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Dormir bien y retomar rutinas, claves en el regreso a clases

Un especialista en Psicopedagogía Clínica se refirió acerca de las pautas para la adaptación al retorno a clases. La importancia del descanso.

Sábado 07 de Marzo de 2020

Con el comienzo de las clases aparecen las preocupaciones de los padres sobre cómo acostumbrar a sus hijos a las actividades que exige la escuela. A ello se suma la ansiedad propia del nuevo comienzo, el reencuentro con compañeros, el vínculo con nuevos docentes, la aparición de contenidos antes desconocidos. Todo en un contexto económico adverso que afecta a las familias y los trabajadores de la educación. Sin ir más lejos, el inicio se dio con días de paro de los agentes educativos y una canasta escolar excesivamente costosa.

El regreso a las aulas supone emprender una ardua tarea de preparar a los chicos. Consultado sobre el tema, Leonel Carlini, psicopedagogo clínico del Servicio de Adolescencias del hospital Salaberry de Victoria, sostuvo que las rutinas son fundamentales. “Las rutinas operan como organizadores psíquicos, por eso son importantes en el desarrollo de niños y adolescentes, son modos de organización externa que permiten una organización interna del sujeto”.

Al respecto destacó que es importante que tanto los estudiantes del nivel Inicial, Primario y Secundario tengan tiempos asignados para hacer las distintas actividades.

“Se recomienda que los chicos sepan, por ejemplo, que luego de almorzar toman una siesta, que la tarea se hace después de la merienda o que se bañan antes de acostarse”. Por este motivo señaló que los pequeños deben tener un tiempo de adaptación a las rutinas antes de retornar a la escolaridad. “En vacaciones solemos romper las rutinas, de eso se tratan las vacaciones, de tiempo de disfrute, juegos, ocio. Por eso recomiendo que unos días previos al retorno a la escuela nuestros hijos puedan adaptarse progresivamente a las rutinas de casa, para que luego las propuestas de la escuela no impacten negativamente”.

Sobre esto último, Carlini contó a UNO que en sus más de 10 años de trabajo en consultorio recibió muchos niños y adolescentes con dificultades en la adaptación a la escuela y lo relacionó con la falta de rutinas. “En un alto porcentaje los pacientes que consultan por dificultades en la adaptación escolar, al indagar a sus tutores, descubro que existen escasas rutinas en casa. Entonces me pregunto: ¿por qué un niño debiera adaptarse a las exigencias de la escuela, si mamá y papá no me exigen ese límite fundamental que son las actividades hogareñas habituales? Debemos acompañar a los pequeños a que puedan construir espacios escolares de convivencia, encontrarse con otros y tolerar frustraciones, es decir, que me digan que no, que a veces se puede y otras tantas no”, explicó.

El sueño y el aprendizaje

Sobre la relación entre las horas de sueño y el rendimiento académico, Carlini remarcó que dormir bien es una condición indispensable para aprender sin dificultades.

“Existe una probada relación entre la falta de sueño y los problemas de aprendizaje, la hiperactividad y los denominados trastornos de conducta en la infancia”. Sobre ello agregó: “Los chicos con una excesiva somnolencia diurna tienen mayor probabilidad de sufrir accidentes y de consumir en exceso café o bebidas cola, lo que resulta perjudicial para la salud”. “Existe una probada relación entre la falta de sueño y los problemas de aprendizaje, la hiperactividad y los denominados trastornos de conducta en la infancia”. Sobre ello agregó: “Los chicos con una excesiva somnolencia diurna tienen mayor probabilidad de sufrir accidentes y de consumir en exceso café o bebidas cola, lo que resulta perjudicial para la salud”.

Consultado sobre la cantidad de horas que debe dormir un estudiante explicó que el mínimo son nueve horas diarias. “Las horas de sueño de un sujeto para producir aprendizajes sanos varía según la franja etaria, pero en los niños el mínimo es nueve, y en los adolescentes ocho horas”. Detalló que entre los 3 y 5 años se requieren de 10 a 13 horas repartidas en el día; entre los 6 y 12 años, de nueve a 11 horas; y de 13 a 17 años, entre ocho y 10 horas.

Por último el psicopedagogo clínico aclaró que especialmente los niños necesitan desprenderse de las pantallas dos horas antes de conciliar el sueño. Y agregó: “Es común que alguna vez tarden en dormirse o se despierten por la noche. Hay que estar atentos y si el problema persiste hacer la consulta pertinente al pediatra”.

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