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Antártida Argentina: el lugar en el que esquivaron el Covid

Entrerrianos que estuvieron en la Antártida al declararse la pandemia rememoran la experiencia de vivir aislados por un año entero

Miércoles 17 de Noviembre de 2021

La 118º Campaña Antártica de Verano 2021-2022 dio comienzos a principios de este mes, con la partida de 72 personas a bordo de un avión Hércules C-130 de la Fuerza Aérea Argentina, que tiene la misión de realizar anualmente el relevo de personal de las bases argentinas en la Antártida, a la vez de proveer todos los insumos logísticos necesarios para que las mismas realicen su actividad operativa durante todo un año, indicaron desde el sitio oficial argentina.org.ar.

En este territorio la Argentina mantiene siete bases de funcionamiento permanente: Marambio, Esperanza, San Martín, Orcadas, Carlini, Belgrano II y Petrel; y están además las bases transitorias Melchior, Matienzo, Brown, Decepción, Cámara, Primavera, que operan únicamente durante el período estival.

Se trata de un sector geográfico que supo esquivar al Covid, que rápidamente se expandió desde China a fines de 2019 hacia cada rincón del planeta.

Al igual que el año anterior, el relevo se llevó adelante bajo un estricto protocolo de sanitario en el marco de la pandemia Covid 19, que incluyó cuarentena, controles médicos e hisopados permanentes, y ya con la posibilidad de contar con la inoculación, dos dosis de vacunas contra el coronavirus para quienes integran la Dotación 53, cuyos miembros permanecerán por un año en las diversas bases de la Antártida.

Antártida Argentina, el territorio donde supieron esquivar a la pandemia..jpg
Antártida Argentina, el territorio donde supieron esquivar a la pandemia.

Antártida Argentina, el territorio donde supieron esquivar a la pandemia.

Este procedimiento se implementó a partir del 2020 ante la declaración de la pandemia, mientras permanecía prestando servicios la Dotación 51, que fue la primera en retornar al país sin poder abrazar a sus seres queridos, luego de un año de estar separados físicamente, al menos por el tiempo requerido por los protocolos. En la misma había entrerrianos, y UNO dialogó con dos de ellos, quienes estuvieron hasta noviembre del año pasado en la Base Esperanza, que tiene como misión principal brindar apoyo logístico a las investigaciones que realizan biólogos, sismólogos y meteorólogos que desarrollan sus tareas en esta estación científica.

Una de ellas es la sargento Solange Yubar, de 39 años y oriunda de Concordia, quien la semana pasada estuvo en su ciudad natal visitando a sus padres, y comparó: “Ya estábamos en la Antártida cuando se declaró la pandemia. Allá nosotros también vivimos aislados, pero con otra realidad, llevando adelante una vida normal en este entorno y haciendo lo que elegimos; a diferencia de lo que ocurrió en el país cuando la mayoría tuvo que atravesar la cuarentena por la pandemia”.

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Asimismo, señaló a UNO: “Siempre tuvimos contacto con nuestras familias por videollamadas. Nos comunicábamos todos los días y sabíamos que tenían que permanecer aislados. Hubo casos de compañeros que tuvieron familiares afectados por el Covid. No fue mi caso, por suerte”.

“Nos informamos sobre lo que está pasando con el coronavirus, porque estamos en permanente contacto con nuestras familias que están en el continente, y además vemos la noticias por televisión. Si bien estamos aislados, no dejamos de tener las precauciones necesarias. La prevención siempre está”, había contado a UNO en abril de 2020.

En aquel entonces, cuando el mundo se vio sorprendido por la rauda proliferación del coronavirus, se suspendieron los vuelos que llegan habitualmente hasta la Antártida y también el arribo de cruceros con turistas, que suelen acercarse a la zona sobre todo durante la temporada estival. “En ninguna de las bases argentinas en la Antártida hubo contagios”. remarcó Yubar.

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Antártida Argentina. La sargento Solange Yubar estuvo un año en Base Esperanza..jpg
Antártida Argentina. La sargento Solange Yubar estuvo un año en Base Esperanza.

Antártida Argentina. La sargento Solange Yubar estuvo un año en Base Esperanza.

