Violencia de Género
Domingo 13 de Noviembre de 2016

Abandonar la cabecera

La jornada "Educar en Igualdad: Prevención y Erradicación de la Violencia de Género" es una actividad que se realiza en el marco de la Ley Nacional Nº 27.234, sancionada en noviembre de 2015. La norma obliga a dedicar al menos un día al año en las escuelas Primarias, Secundarias y Terciarias, de gestión estatal y privada, para contribuir a que alumnos, alumnas y docentes desarrollen y afiancen actitudes, saberes, valores y prácticas que promuevan la prevención y la erradicación de esta problemática.
En una escuela Primaria pública de Paraná esta jornada tuvo lugar el viernes. Padres y madres de primer grado recibieron la invitación a participar a través del canal habitual: un papelito pegado en el cuaderno de comunicados. El escueto escrito no hacía referencia directamente a la cuestión de la violencia de género: decía solamente que el encuentro se haría como parte de la jornada "Educar en Igualdad".
Las familias llevaron a sus hijos e hijas a la escuela y una minoría se quedó a participar de la reunión, sin mayores datos sobre cuál sería su contenido. Quienes se quedaron eran casi todas madres. Más de 20 mujeres y un varón.
La charla empezó con la introducción del docente. Trabajaron sobre un cuento infantil que buscaba transmitir cómo los problemas de las "minorías" afectan al conjunto de la sociedad. Luego expuso una psicóloga y finalmente se desencadenó el intercambio de opiniones. Durante la charla aparecieron roles típicos: la persona que aclara que también hay hombres que sufren violencia; la que no quiere decir que a las mujeres les gusta que le peguen pero sí que no entiende por qué no se van de la casa cuando son agredidas; la que hace énfasis en la palabra patriarcado; la que permanece callada hasta que desliza que en su entorno hubo o hay violencia. Antes de que la conversación derivara a situaciones particulares y concretas de los chicos y las chicas en la escuela y a consultas sobre cómo actuar ante tal o cual problema, ya se había alcanzado un aceptable grado de consenso acerca de los estereotipos que son reproducidos inconscientemente y que expresan distintos grados de relaciones de dominación del hombre hacia la mujer. Quienes se encargaron de conducir la discusión lograron poner en evidencia el carácter cultural, no natural, de las prácticas y representaciones que configuran la superioridad masculina y, en definitiva, el patriarcado.
Parecía cumplirse así el objetivo de la jornada: sensibilizar acerca de la violencia machista que semana a semana, días tras días, termina por acabar con la vida de mujeres, ante la impotencia de la sociedad y el desconcierto de los organismos del Estado que tienen la responsabilidad de evitar esta matanza. Pero cabe la pregunta: ¿sirve de algo un trabajo de estas características cuando prácticamente no participan los varones? Puede responderse que por lo menos así, poco a poco, se empodera a las mujeres, se asumen ellas como sujetas de derecho. Es un paso importante, sin dudas, aunque sin la sensibilización de los varones, del género que es responsable de los feminicidios, hay pocas chances de transformar la realidad. Es el hombre el que debe decidir cambiar, empezando desde lo más mínimo y cotidiano: abandonar la cabecera de la mesa, pasar la escoba, lavar los platos después de comer, llorar si siente tristeza o, simplemente, ir a las reuniones de la escuela. Un buen gesto, no porque así se solucione algo de la masacre, sino para empezar a detener la maquinaria que reproduce la misoginia con prácticas y discursos. Y por lo que perciben los niños en el espejo de sus padres.

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