A pesar de que los jóvenes de aquella época sabían que tarde o temprano pasarían al menos algunos meses dentro del Servicio Militar Obligatorio, ser parte del Regimiento de Granaderos, es decir, formar parte de la guardia presidencial, era una aspiración lejana, e impensada para un humilde joven del interior de la provincia de Entre Ríos.
El granadero entrerriano de Perón
El Regimiento de Granaderos, convocaba a 20 jóvenes de cada provincia. Según relató Hugo, la comitiva entrerriana estuvo integrada por jóvenes de Concepción del Uruguay y Villaguay, Crespo, entre otras localidades. “Allá nos entrenaron mucho; y bueno, eran milicos, nos tenían cortitos”, recuerda.
Luego de un largo entrenamiento y una ardua preparación, asaron algunos meses hasta que Hugo pudo pudo conocer al General.
“Perón era excepcional, nos trataba muy bien pero sin perder su lugar, para todos era el Señor Presidente, nosotros debíamos llamarlo General. Nos temblaban las piernas cuando lo veíamos, pero no era miedo, era la emoción de tenerlo al lado”.
El interés por la historia de cada uno de los integrantes del regimiento, es algo que el entrevistado resalta y valora. “Perón era un militar, era imponente su presencia, pero a la vez se acercaba a cada uno y nos preguntaba de dónde veníamos y a qué se dedicaban nuestros padres y también cómo nos estaban tratando, si comíamos bien. Ese interés por los soldados siempre me sorprendió”.
La tarde del 1º de julio de 1974, Hugo fue uno de los 32 granaderos que custodió el féretro de Perón; sobre ése día, relata: “Veíamos que algo pasaba, porque había un movimiento raro. Entraban y salían médicos, ambulancias. De alguna manera ya nos lo imaginábamos”.
Llegada la noticia, la tristeza dentro del regimiento era absoluta, por lo que no fue tarea fácil decidir quiénes serían los hombres que integrarían la Guardia de Honor Firme, la que acompañaría al General a su morada final.
“A mí me tocó la suerte de poder ser parte. Pero no era fácil, había que contener las lágrimas, la congoja de la gente era tal, que era muy difícil contenerse, mantenerse en el lugar de granadero de honor”.Luego del fallecimiento de Perón, Hugo completó su Servicio Militar y se retiró del Ejército. “Después, con Isabel las cosas fueron diferentes… apenas nos saludaba, no fue lo mismo. Lo que vivimos con el General y en su despedida, es inexplicable. No va a haber otro igual, ojalá los jóvenes puedan entender alguna vez el valor de Perón, para nosotros y para todos los trabajadores”.
La anécdota
Hugo recuerda a Perón como alguien con una presencia imponente, pero accesible y amable. Una de las anécdotas que recuerda transcurrió entre piñas: “Estaban los muchachos practicando boxeo en Olivos, de pronto apareció Perón, y nos quedamos todos helados. Preguntó qué estaban haciendo y al otro día nos mandó a instalar un ring, para que pudiéramos practicar mejor. Era un amante del deporte y le gustaba que lo practicáramos”.














