Se celebró en la noche del lunes, en la Catedral Metropolitana la Santa Misa en acción de gracias por los 25 años de Consagración Episcopal de monseñor Juan Alberto Puiggari, con la presencia de obispos de la región. Allí estuvieron monseñor Eduardo Martin, arzobispo de Rosario; monseñor Sergio Fenoi, arzobispo de Santa Fe; monseñor Luis Collazuol, obispo de Concordia; Héctor Zordán, obispo de Gualeguaychú; Pedro Torres, obispo de Rafaela, monseñor Gustavo Help, obispo emérito de Venado Tuerto, como así también sacerdotes, autoridades civiles, militares, fuerzas vivas y vecinos.
Obispos en las Bodas Episcopales de Juan Alberto Puiggari
Arzobispado de Paraná
Acompañado. Monseñor Juan Alberto Puiggari junto a monseñor Eduardo Martin, arzobispo de Rosario; monseñor Sergio Fenoi, arzobispo de Santa Fe; monseñor Luis Collazuol, obispo de Concordia; Héctor Zordán, obispo de Gualeguaychú; Pedro Torres, obispo de Rafaela, monseñor Gustavo Help, obispo emérito de Venado Tuerto.
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Obispos de la región en las Bodas Episcopales de monseñor Puiggari
En su homilía, monseñor Juan Alberto Puiggari destacó la figura de la Virgen de Luján, Patrona de Argentina, y su vocación de Madre.
“En la Virgen de Luján vemos claramente su vocación de Madre, la que Jesús le dio en la Cruz, cuando una humilde imagen de la Virgen quiso quedarse en nuestra pampa, para decirnos a los argentinos: ‘Aquí estoy, soy su Madre’”, afirmó.
En este sentido, el arzobispo remarcó que, frente a la imagen de la Virgen de Luján, se congregan miles de argentinos llevando sus tristezas, alegrías, proyectos e ilusiones, y sobre todo el agradecimiento tan propio de nuestro pueblo noble.
Asimismo, monseñor Puiggari agradeció y alabó a la Trinidad Santísima por su obra creadora, redentora, santificadora y de prenda de Vida eterna, y celebró la fidelidad del Señor que lo ha cuidado y sostenido durante estos años.
“Por gracia de Dios, soy lo que soy. No elegí el camino, Dios me llamó, me eligió sin ningún mérito de mi parte, por puro amor de predilección, me eligió débil para confundir a los fuertes, para que en todo se manifieste su poder. Me tomó de entre los hombres, para entregarme al servicio de mis hermanos, me hizo experimentar mis debilidades, para que fuera capaz de comparecerme de las debilidades de los hombres”, expresó el arzobispo.
En este sentido, monseñor Puiggari recordó que el episcopado es oficio de amor, como lo enseña San Agustín, y que fue llamado para colaborar en la glorificación del Padre y en la salvación de los hombres. “Este servicio no es fácil, como recordaba el profeta Jeremías: ‘Antes de haberte formado en el seno materno te conocía, y antes que nacieses te tenía consagrado, Yo, Profeta de las naciones te constituí’. Por eso, me siento necesitado de exclamar con San Pablo: ‘Por gracia de Dios, soy lo que soy’”, afirmó el arzobispo.
Finalmente, monseñor Puiggari destacó que el mundo actual espera de los sacerdotes y obispos que les muestren y entreguen al Dios que necesitan, al Cristo que salva, al Espíritu de Amor que da Vida. “Y este tiempo secularizado y desesperanzado, nos exige que seamos hombres de lo Absoluto, profetas de esperanza y signos del Reino escatológico”, concluyó el arzobispo.
La homilía completa se puede leer aquí
















