio Artigas establece su cuartel general luego de que la Primera Junta de Buenos Aires firmara el armisticio con el virrey de la Banda Oriental. Esto generó que Artigas y sus tropas tuvieran que levantar el sitio a Montevideo, dando comienzo a la conocida Redota Oriental.

“El pueblo uruguayo cruza el río Uruguay con unas 4.000 personas entre hombres y mujeres, se asentó un tiempo en la zona de Paysandú y luego cruza el río para instalarse aquí porque tenía buena visibilidad hacia el Salto Chico y el Salto Grande por si venían los portugueses y desembarcaran, ya que esta zona del Naranjal de Pereda es cota 22. Estamos creídos de que se instalaron para descansar porque venían de un viaje bastante largo desde Montevideo. Creo yo que habrán visto el puerto y las casas abandonadas, por lo que entendieron que era un buen lugar para descansar. Artigas quería llegar hasta la zona de Curuzú Cuatiá, Corrientes, para tratar de encontrar un lugar para distribuir tierras. Era el deseo de él. En Concordia se instala un tiempo muy corto, algunos hablan de 40 días otros de dos semanas, esperaba refuerzos que supuestamente le iban a llegar de Buenos Aires, pero nunca llegaron. Esta zona era fabulosa porque el río era más caudaloso, no estaba tan erosionada como lo está ahora y eso le daba una visibilidad notable. Creo que hacia el sur se vería hasta por lo menos la costa del arroyo Yuquerí Grande y hacia el norte hasta el Salto Grande seguro”, dijo.

Con el tiempo, el próximo registro ya data de la construcción de El Saladero, allá por el 1882. “Ahí se instala el primer saladero, lo adquirió el General Urdinarrain, también con el castillo, fue toda una unión de cosas. Explotaban la industria saladeril, lo que era la carne salada, el charque, el cuero, el sebo para hacer grasa y lo exportaban hacia Haití, Brasil”, destacó. La zona industrial emplazada a orilla del río Uruguay contaba con muchos empleados, “de hecho el Naranjal de Pereda cuenta con dos alas. Un ala que era solo para empleados y otra ala que era para la familia del gerente que estaba a cargo del lugar”. Y detalló: “La casona grande cuenta con dos plantas y había un subsuelo también, luego está la chimenea y el puerto, que ellos lo agrandaron un poco más. Si uno baja hacia el río se ven las estructuras aún del puerto. Los jesuitas con los guaraníes hicieron un puerto artesanal, rústico, en base de piedra. Ya en 1883 se ven hierros, cemento, piedras más chicas, era otro tipo de construcción sobre las bases rocosas”.

En fin, por esos años estaba todo muy relacionado a la construcción del castillo San Carlos, cercano a menos de 1.000 metros, ya que su construcción data de 1888 a 1891 y en ese lugar se radica la familia Demachy en Concordia. Ellos también se dedicaban a la actividad saladeril y a otros emprendimientos comerciales, que otorgan una fuerte impronta industrial a la ciudad. Cabe destacar que el lugar cobró mayor relevancia hacia 1929, porque una mañana aterrizó de manera accidental Antoine de Saint-Exupéry, autor de la famosa novela El Principito.

Ya para el siglo XX da su nacimiento al conocido hoy Naranjal de Pereda. Vallejos remarca sobre un hecho importante. “Los jesuitas cuando llegaron lo primero que hicieron fue plantar naranjas, algunos historiadores dicen que eran naranjas valencianas. Por mucho tiempo en todas las zonas aledañas hubo filas y filas de naranjos. Eso quedó hasta que el General Urdinarrain adquiere esas propiedades como quintas, entonces ya le quedó el mote de Naranjal. Cuando lo vendió lo vendió como un pequeño naranjal”, comentó.

Luego llegaría la compra de los terrenos por parte de Celedonio Tomás Pereda, terrateniente perteneciente a una familia proveniente de España que supo generar una de las fortunas más grandes de su época. “Allá por 1920 lo adquiere Pereda y pasa a denominarse Naranjal de Pereda. El lugar era famoso por las historias anteriores. Cuando lo adquiere no tenía intenciones de que fuera con fines saladeriles, sino que lo compró con intenciones de utilizarlo para remates de vacunos, equinos, porcinos. Era una suerte de mini-rural. Algunos historiadores de Concordia afirman que ya no quedó ninguna plantación, sino que era otra la función, lo hicieron praderas al lugar”, citó.

