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"El agente topo": la historia de un espía septuagenario infiltrado en un geriátrico

Ya está disponible en la plataforma Netflix este exitoso documental chileno que es precandidato al Oscar a mejor filme extranjero.

Jueves 25 de Febrero de 2021

A mitad de camino entre el documental y una historia de detectives, el filme chileno El agente topo se convirtió en un éxito. La película que hace pocos días llegó a Netflix se estrenó mundialmente en el Festival de Sundance, fue seleccionada en el Festival de San Sebastián y ahora es precandidata al Oscar a mejor filme extranjero. Su joven directora es Maite Alberdi de 35 años, realizadora de La Once y Los niños, documentales que revelan su sensibilidad por temas como la vejez, la discriminación, la diferencia y la discapacidad.

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El agente topo se centra en Sergio, un detective septuagenario y amateur que encara una misión dentro de un geriátrico. La historia —increíblemente real— cuenta cómo el aprendiz de detective se infiltra en un asilo, con el encargo de detectar cualquier posible irregularidad en el lugar, para una clienta que quiere indagar sobre las condiciones en las que se encuentra su madre. Entre divertidas situaciones cotidianas y conversaciones personales con las residentes, el detective empieza a involucrarse con la vida cotidiana en el geriátrico.

“Yo partí filmando desde el prejuicio, suponiendo que pasaba algo malo ahí dentro, que iba a mostrar un delito, una situación de abuso, un lugar que no funcionaba bien”, comentó Maite Alberdi. “Pero al ir grabando nos fuimos dando cuenta de que el lugar era muy bueno, que la gente estaba muy contenta viviendo ahí y que la denuncia de la clienta de la agencia de investigaciones que sospechaba que a su madre la trataban mal, en realidad surgía de un tema familiar”, aclaró.

Al “agente” en cuestión lo encontraron mediante un aviso en un diario. Uno de los 50 postulantes que se presentó fue Sergio Chamy, de 73 años entonces, que hoy tiene 75, viudo hacía cuatro meses e interesado en el misterioso trabajo. Delgado, frágil, fan de José Luis Perales, con cara de buena gente e impecablemente vestido, Sergio fue el seleccionado para la misión. “Él fue quien dio vuelta la película”, dijo la realizadora. “El agente topo es lo que es gracias a Sergio. De película negra se convirtió en otra cosa, porque él nos dio vuelta la mirada y se dejó atrapar por la realidad que estaba viendo”.

En este particular documental, el protagonista llega a hacer un trabajo, pero no es el de actor. “Sergio parte desde otro lugar, está comprometido con su investigación, ese es su trabajo. Es el peor espía del mundo y el mejor personaje del mundo. Y, a medida que se va metiendo, deja de importarle su misión y empieza a comprometerse con las personas que va conociendo en la residencia. No conmigo ni con mi película. Lo que a él lo compromete es la experiencia de vida en ese lugar. Hasta hoy tiene amigas en la residencia, a las que no ha dejado de ver”, explicó Alberdi.

Ahora bien, ¿Sergio Chamy sabía lo que estaban haciendo realmente? “Él sabía que debía investigar una situación. Ese era su trabajo y lo hacía en serio”, respondió la directora. “Vivió durante tres meses en la residencia. Nosotros íbamos a grabar casi todos los días, pero él hacía ahí su vida. Las personas del hogar estaban acostumbradas a nosotros, porque estábamos grabando desde varias semanas antes de que Sergio llegara. Yo les había dicho a los dueños que estaba rodando un documental sobre la tercera edad, para mostrar una realidad, tal como mis películas anteriores, sin contarles que estábamos trabajando con un espía. También les contamos que, si llegaba un nuevo residente, nos enfocaríamos en él”, se explayó.

Estado de pánico  

La llegada de Sergio al asilo no fue sencilla. “Fue un shock, se quería ir. ‘No me quiero transformar en estas personas’, decía. Le costó mucho al principio. Estuvo un poco en estado de pánico. Hablaba desde el prejuicio que tenemos todos sobre estos lugares, pero, al cabo de tres meses, no quería dejarlo”, afirmó.

Transparentar con los dueños de la residencia que Sergio era un espía tampoco fue fácil. “Eso fue súper difícil para mí”, admitió Alberdi. “Yo partí filmando desde el prejuicio, suponiendo que pasaba algo malo ahí, pero descubrí que todos vivían contentos dentro. Antes de promocionar y de hablar siquiera de la película les conté la verdad, les dije que les había mentido y los invité a ellos y a todo su equipo a verla. No podían creer que Sergio fuera un espía. Yo no podía creer que ellos no lo pudieran creer. No sé cómo no sospecharon de esta persona que hablaba por celular con altavoz, que recibía la visita de un supuesto sobrino con facha de policía a horas insólitas, que anotaba las medicaciones de los demás en una libreta e iba a interrogar a la enfermera. Yo todo el tiempo sentí que estaba pisando huevos, que nos descubrirían. Hasta el último día de rodaje nunca supe si tendría película. Pero cuando se las mostré se emocionaron mucho. Hoy sienten que es un retrato del lugar y de las personas que viven y de las que trabajan en él bastante fidedigno. Y a mí el lugar me parece muy bueno, lo recomiendo”, aseveró.

Maite Alberdi siente verdadera empatía por los adultos mayores: “Los viejos están en una edad en que les pasan muchas cosas. Son personas que se atreven a decir lo que piensan, que se están despidiendo de amigos, que están cambiando mucho. Una de las participantes de La Once me decía que entre un niño de 1 año y uno de 2 hay un mundo de diferencia. Pasa lo mismo con una vieja de 81 y una de 82. Yo, que me dedico a filmar el presente y busco acciones palpables en la realidad, encuentro eso en la vejez: cambios evidentes que me permiten narrar. La diversidad de historias y personajes es enorme. No se agota. Creo que podría hacer 10 películas más sobre esto mismo, porque no es un tema, la vejez es un contexto”, aseguró.

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