Desocupación
Jueves 21 de Marzo de 2019

El desempleo tiene cara de mujer

El desempleo alcanzó el 9.1% según los números publicados hoy por el INDEC. En ese contexto, a quienes quienes más les cuesta conseguir empleo es a las mujeres jóvenes y de escasos recursos. ¿De qué hablamos cuando hablamos de feminización de la pobreza?


Tal como se esperaba, los numeros arrojaron cifras que indican un crecimiento de la subocupación, el empleo en negro y, en particular, la población demandante de empleo, es decir, la suma de esos trabajadores a quienes el sueldo no les alcanza y buscan otro empleo más los desocupados.

En todo el contexto de crisis, hay sectores particularmente afectados. Las mujeres, por ejemplo, tienen una desocupación del 10,2%, mientras que los varones 8.2%, pero el panorama se agrava para las mujeres jóvenes de hasta 29 años, franja en la que se duplica el índice ascendiendo al 21.4.

Si bien el informe del organismo nacional también da cuenta de un alto nivel de desempleo entre los varones jóvenes (15,4 por ciento), el dato desagregado de la falta de trabajo entre las mujeres de menor edad es altamente significativo: una de cada cuatro no consigue trabajo, a pesar de necesitarlo y estar buscándolo de manera activa.

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Aunque no son ninguna sorpresa, los números son cada vez más altos y la evidente falta de políticas efectivas para revertirlos, hacen encender todas las alarmas porque confirman la realidad histórica de las mujeres en el mercado del trabajo: mayor precarización laboral, una amplia brecha salarial respecto de los hombres (del orden del 30 por ciento), escasas oportunidades para acceder a puestos de media y alta dirección, y la falta de reconocimiento de la doble tarea que realizan en el trabajo y en la casa.

¿Por qué hablamos de Feminización de la pobreza?
En el segundo trimestre de 2018 el INDEC, calculaba que el 58 % de las mujeres ocupadas sufre precariedad extrema, considerada como la falta de derechos laborales y seguridad laboral (aportes jubilatorios, obra social, vacaciones pagas, aguinaldo, días por enfermedad y continuidad laboral) y salarios inferiores al salario mínimo vital y móvil, a este sesgo de género en la situación de las mujeres trabajadoras, slo llamamos Feminización de la pobreza. "Es una de las aristas de las desigualdades de género que conlleva la falta de autonomía económica de las mujeres. Un tipo de violencia que, en épocas de crisis económica como la que hoy atravesamos, golpea fuertemente a las mujeres de los sectores económicos más vulnerados", expresa Raquel Vivanco, referente de los movimientos feministas y presidenta del Observatorio de la Violencia contra las Mujeres de la ONG Mumala.

Hasta 2018. las cifras publicadas por ANSES indicaban que alrededor del 60% de las inscriptas en PROGRESAR eran mujeres, es decir, la necesidad es más fuerte en las mujeres, sin embargo, las becas fueron congeladas pese a una inflación del 47,6 por ciento en 2018.

Algo similar ocurrió con la moratoria jubilatoria de la cual se dedujo que la situación del trabajo en negro afectaba especialmente a las mujeres, siendo casi el 70% de mujeres las que tramitaron este beneficio en su primera etapa y luego casi naturalmente fue rebautizada como la "jubilación de amas de casa", según cifras históricas que se hicieron públicas por el ex titular de esa cartera Diego Bossio en 2017.

Sobre las cifras que se conocieron este jueves la periodista Luciana Peker aportó en una entrevista radial que alcanzar las las dos cifras (10%) de desocupación funciona como un factor de disciplinamiento de las mujeres en los trabajos porque el miedo latente al desempleo "produce que te quedes en laburos que no te quieras quedar, que soportes violencias, acoso, desigualdades y maltratos".

>>> Leé más sobre feminización de la pobreza acá y acá

El impacto en el mercado laboral de la educación sexual y aborto legal

El último informe anual del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) indica que "la disponibilidad de servicios de planificación familiar es un elemento fundamental, no sólo para la salud reproductiva, sino también para la igualdad económica y social, ya que los embarazos no planeados limitan las oportunidades de las mujeres de cursar estudios, su participación cívica y su progreso económico".

El estudio agrega: "Las mujeres que carecen de control sobre su fecundidad pueden verse imposibilitadas para incorporarse a la fuerza de trabajo remunerada porque tienen más hijos de los que deseaban. O es posible que les resulte demasiado complicado permanecer en un puesto de trabajo porque el servicio de guardería es excesivamente caro. Y, una vez en el mercado laboral, cabe la posibilidad de que no se las considere para un ascenso porque su empleador da por sentado que dejarán el puesto cuando queden embarazadas. Las mujeres más pobres tienen un acceso más reducido a la salud sexual y reproductiva, enfrentan más dificultades para ejercer sus derechos reproductivos, y presentan mayor probabilidad de estar desempleadas o subempleadas y ganar menos que los hombres".

El desempleo, el trabajo precario e informal, la suba de la edad jubilatoria, son algunas de las medidas de ajuste del actual gobierno y afectan directamente a las mujeres. La falta de políticas con perspectivas de género, y más aún, del recorte de las pocas que se encontraban vigentes, hacen difícil tener una mirada optimista hacia el futuro, y son datos duros esta vez, los que vienen a confirmar que todo lo que está mal en la sociedad muestra su costado más cruel con las mujeres.

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