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Cómo la reducción de los glaciares antárticos puede causar un incremento en el nivel de los océanos

El estudio de los glaciares, en especial el del balance de las masas de hielo y su dinámica, tiene relación con el cambio climático

Sábado 15 de Enero de 2022

El aumento de la temperatura global causado por el cambio climático provoca la disminución constante en la masa de hielo de los glaciares antárticos, lo que podría derivar en un aumento significativo del nivel del mar si las grandes barreras flotantes dejan de contener a los glaciares afirmados sobre el continente.

Sebastián Marinsek es ingeniero en Electrónica, graduado de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), y se desempeña como jefe del Departamento de Glaciología de la Coordinación de Ciencias de la Tierra del Instituto Antártico Argentino (IAA).

Su área de estudio está relacionada con el balance de masa de los glaciares antárticos y el sensoriamento remoto. Es autor de 10 publicaciones científicas.

En diálogo con Télam, Marinsek señaló que “los glaciares tienen un ciclo como el del agua, cuando cae la precipitación en forma de nieve crece la masa de hielo, la cual después va desprendiendo partes producto del contacto con el agua que tiene una temperatura más cálida”.

“Hay rompimientos que forman parte de la vida habitual del glaciar, pero también hay procesos que podemos relacionarlos con el aumento de la temperatura en la Antártida”, explicó.

El especialista sostuvo que su trabajo “se centra en el estudio de los glaciares, en especial en el balance de las masas de hielo, su dinámica y la relación de estas con los efectos del cambio climático”.

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Los científicos buscan obtener datos para conocer más sobre los glaciares. 

Los científicos buscan obtener datos para conocer más sobre los glaciares.

“Hay mediciones que hacemos año tras año y en los últimos años se nota con claridad que los glaciares ubicados en la península antártica están perdiendo masa en simultáneo con los aumentos de temperatura que también registramos todos los años”, detalló.

Marinsek indicó que los glaciares son masas de hielo que se alimentan de la nieve que reciben en invierno y pierden agua durante el verano.

“En ese intercambio de masa es que podemos medir anualmente si los glaciares crecen o se achican. Como en la Antártida, además de subir las temperaturas también se redujeron las precipitaciones, lo que estamos viendo es que hay glaciares que en muy pocos años perdieron entre el 30% y el 50% de su masa de hielo”, subrayó.

Por otro lado, sostuvo que “desde hace más de 20 años Argentina desarrolla uno de los relevamientos más detallados sobre un glaciar de los que hay registro a nivel mundial. Es un estudio del glaciar Bahía del Diablo en la isla Vega, 60 kilómetros al norte de la base Marambio”.

“Lo que se hace allí todos los veranos es montar un campamento junto al glaciar desde donde nos tomamos dos semanas para recorrerlo por completo, tomar todas las mediciones posibles y revisar las balizas que instalamos todos los años como referencia y que nos marcan si ganó o perdió masa”, expresó.

Marinsek afirmó que “muchas veces, en las noticias aparece el desprendimiento de masas de hielo de miles de kilómetros cuadrados y se señala que si estas se derritieran podría subir el nivel del mar. Pero esos icebergs gigantes son en realidad parte de grandes barreras de hielo, de cientos de miles de kilómetros cuadrados, y esas rupturas no afectan su integridad, además como son masas que ya estaban en flotación el hecho de que se derritan no incide en el nivel del mar”.

En cambio, el riesgo que implica el aumento de la temperatura en la Antártida “es que esas grandes barreras de las que se desprenden los icebergs que vemos en las noticias se desprendan de la costa, porque aunque al estar en flotación ya están niveladas, dejarían de contener a los grandes glaciares que están afirmados sobre el continente antártico, y esto sí podría condicionar la vida en todas las poblaciones cercanas a las costas en todo el mundo”, advirtió.

“Con los datos que disponemos no se puede predecir cuándo se produciría un desprendimiento que tenga consecuencias severas para las poblaciones costeras; cerca de la base Belgrano II hay una grieta que está a punto de separar una gran masa de hielo de la barrera que la contiene y todos estábamos esperando ese fenómeno, pero la ruptura se dio en otro punto del mismo bloque”, explicó al respecto.

