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Tamara Tenenbaum: "Nadie se banca una vida monótona y sin placer"

La escritora analiza los nuevos paradigmas afectivos en su libro "El fin del amor. Querer y coger", con recursos de autobiografía y crónica.

Lunes 20 de Mayo de 2019

Con recursos de la autobiografía y la crónica, la escritora Tamara Tenenbaum analiza los nuevos paradigmas afectivos en su libro "El fin del amor. Querer y coger", donde cruza argumentos ligados a la sociología o el feminismo con el relato del viraje que la llevó de una educación en una familia judía ortodoxa del barrio porteño de Once a la experiencia del poliamor y los nuevos formatos de vinculación que proponen aplicaciones como Tinder o Happn.

A esta licenciada en Filosofía y autora de obras como "Reconocimiento de terreno" y "Pánico el pánico" le llevó casi una década -de los 12 a los 22 años- resquebrajar el paradigma de mujer replegada a lo doméstico y a la maternidad, que parecía inapelable para todas las chicas que, como ella, habían sido criadas en la ortodoxia judía, un destino para el que encontró alternativa cuando se plantó ante su madre y exigió estudiar en un colegio secundario laico.

El cambio de aire acercó un repertorio de amistades y lecturas que le permitió a Tenenbaum sopesar otros paradigmas afectivos, más permisivos pero con trampas y fisuras que las nuevas generaciones parecen dispuestas a revertir: persiste la monogamia como contrato social mayoritario, pero cada vez ganan más terreno la pareja abierta o el poliamor como opciones para eludir la asfixia que genera la exclusividad conyugal, según explora en su flamante libro.

La escritora analiza en su texto el advenimiento de una nueva monogamia que a diferencia de la anterior instala la búsqueda de placer como una demanda común a hombres y mujeres, describe los nuevos modos de interacción facilitados por aplicaciones de citas como Tinder o Happn, pregona el fin del amor romántico y cuestiona el paradigma de la maternidad abnegada.

—Télam: Tu punto de partida es el de una mujer moldeada por la cultura judeocristiana que está regida por preceptos un poco más restrictivos que los de la clase media laica. ¿Desde esa perspectiva es más simple percibir las distorsiones del patriarcado?

—Tamara Tenenbaum: Venir de ese lugar tan ortodoxo me permite entender ciertas ventajas que quizá muchos no ven. Creo que tengo una perspectiva distinta sobre los privilegios de esta sociedad que es mucho más liberal en el sentido sexual y social de aquella en la que me eduqué. Yo no siempre supe que iba a poder tener una profesión y una vida sexual libre. La educación tan cerrada que tuve me dio una apreciación clara de las conquistas alcanzadas en sociedades como la nuestra y de la importancia de no retroceder.

—¿La gran diferencia entre la vieja y la nueva monogamia es que hoy está permitido reconocer las falencias, pero sigue siendo tabú cuestionar la legitimidad del modelo?

—Hay muchas diferencias entre la antigua y la nueva monogamia: en la anterior había una asimetría mucho más clara que la gente estaba dispuesta a aceptar. Por un lado el sacrificio de la mujer, que se quedaba en su casa cuidando a los hijos, o de muchas que salían a trabajar pero que aun así cuando volvían tenían que ocuparse ellas exclusivamente de los chicos y eso no se discutía. La infidelidad era también una cuestión asimétrica. Y esa es justamente la gran diferencia: la asimetría se tolera cada vez menos. ¿Antes cómo se tramitaba el deseo por fuera de la pareja? El varón hacía lo que quería y la mujer se lo bancaba. Lo curioso es que una vez que desapareció esta asimetría se resolvió equiparando con un "ahora nadie hace lo que quiere con su deseo". Parecería que la solución es que los dos sean fieles y la verdad es que no es muy realista ese planteo porque lo más probable es que una persona que está en contacto con su deseo en algún momento se tiente. Ya nadie se banca una vida monótona y sin placer. Nuestras generaciones le ponen al placer un énfasis que nuestros padres no le ponían, quizá porque les estaba vedada la idea de pensar que después de casarse podían seguir haciendo cosas divertidas. Hoy estar en pareja no significa envejecer en términos sociales. Ya no es necesario renunciar a seguir viendo amigos, a irse de vacaciones con ellos e incluso tal vez coger con otras personas por fuera de la pareja.

—¿Las opciones de pareja abierta o de poliamor implican un inmediato despojamiento del egoísmo o alcanzar esa instancia requiere también de una construcción laboriosa?

—No sé si en una pareja abierta hay más o menos despojamiento, en realidad no tiene que ver con eso sino con lo que a cada uno le cuesta menos renunciar. Algunos prefieren renunciar al derecho de estar con otras personas para no tener que bancarse que su pareja haga lo mismo. No creo que una relación que sea menos egoísta que otra. Todas requieren un trabajo.

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