Domingo 07 de Mayo de 2017

Los últimos y aberrantes femicidios en el territorio provincial y la presión popular sobre las autoridades empujaron a tomar medidas apremiantes para llegar a cumplir con la movida social #NiUnaMenos. La opción más fácil y económica primó y se implementó una medida que recarga el peso de la acción sobre la víctima de la violencia de género, y no sobre su victimario.
El sistema de botón antipático presentado el viernes por autoridades provinciales funcionará mediante una aplicación en el celular de la víctima. Un programa codificará el aplicativo y el pedido de auxilio recaerá en el 911.
Según explicaron el comisario José María Rosatelli y el sargento ayudante Mario Vitasse, los diseñadores de la App, una vez que la víctima apriete el botón el sistema grabará su ubicación y no se detendrá hasta que la Policía dé por finalizada la alerta.
Integrantes de organismos de defensa de los derechos de las mujeres coincidieron en que "toda herramienta de prevención suma", pero también resaltaron una serie de factores que deberán aceitarse para que el sistema sea efectivo. Los "peros" se centran en la conectividad de los aparatos, el alcance y la rapidez de la respuesta, entre otros.
El sistema de botón antipánico (en su forma de dispositivo) ya tiene una década de aplicación en otros sitios del país con resultados dispares, según los municipios. Una de las fallas más frecuentes es que depende de la disponibilidad tecnológica que permite la ubicación georreferencial de la víctima. Los lugares más pobres y alejados de los centros urbanos llevan "las de perder" y desnudan desigualdades territoriales.
En el caso de la aplicación que se implementará en Paraná, se dependerá del operador de telefonía de la víctima y no es novedad que estas empresas tienen servicios deficientes y frecuentemente denunciados ante Defensa del Consumidor.
En la presentación del dispositivo, las autoridades destacaron la iniciativa como un aporte más para la prevención y resguardo de las mujeres que sufren violencia de género, sin embargo el sistema -per se- conlleva una discriminación.
A la angustia con que ya carga la víctima ahora se sumará la paranoia de que su dispositivo funcione. Así, seguirá pendiente de que su ex no viole el cerco perimetral (tarea que debería ser del Estado), de que su celular tenga carga y que haya señal, que la aplicación no se tilde, que pueda oprimir el botón a tiempo. No deberá entretenerse en sitios sin conectividad. Es decir, continuará sin poder avanzar, su presente nunca será pasado, seguirá paralizada por el miedo.
Es que el botón antipático pone el énfasis en la víctima. Es a la mujer a quien hay que monitorear. Además de estar vigilada por un maníaco, pasará a ser controlada por la Policía, como si la delincuente fuese ella. En tanto, su agresor se paseará libre, se burlará de la restricción judicial porque no se sentirá vigilado, porque no tendrá una pulsera monitora en sus tobillos. Podrá seguir normalmente con su vida.
Por otra parte, siguen sin atacarse las razones culturales de la violencia, no evalúa ni se trabaja con el agresor. El botón antipático resulta una medida más en un contexto machista, violento, discriminador e impune. Una medida de gobierno para acallar las conciencias, una foto en un acto. Una sensación de seguridad.

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