En ese sentido, insistió en la dificultad de advertir “un evento de estas características pero con los datos disponibles se marca una clara tendencia, si la temperatura sigue aumentando en la Antártida vamos a ver fenómenos de este tipo en las próximas décadas”.

La glaciología es una rama de la geografía física, y por tanto de las ciencias de la Tierra que estudia los fenómenos actuales y pasados, relacionados con la extensión, distribución, causas, dinámicas, clasificaciones e implicancias del agua en estado sólido, en todas las manifestaciones que puede presentarse en la naturaleza (glaciares, hielo, nieve, granizo o neviza).

En la Argentina, la Ley de Régimen de Presupuestos Mínimos para la Preservación de los Glaciares y del Ambiente Periglacial Nº 26.639 obliga al Estado a destinar partidas para preservarlos como reservas estratégicas de recursos hídricos para el consumo humano; para la agricultura y como proveedores de agua para la recarga de cuencas hidrográficas; para la protección de la biodiversidad; como fuente de información científica y como atractivo turístico.

Marambio, la contracara de la ola de calor

Mientras la mayor parte del país soporta temperaturas extremas, en la Base Marambio, la principal estación de la Argentina en Antártida, la ola de calor no es el tema obligado de la semana porque para ayer se pronosticaban -15°.

“Ahora tenemos -2° con nieve y cielo ‘invisible’, según la jerga meteorológica, que significa que estamos adentro de una nube, literalmente”, dijo a Télam el mayor Ernesto Rafael Lynch, de 44 años y piloto de helicópteros MI 171e de la Fuerza Aérea, que se encuentra en la Base desde noviembre de 2021.

Para “envidia” de muchos pobladores de otras zonas del país, ayer, entre las 18 y las 19, se preveíann -15° en ese rincón de la Argentina, según informó la oficina especializada en meteorología aeronáutica de la Base Marambio.

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Todo lo obtenido en verano es estudiado y relevado. 

Todo lo obtenido en verano es estudiado y relevado.

“De ahí nos brindan un parte cada cuatro o cinco horas diario y cuando hay un evento temporal que se viene o temperaturas por debajo de los 15° o 20° nos avisan y nos ponen un tiempo máximo de exposición. Uno aunque esté abrigado no puede estar expuesto a ese clima”, explicó el Mayor Lynch.

“Con -15° es de 5 minutos más o menos el tiempo que podemos estar expuestos. Parece mentira pero lastima mucho y la ropa no alcanza”, agregó.

Mientras el Ministerio de Salud difundió una serie de recomendaciones para evitar los “golpes de calor”, como mantener una buena hidratación, consumir frutas y verduras, usar ropa liviana y permanecer en lugares ventilados, en la Antártida las recomendaciones son contrarias.

“La vestimenta es muy particular. Nos la provee el Comando Conjunto Antártico y es ropa (calzado, botas, primera piel, camperas) de extremo frío y alta exposición”, contó.

En cuanto a la alimentación, Lynch dijo que “es más calórica para aguantar el frío y porque como la gente trabaja mucho afuera necesita recuperar energía y tener calor corporal. Además, escasean las frutas, las verduras, las cosas frescas en general, así que hay mucho enlatado y conservas”.

Si bien el frío en la Base es extremo, durante octubre, noviembre y diciembre sus pobladores tuvieron temperaturas más elevadas de lo normal, alcanzando los 10°.

En ese tiempo “hubo una sequía de dos meses, donde casi no nevó. Era todo tierra”, indicó Lynch, a la vez que informó que durante 2021 nevó 110 de los 365 días del año.

Sobre cómo les afectan estas temperaturas en su cotidianeidad, el piloto contó: “Toda esta nieve se derrite y se hace barro porque el piso de la base de Marambio es de permafrost, que es como una arcilla. La sequía reduce la cantidad de agua de la isla porque el agua que tomamos es filtrada pero es de la misma nieve”.

