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Cine: "Tomando Estado", evoca el fuego sindical de los 70

Mañana se estrena en Cine.ar. "Hacer películas es pensarse a uno mismo dentro de la cadena de luchas", dijo el director Federico Sosa.

Jueves 15 de Octubre de 2020

Cine: Federico Sosa estrena "Tomando Estado", un filme ambientado en la crisis de 2001, en la que un viejo operario de pueblo intenta mantener vivo su fuego sindical de los 70, mientras un joven aprendiz lo sigue con respeto, pero con intereses más banales. “Hacer películas es también pensarse a uno mismo dentro de esa cadena de luchas, en este caso desde la cultura porque cuando la cosa viene fulera uno necesita un sostén digamos espiritual para seguir filmando porque las dificultades son muchísimas, al pensarse desde ahí hace que uno se diga, dejar de filmar es dejar de pelear, entonces por eso sigo”, dijo el realizador a Télam sobre la cinta que se podrá desde hoy, gratis, en Cine.ar Play.

Sosa ya cuenta con tres ficciones y tres documentales en su haber, además de dos capítulos de la serie Germán, últimas viñetas, pero también cuenta con antecedentes realizando instalaciones de electricidad en obras, oficio en el que lo encontró la crisis de 2001 y que inspiró este filme.

“Quería contar una historia desde el punto de vista de unos laburantes, mientras afuera se está yendo el país al tacho. Al mismo tiempo, armar un personaje que en su juventud militó en los 70 por las ideas de un mundo más justo y que fue arrasado no solo por la dictadura si no por todo lo que vino después”, explicó.

Así, Tomando Estado persigue los días de Carlos (Germán de Silva) y Nicola (Sergio Podeley) en una cooperativa eléctrica de un pueblo bonaerense, mientras ellos intentan mantener sus puestos de trabajo.

“Rodolfo Walsh decía algo así como que las clases dominantes siempre procuran que los trabajadores no tengamos historia y entonces con cada lucha hay que empezar de nuevo. Por eso el neoliberalismo en los 90 intenta obturar el pasado y proyecta el fin de la historia”, señaló.

—¿Qué tiene de atractivo situar la historia en un pueblo de campo?

—Fue una decisión más del diseño de producción de la película que de la historia original que estaba planteada en el conurbano. La inflación se estaba morfando el subsidio que teníamos y la idea de trasladarla a un pueblo fue para que la película conserve su calidad y poder filmar todo lo que estaba en el guión. Igualmente, este volantazo dio lugar a imágenes que no estaban originalmente y son algunas de las mejores escenas.

—Cuando hiciste la película, ¿creías que había cosas que se iban a volver a repetir en el país, como los emigrados?

—No tanto como pasó, aunque ya estaba el macrismo en el gobierno y las políticas que estaba aplicando eran conocidas y con resultados bastante previsibles. Hay cosas que si nos sorprendieron al nivel de buscar archivos del 2001 y los personajes sonaban igual a los que estaban en la televisión en ese momento o incluso mucho después de ya estar terminada la película.

—¿Cómo pensaste la relación entre Carlos y Nicola, haciendo que uno mire al pasado y el otro viva más el presente y el futuro?

—Es una de las ideas principales que tiene el guión, Nicola es uno mismo en los 90, la generación descreída de la política. La única épica que se encontraba en esos momentos estaba en los libros de historia y en las películas. El personaje de Carlos vive en el pasado porque ve que todas esas ideas por la cuales luchó ya no existen más, lo que arranca con la dictadura lo terminan las políticas neoliberales y el 2001 es un poco el estallido final de todo ese proceso.

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