La familia que continuó con el desarrollo de este sitio histórico se desarrolló en el lugar hasta 1935 aproximadamente. “Creció exponencialmente el patrimonio de esa gente, adquirieron campos en Buenos Aires, por lo que los llevó a mudarse. Incluso, en la década del 70 un nieto de Pereda llegó a ser presidente de la Sociedad Rural Argentina”, contó. La propiedad fue vendida a una familia, que también estuvo poco tiempo asentada en el lugar. “Tengamos en cuenta que era un lugar muy solitario, muy alejado. Era vandalizado, robado frecuentemente y hacia la década del 70 un grupo de familias pudientes de la zona de Federación, Concordia, Chajarí, Colón y Concepción del Uruguay se reunió para hacer una suerte de centro de salud mental en ese lugar. Lucharon mucho tiempo con el tema de los permisos, no se lo concedieron, pero mientras estaban abocados en conseguir los permisos ante la Provincia y la Nación, construyeron todo lo que es el ala norte. Ya son construcciones modernas, con piezas para alojar limpiamos a los enfermos de salud mental, obviamente que era otra visión de salud mental que tenemos hoy en día. La idea era encerrarlos, algunas personas me contaban que a muchas familias les pesaba tener enfermos de salud mental porque te etiquetaban, entonces querían tenerlos más cerca a estas personas”, precisó.

Refuncionalizar el lugar

Una de las aspiraciones que tiene este grupo de trabajo del área de educación del municipio es la de terminar de proyectar definitiva mente en una puesta en valor del lugar y darle la importancia que recobra con el paso de los años.

“A partir de 2016 nos preguntamos por qué tener abandonado ese lugar, teniendo en cuenta que sucedieron tantos hechos históricos para la ciudad. Por decisión política de Enrique Cresto se lo limpió porque realmente estaba muy abandonado. La última familia había estado hasta 1984 y después fue incendiado el lugar, incluso hubo algunos hechos muy tristes, como el asesinato de una niña. Se tomó la decisión política de empezar a utilizarlo como un paseo y mientras tanto el área de Educación del municipio acopió toda esta información histórica y luego se armaron visitas guiadas a las escuelas, a todo público”, contó Vallejos.

Incluso para este año se estableció una agenda para visitas guiadas. “Desde este año estuve tratando de comunicarme con la gente de patrimonio de la Provincia de Entre Ríos para que nos digan todos los pasos que se deben hacer para ponerlo en valor. Es algo muy cercano a lo que sucedió con el Castillo San Carlos. Por más que nosotros vamos, lo mantenemos, lo limpiamos, no sabemos de noche qué sucede, siempre encontramos botellas, cosas y definitivamente debemos ponerlo en valor porque algún día se nos va a terminar de destruir”, sostuvo.

La puesta en valor

El proceso de puesta en valor del Naranjal de Pereda se firmó en diciembre de 2018, tras lograr la expropiación de toda la zona, donde ahora también se está construyendo la nueva planta de agua potabilizadora de la ciudad. Tras años de ruinas se procedió a la limpieza y conservación del lugar.

Por entonces, Mireya López Bernis se desempeñaba en la Secretaría de Obras Públicas de la ciudad y destacaba el recuperar un sitio muy emblemático. “El Estado debe proteger toda esta zona, donde además están los restos de lo que fue el primer puerto de Concordia, tiene un valor histórico para la identidad concordiense muy importante. Es la memoria de donde nació nuestra ciudad, el rincón del Salto”, destacó. “Debemos proteger una zona que es importante recuperar porque están los restos del primer puesto de Concordia, se desarrolló la historia de la ciudad”, agregó.

Cabe destacar que durante las restricciones de las actividades a raíz de la pandemia, el año pasado se realizó un recorrido virtual por el Naranjal de Pereda. El contexto de emergencia sanitaria por el coronavirus obligó a utilizar nuevas herramientas para dar a conocer la rica historia que atesora el predio. “Con el intendente consideramos que no podemos descuidar el patrimonio histórico y las acciones que sirvan para mantener vivas nuestras raíces y nuestra historia”, señaló por entonces el secretario de Desarrollo Social, Amadeo Cresto.

En los últimos años uno de los hallazgos más importantes se dio en 2017, cuando se encontró en el predio un aljibe que fue construido por los jesuitas en el siglo XVIII. El hallazgo del aljibe se convirtió en un símbolo para los profesionales que intentan recuperar el pasado. El mismo posee una forma de gota, es angosto en la parte superior y cuando va haciéndose más profundo se ensancha, una característica muy particular en los aljibes jesuíticos, destacan. Su llamativa construcción obedece a que no tiene cemento, los ladrillos están apilados y se sostienen de esa manera. Eso refiere a la época de las primeras poblaciones del lugar.

“En el lugar en que está ubicado había dos arroyos que justo se cruzaban en donde está el aljibe, seguramente encontraron que, en épocas de seca, cuando no había tanta agua, ese resultaba un lugar en el que podía construirse un pozo de este estilo, hecho desde abajo hacia arriba”, explicó en su momento Agustín Tamborra, integrante de la Dirección Municipal de Educación de Concordia.

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