Entre Ríos es la segunda provincia productora de miel del país, detrás de Buenos Aires, y atraviesa el comienzo de una nueva campaña con expectativas, pero también con cautela. El fenómeno de El Niño, asociado a condiciones más cálidas y húmedas y a una mayor frecuencia de precipitaciones en buena parte de la región, introduce un factor de incertidumbre para una actividad estrechamente vinculada al clima. El impacto sobre las colmenas y el sector apícola dependerá, en buena medida, de cómo se distribuyan las lluvias durante los próximos meses.
Incertidumbre en el sector apícola ante el avance de El Niño en la región
Productores del sector apícola advierten que las lluvias pueden favorecer las floraciones, pero también reducir los rindes si son excesivas o persistentes
Por Vanesa Erbes
Entre Ríos es la segunda productora de miel a nivel nacional
Para los apicultores, un año lluvioso no necesariamente representa una mala campaña. El problema aparece cuando las precipitaciones son demasiado frecuentes y coinciden con los períodos de floración, porque pueden impedir el trabajo de las abejas, provocar el lavado del néctar y reducir los rendimientos. “Eso va a depender de cómo realmente se manifieste El Niño y de cómo se vayan desarrollando las lluvias”, señaló Jorge Pitter, presidente de la Cooperativa Apícola del Paraná Ltda.
El dirigente explicó que si las precipitaciones se suceden de manera persistente, las abejas no tienen las condiciones necesarias para recolectar néctar. “Si las lluvias se dan de manera muy continua, no dan lugar a las abejas a trabajar”, sostuvo.
El fenómeno también puede afectar la calidad del producto, y al respecto detalló: “Cuando florece y llueve inmediatamente, y no deja unos días de llover, se da un lavado continuo de flores y se da baja producción de miel”. Además, las condiciones de elevada humedad pueden incrementar el contenido de agua de la miel.
A esto se suma la dificultad para acceder a las colmenas. Gustavo López, expresidente de la Federación de Cooperativas Apícolas de Entre Ríos (Fecaer) y productor de la zona de Maciá desde hace casi cinco décadas, puso el foco en ese aspecto. “Mucho no podemos hacer cuando no podemos salir. No vamos a romper caminos o los campos adentro”, explicó.
Para López, la movilidad es uno de los principales problemas que genera un exceso de precipitaciones. “Para nosotros lo más complicado es la movilidad, ir a las colmenas, que es el gran problema con mucha lluvia”, remarcó.
El impacto de la lluvia
Los productores advierten, sin embargo, que el escenario no debe interpretarse de manera lineal. Una mayor disponibilidad de agua puede favorecer la vegetación si las precipitaciones se producen con intervalos que permitan a las abejas aprovechar las floraciones. “Que llueva cada 10 o 15 días, cuando vienen las temperaturas un poquito más altas, no nos afecta mucho; al contrario, nos da un plus para que la flor esté bien, la planta esté bien”, explicó López.
Pitter coincidió en que la distribución de las lluvias será determinante. “Puede ser que tenga, en general, los años que son muy llovedores, una producción que nos afecta de manera negativa”, señaló. Pero aclaró que también puede suceder que “las lluvias se den en períodos concentrados, entonces no afecte tanto”.
El dirigente consideró que el impacto tampoco será igual en todo el país. “Hay regiones que son más de transición que quizás se vean favorecidas porque generalmente tienen un poco más de escasez de lluvia”, explicó. Por eso, estimó que a nivel nacional la producción podría mantener valores normales, aunque Entre Ríos aparece entre las zonas que deberán prestar mayor atención al comportamiento de las precipitaciones.
Inicio de la campaña
Mientras se aguarda la evolución del fenómeno, la nueva campaña ya comenzó. En distintos puntos de Entre Ríos se registra floración temprana de cultivos como colza y carinata, además de otros recursos florales. “Está dando inicio todo lo que es la floración primaveral, pero muy temprano todavía”, explicó Pitter, y comentó que estas primeras floraciones son aprovechadas para estimular el desarrollo de las colmenas y realizar multiplicaciones.
En la zona de Maciá, López también observa un comienzo favorable. “Tenemos mucha colza sembrada y hemos andado en las colmenas y la colmena está trabajando”, señaló.
Incluso, en algunos casos ya comenzaron a incorporar espacio adicional. “Para esta época estamos agregando un alza en algunos casos porque está muy grande la colmena y está entrando algo muy poquito de miel”, contó.
La cosecha puede comenzar en noviembre, aunque el grueso de la producción suele concentrarse entre mediados de diciembre y febrero. Diciembre, enero y febrero son los dos meses de mayor producción”, señaló Pitter, quien precisó que luego se presenta otra etapa de cosecha durante marzo y abril.
Para López, establecer una fecha exacta resulta difícil porque depende de la evolución de las colmenas y del clima. “Dentro de 30 días, 45 días más o menos, podría haber algo de miel de colza”, estimó. Pero advirtió: “Por ahí se corta y la abeja se lo come”.
Al respecto, explicó que cuando las colmenas están creciendo, aumenta también el consumo de las reservas. “A veces, en vez de cosechar, tenemos que ir a alimentar”, indicó.
Las precipitaciones no son el único factor climático que condiciona la actividad. La temperatura también incide sobre el comportamiento de las abejas: durante el invierno, el efecto de los días fríos y nublados es menor porque las colmenas se encuentran naturalmente en un período de baja actividad. “No es la época de principal actividad de las abejas”, explicó Pitter.
Con el avance de la primavera, las abejas incrementan sus vuelos y aprovechan las nuevas fuentes florales. En ese momento, tanto el frío como el calor extremo pueden reducir la recolección. “Hay un rango óptimo de trabajo”, explicó Pitter.
Mercado favorable
La incertidumbre climática aparece, de todos modos, en un escenario comercial que presenta mejores perspectivas. Pitter indicó que hacia fines del año pasado el kilo de miel al productor se ubicaba entre 2.500 y 2.700 pesos, mientras que actualmente ronda los 3.500 pesos. “Ha habido una recuperación del mercado internacional, hay una demanda bastante activa que ha traccionado un poquito esos valores”, explicó.
También destacó como una perspectiva favorable la reducción de aranceles de la Unión Europea, que podría mejorar la competitividad de la miel argentina.
López coincidió en que los precios atraviesan un momento favorable y destacó la estabilidad de algunos costos. “Tenemos los precios estables y el precio de la miel está arriba de lo que estaba hace un tiempo”, afirmó.
Incluso consideró que la relación entre costos y precios comienza a acercarse a la de algunos períodos de mayor rentabilidad. “Está pareciéndose mucho a una de las mejores épocas de rentabilidad”, sostuvo.
Así, la apicultura entrerriana llega al inicio de la campaña con colmenas que muestran un buen desarrollo, floraciones tempranas y un mercado que ofrece señales positivas. Pero el clima aparece como la principal variable a seguir. El fenómeno de El Niño puede favorecer el desarrollo de las plantas, pero también generar dificultades si las lluvias se vuelven persistentes y coinciden con las etapas de floración. “Hay que ver efectivamente de qué manera se desarrolle”, resumió Pitter.


















