Para terminar con la pobreza hay que reducir la desigualdad.
Mosconi en el otro extremo de la Pobreza Cero
17 de diciembre 2016 · 16:07hs
Foto UNO/Archivo
En Paraná el contraste social es evidente y todos sabemos que este año, los extremos, se alejaron.
También conocemos que es un mal que comenzó hace décadas.
El miércoles llegué hasta el campito del barrio Mosconi en donde juegan al fútbol los chicos y las chicas de la escuela Martín Fierro.
Uno de los caminos más directo es por calle República de Siria. Para ir a la canchita se ingresa doblando en Estado de Palestina primero y luego retomando por General Mosconi, unas dos cuadras cortas.
En alguna de las dos esquinas hay que tomar otra vez a la derecha y caminar por los largos pasillos hasta arribar al espacio natural en donde los pequeños juegan a la pelota.
Me detuve en los nombres de las calles porque los funcionarios, de todos los poderes en Entre Ríos, deberían anotarlos y caminarlas alguna vez en su vida.
Ese día a las cuatro de la tarde, una chica de unos 13 años compró una botella de Fernandito. Después un nene y una nena se agarraron a piñas porque, me contaron que, las bromas sexuales y la violencia está a cada paso.
En ese contexto, un pequeñito de 2 años está sentando en la tierra llorando o riendo. La verdad se hace difícil descubrir sus rasgos porque tiene la cara llena de tierra.
Más allá de la tristeza que genera observar a centenares de paranaenses abandonados, viviendo en construcciones con techos de nailon, siempre queda algo de esperanza.
En esas cifras aparece una luz. Si algún político está realmente interesado en solucionar la pobreza en el asentamiento tiene que hablar con los integrantes de Paranin y buscar recursos económicos para el doble o el triple de madres e hijos.
Porque la idea es llegar a la pobreza cero ¿No? Si bien no han mostrado mucho interés en solucionar el tema tenemos que imaginar que están dispuestos a intentarlo.
Volviendo a Paranin, en julio de 2010 firmé una nota titulada "En Mosconi comenzó la lucha contra la desnutrición infantil" y describí la llegada del doctor Abel Albino, el fundador de la Cooperadora de la Nutrición Infantil (Conin),
Pasaron seis años y los problemas se agudizaron.
En la semana, cuando terminé de escribir la crónica sobre la escuelita de fútbol en el barrio Mosconi para la edición web del Diario UNO me fui hasta el Parque Urquiza para tratar de despejarme la mente.
El intento de terapia fue contraproducente, porque lo único que observé fue. de frente barcos y lanchas en el río.
A mis espaldas, las mansiones del barrio más caro de la ciudad.
En definitiva, corroboré la desigualdad que existe en una ciudad con dos extremos cada vez más distantes.