También comentó que, en su caso particular, extraña las temperaturas más elevadas.

“Yo vivo en La Falda, Córdoba, y me encanta el calor. Por eso lo extraño y también al río. Pero a otros acá les gusta mucho el frío”, concluyó el Mayor Lynch, que tiene fecha de retorno para noviembre.

Argentina incorporará un robot para investigar glaciares

El prototipo de un robot capaz de explorar glaciares de forma autónoma, las imágenes provistas por los satélites Saocom y una nueva generación de sensores son parte de las herramientas que los investigadores argentinos desplegarán este verano para el monitoreo de los glaciares antárticos.

“En esta campaña antártica se desplegará el prototipo del robot para probar su movilidad sobre el glaciar y ver cómo se desenvuelve de forma autónoma, el funcionamiento de sus cámaras y cómo lo afectan la temperatura y la humedad”, dijo en diálogo con Télam el ingeniero electrónico Sebastián Marinsek, jefe del departamento de Glaciología del Instituto Antártico Argentino (IAA).

Una plataforma robótica con cuatro ruedas de tracción controlada, equipada con cámaras, sensores, un brazo y paneles solares, viajará este verano a la Antártida para realizar sus primeras pruebas operativas como parte de las mediciones que cada año realiza Argentina en el glaciar Bahía del Diablo de la isla Vega, a 60 kilómetros al norte de la base Marambio.

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El robot de uso científico en el sector antártico es un proyecto de cooperación entre el IAA, la Universidad de la Defensa (UnDef), la Facultad de la Armada (Fadara) y la Escuela de Oficiales de la Armada Argentina (ESOA).

Marinsek indicó que “junto con el equipo que se despliega todos los veranos en Bahía del Diablo irá un técnico que desarrolló el robot para supervisar las pruebas. La idea es ponerlo en modo autónomo y ver qué dificultades se pueden presentar si estuviera solo ahí”.

“Disponer de esta tecnología nos permitiría hacer algunas mediciones de forma autónoma durante todo el año”, relató Marinsek.

Al respecto, agregó: “La idea es que este prototipo evolucione y pueda disponer de conexión para que desde cualquier lugar podamos darle indicaciones a distancia”.

El prototipo ya dispone de una base que le permite alimentarse de energía solar, donde también podría estacionarse en caso de una tormenta. También podría facilitar el estudio en lugares riesgosos sin exponer la vida de sus operadores.

Marinsek enfatizó que uno de los criterios con los que trabajan en el monitoreo de los glaciares “es la cooperación con los organismos que apoyen con tecnología más avanzada para producir datos más precisos y detallados”.

Con ese propósito, en las campañas los acompaña un topógrafo del Instituto Geográfico Nacional para realizar con equipos de alta precisión las estimaciones sobre la dinámica de las grandes masas de hielo.

“También tenemos un acuerdo con la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae), que a través de imágenes producidas por los radares en banda L de los satélites Saocom nos permite medir deformaciones en la superficie de los glaciares y vincular estos datos con los que se generan en el terreno”, añadió.

El investigador resaltó que, a partir de un proyecto presentado ante el Programa de Investigación y Desarrollo para la Defensa (Piddef), actualizarán “la tecnología de los sensores con los que se realizan las mediciones” y sumarán “nuevos equipos en distintos glaciares para ampliar la capacidad de relevamiento”.

“El monitoreo del glaciar Bahía del Diablo es el más detallado disponible a nivel internacional y también la serie de más larga data; todos esos datos forman parte de la publicación anual que hace una red internacional de monitoreo de la que formamos parte y en la que publicamos toda la información de la que disponemos, algo que tampoco es muy común”, ponderó.

El monitoreo argentino de glaciares en la península antártica alcanza entre otros al glaciar Gourdon de la isla James Ross, a unos 30 kilómetros de Marambio; la barrera de hielos Larsen; el glaciar cercano a la base Petrel en la isla Dundee, a 80 kilómetros al noreste de Marambio; y los cercanos a la base Matienzo, a unos 180 al sur de Marambio.

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