Asimismo, contó cuál fue otro de los cambios más marcados que trajo la pandemia en el sitio al que había sido destinada: “A diferencia de otras bases, en Base Esperanza hay familias, pero debido a la pandemia este año en la Dotación no fueron a invernar grupos familiares, recién van a poder ir en el 2022”, indicó.

La vuelta al continente americano, después de 12 meses, también registró singularidades, y sobre este punto, la oficial recordó: “Desde la pandemia, las partidas y los regresos son muy particulares. Cuando se fueron los integrantes de la Dotación 52, hace un año atrás, tuvieron que hacer cuarentena durante 15 o 20 días; y debieron despedirse de sus seres queridos de modo personal semanas antes de viajar a la Antártida. Y ahora también. Tampoco a nosotros pudieron esperarnos nuestras familias al llegar”.

En su caso, era la primera vez que iba a la Antártida, y tras cumplir la cuarentena al volver a su tierra, manifestó: “El reencuentro con los seres queridos es muy especial y emotivo. En mi caso tengo sobrinos y también a mis padres, que son personas mayores, y volver a verlos fue muy emocionante, porque ya en el viaje de regreso van creciendo esas ganas de abrazarlos y de darles un beso. Sobre todo sabiendo el año difícil que también pasaron ellos”.

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El oficial principal Walter Moreno también formó parte de la Dotación 51 en Base Esperanza. Tiene actualmente 48 años y aunque es oriundo de Santiago del Estero, hace más de un cuarto de siglo que se radicó en Villaguay. “Soy más entrerriano que santiagueño, conozco la historia de la provincia, y también hice la Secundaria en Villaguay”, se presentó ante UNO.

“Volvimos en noviembre del año pasado, así que cuando empezó la pandemia estábamos en la Antártida, en Base Esperanza. Allá nunca hubo un solo caso de Covid y se logró con medidas muy rigurosas. Quienes se van deben hacer previamente un aislamiento de 15 días”, comentó, y agregó: “Este año en particular no hubo familias allá, pero en diciembre van a poder ir y vuelve a abrirse la escuela”.

Antártida. El oficial Walter Moreno prestó servicios en Base Esperanza..jpg
Antártida. El oficial Walter Moreno prestó servicios en Base Esperanza.

Antártida. El oficial Walter Moreno prestó servicios en Base Esperanza.

“Estando allá les pedíamos a nuestras familias que estaban acá que no salieran que se cuidaran. Para nosotros fue un año normal allá, los chicos iban a la escuela no hubo burbujas como en las distintas regiones de la Argentina. Nos acostumbramos a estar aislados de alguna forma también, y al regresar fue una sensación extraña llegar y no poder abrazarnos con los compañeros y los camaradas con quienes compartíamos tantas vivencias por teléfono y por radio. Tuvimos que estar en aislamiento al llegar y no poder volver en seguida a mi casa”, refirió.

En su caso, es la segunda vez que fue a la Antártida a cumplir con su labor durante un año, y contó: “Ya había invernado en la Base Carlini en otra oportunidad y pude volver a vivir de nuevo esta experiencia de ir a la Antártida. Es una actividad muy linda, donde se trabaja para la ciencia, ya que somos apoyo de los científicos que van a hacer sus estudios e investigaciones en las distintas bases”.

Servir a la patria

A más de 4.000 kilómetros de la capital entrerriana, los integrantes de las distintas dotaciones que prestan servicio durante un año en la Antártida Argentina defienden la soberanía con su labor. Se trata de una experiencia única, que llevan adelante con una marcada vocación y el sacrificio de dejar su hogar por un año, lejos de su familia, y enfrentándose a las condiciones climáticas inhóspitas.

“El hábitat es muy riguroso siempre, el clima es muy cambiante. En invierno tenemos cuatro horas de luz natural al día y en noviembre es de día prácticamente las 24 horas”, comentó el oficial principal Walter Moreno sobre la experiencia de permanecer un año en el continente blanco, a la vez que confió que volvería a ir a trabajar a alguna de sus bases: “Sin dudas me volvería a ir, es una actividad hermosa, me encanta, en especial en Base Esperanza, donde invernamos con familias con chicos. Ahí el año pasado la escuela fue siempre presencial, es la única que nunca cerró. Ese año fueron ocho familias y el mantenimiento de la base es siempre permanente para que no pasen ninguna necesidad”, manifestó.

