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Costanera: un cambio que era necesario

Las modificaciones que se hicieron en la Avenida Costanera de Paraná trajeron una nueva fisonomía a uno de los sectores más emblemáticos de la ciudad.

Domingo 01 de Agosto de 2021

Hacía un buen tiempo que no me daba una vuelta por la Costanera de Paraná. Por diferentes razones, falta de tiempo sobre todo, dejé de frecuentar ese lugar tan lindo que tiene la capital provincial. Este domingo por la mañana volví a recorrer prácticamente de punta a punta la zona lindante al río Paraná y tuve una primera impresión muy buena de las modificaciones que se hicieron en ese sector.

Claro que la bajante histórica por la cual atraviesa el "gigante marrón" muestra un panorama desolador, sobre todo por los enormes bancos de arena que le ganaron mucho espacio a las aguas. Una postal que nos acompaña hace meses y que por los pronósticos que hay no parece cambiar en el mediano plazo.

El primer punto a destacar de las modificaciones que se hicieron en la Costanera fue el ordenamiento del tránsito, algo que hace tiempo se reclamaba, sobre todo por parte de los amantes de la bicicleta. En la plaza Le Petit Pisant, si se toma como referencia inicial ese espacio, se ubica uno de los estacionamientos que están perfectamente señalizados donde se debe dejar el auto si uno pretende hacer alguna actividad física en la Costanera. Hace unos meses atrás era común ver cómo se podía dejar en cualquier lugar el vehículo, haciendo el tránsito más lento, sobre todo los fines de semana, donde las unidades iban a paso de hombre.

Hoy, la bicisenda ganó un espacio más que merecido. La mano derecha, en la mayoría del recorrido, le pertenece a los ciclistas, que están bien protegidos no solamente por los famosos protectores que algún despistado ya se llevó por delante. Y si volvemos a la señalización, precisamente nadie puede hacer la vista gorda y decir: "No vi el cartel".

Lo concreto es que hay cartelería por todos lados, para todos los gustos. Desde la velocidad máxima a la cual se puede ir en las unidades motorizadas, hasta donde no se puede girar a la derecha en las calles por ser contramano. Ni hablar de los litros de pintura que la Municipalidad de Paraná gastó para marcar las señales sobre el asfalto.

A medida que uno sigue avanzando, pude ver cómo calle Cuesta de Izaguirre (la famosa bajada del Rowing) se hizo mano única para tener otro sector de estacionamiento. Lo mismo sucede con las otras arterias que desembocan en la Costanera, por lo que no hay espacio para la quejas para aquellos que son "fiacas" y no quieren recorrer varios metros para instalarse con el sillón y el mate a disfrutar de una jornada a pleno sol y al aire libre.

Está claro que hay cosas para mejorar, como también hay que seguir pregonando la realización de bicisendas en otros puntos de la ciudad. Hacen falta, ya que en la actualidad hay muchas personas que eligen el traslado en bicicleta, no solamente por una cuestión económica, sino también porque es saludable.

Los cambios siempre traen opiniones positivas y otras no tanto. Seguramente todavía hay algunos que no se acostumbran a las modificaciones que se hicieron en la avenida Costanera y apelan a la crítica antes que ver los puntos positivos. Pero en esta ocasión, mi sorpresa fue grata al ver una obra que sirvió para revitalizar un sector de la ciudad que nos representa y que forma parte del Parque Urquiza. Está claro que hay otras obras encaradas por el municipio de la capital provincial que trajeron polémica y con las cuales no estoy de acuerdo. Por caso, el ensanche de avenida Racedo, el cual comenzó con el pie izquierdo por la forma en la cual fueron tratados los que se opusieron a la misma.

U otros proyectos en los cuales se toman su tiempo, como la reconstrucción del puente sobre calle Moreno, o la modificación del sector en calle General Gálvez donde a fines de 2019 perdiera la vida Fiorella Furlán al ser su auto arrastrado por la corriente del arroyo Antoñico.

Pero cuando las cosas se hacen bien en una gestión hay que marcarlas, o al menos hacerlas notar. Los cambios que se hicieron en la Costanera de Paraná eran necesarios y resultaron positivos. Al menos esa fue la primera impresión que tuve después de pasar un buen tiempo sin visitar un sector emblemático para todos los paranaenses.

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