Por otra parte, observó: “Siempre se extraña, pero hoy es más fácil estar comunicados con nuestras familias. Antes no existía el tipo de tecnología que hay ahora, no había Internet y el contacto era por radiofrecuencia o por teléfono fijo. Ahora tenemos WhatsApp, Instagram y demás y podemos hablar y hasta vernos de manera virtual todos los días con nuestros seres queridos. Es más llevadero, aunque hay momentos y situaciones en el año en el que el aislamiento se siente y se extrañe más a la familia”.

También la sargento Solange Yubar aseguró que regresaría nuevamente a la Antártida durante un año para prestar sus servicios a la patria en este lugar tan particular. “Superó mis expectativas haber estado en un lugar así”, concluyó.

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“En un lugar así uno se siente cerca de Dios”

La sargento Solange Yubar se desempeñó en Base Esperanza como auxiliar de la jefatura y del depósito de víveres, pero además llevó adelante otras funciones. “En la Antártida todos hacemos de todo, porque si bien cada uno tiene una función específica, después todos nos ayudamos. Ahí se pierde el individualismo y cuando el carpintero necesita una mano, colaboramos con su tarea; igual cuando los mecánicos hacen instalaciones y mantenimiento y precisan ayuda. El año pasado hubo roto un caño de agua y fuimos todos en la Dotación a trabajar para repararlo”, aseguró entusiasta, tras superar cada desafío.

Antártida Argentina. La sensación térmica puede llegar a ser de -50°C..jpg
Antártida Argentina. La sensación térmica puede llegar a ser de -50°C.

Antártida Argentina. La sensación térmica puede llegar a ser de -50°C.

El lugar se caracteriza por tener fueres vientos, que se aproximan a los 200 kilómetros por hora. Y las temperaturas bajo cero suelen ser frecuentes: “La temperatura mínima en el año 2020 en Base Esperanza fue de -29.2°C el día 29 de agosto, con una sensación térmica de -50.5°C”, figuraba en uno de los reportes meteorológicos emitidos en el lugar.

“Todo el mundo me pregunta cómo es estar allá, qué se siente. Si tengo que describir el paisaje en pocas palabras, diría que es blancura y silencio. Cuando uno está de guardia en la usina, que funciona las 24 horas del día, lo único que escuchas es ruido de los motores, pero uno se acostumbra y pasa a ser después parte del silencio también”, señaló Yubar.

A su vez, contó: “Base Esperanza es muy particular, porque es un lugar donde invernan familias y hay niños, que son los que le agregan un plus a todo, porque ellos tienen tanta energía y vitalidad, que no les importa si hace frío, si hay viento; siempre tienen ganas de jugar”.

“En mi caso, me gustaría volver a la Antártida. Una vez vi una nota que le hicieron a un oficial con mucha más experiencia, y definía al antártico con tres características: decía que somos místicos, románticos y aventureros, y pienso que es así, que pasa eso”, expresó.

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A su vez, reflexionó: “Creo que la vida en el aislamiento y la soledad hace que uno se sienta cerca de Dios. Es muy difícil explicar los sentimientos, pero uno se enamora de esa geografía del lugar. Y por el esfuerzo y sacrificio que demanda estar ahí un año, creo que le antártico se vuelve idealista, ingenioso y desinteresado, lo que lo lleva a trabajar por amor y no por obligación”.

En este espacio de blancura y el silencio, tal como describió Yugar, también se pueden observar cuestiones que quienes habitan en otros lugares del planeta no perciben con tanta claridad. Sobre este punto, El oficial Walter Moreno comentó a UNO que el cambio climático es algo que se advierte en la Antártida: “Es muy importante que la gente tome conciencia sobre esto. Los polos son los que más lo sufren y en la Antártica se nota el impacto: antes no había lluvias allá y ahora sí; y el deshielo es más visible y en los glaciares”, afirmó.

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