Secciones
Yo cuento

TRES

Miércoles 01 de Mayo de 2019

Saco la cabeza de adentro del agua y respiro hondamente, miro alrededor mío y estoy solo en el baño, como siempre... la luz del foco titila y me ilumina mal, ¿será eso o yo estoy desapareciendo? Prendo un cigarrillo y me siento en el inodoro, tengo miedo de ir a mi pieza, de encontrar mi cuerpo tirado sin vida, sin aliento. Fumo como un desesperado mientras termino de vestirme, salgo sin mirar hacia mi cuarto, el miedo corroe mis huesos. Ya en la calle puedo oler ese hedor a pánico, a locura; sigo caminando sin lugar a donde ir.

El día tiene ese tinte verde que solo mis ojos lo ven, una de las tantas locuras mías, un perfume a sangre me sigue pero a nadie le importa eso, nadie se para a preocuparse por eso. Todo es tan claro en mi cabeza pero tan confuso. Miro el semáforo, que me da tres luces azules, y cruzo la calle.

En mi bolsillo tengo un cuchillo y estoy dispuesto a usarlo con cualquiera, agarro el camino para el río, ese amigo que nunca pregunta qué crimen hice o en qué problema me metí esta vez; allí las flores lloran mil poemas y los pájaros se vuelven criaturas horrorosas y feroces para los insectos, el día se va poniendo gris triste, pero la luz de las personas se vuelve azul turquesa. Ayer tomé de más y me duelen los labios, eso es normal, pero en mi cabeza falta algo más que la cordura. La soledad es buena compañera, solo para poder llorar.

Mi cuchillo pide salir y mis manos están transpiradas de ansiedad, quieren acción buscan acción. En la costanera los sonidos se mezclan se confunden con cada movimiento. Los galpones añejos y arruinados se cubren de todo bajo las sombras, como si tuvieran vergüenza. Distintas figuras se dibujan en ellos, muecas espantosas de los años. No recuerdo nada ni por qué estoy así.

Tenía la cabeza fría, apuré el paso como si alguien me estuviese persiguiendo. Cada tanto, giraba la cabeza, sentía sus pisadas persecutorias, como las de un asesino al acecho.

Las drogas habían hecho pedazos mis nervios, ¿por qué mierda estoy asustado?, ¿por qué carajo estoy ansioso?

El cuchillo en mi bolsillo gritaba desesperado por salir, creo haber oído su lamento... A lo lejos veo una posible victima; es curioso que en los momentos justos siempre algún imbécil aparece. Jadeante, casi sin aliento le doy alcance. Su aspecto no era mejor que el mío, un borracho asqueroso, sucio y que apestaba a mierda. Tenía los ojos vacíos y no pretendió defenderse.

Después de hacer lo que debía hacer, limpio mi arma llena de sangre en mis pantalones, sigo caminando y un dolor en mi estomago a cada paso se hace más agudo. Igual, hoy no estoy para eso, tengo que saciar al caníbal interior; unas cuadras más adelante hay un tipo sentado en la vereda, parece decente y no se mueve. Me escondo en la sombra y otra vez mi cuchillo hace su labor. Su boca nunca dijo nada. Este dolor se hace insostenible y ahora mi camisa está cada vez más empapada ¿de sudor?

Prendo un cigarrillo y me duele el pecho, continuo caminando y el camino se hace cada vez más largo, más estrecho y oscuro. Sorprendentemente, de la más extraña casualidad me encuentro con un nene, me acerco a él y al principio temeroso trato de encontrar a alguien más, la calle estaba vacía no había ruidos no había gente, solo ese nene y yo. Me acerco y violentamente le agarro el pelo por atrás, sin dejar que se dé vuelta para verme. Mi cuchillo ensangrentado, mi mano ensangrentada iban a dar su último golpe... En un rapto de estupidez quiero verle la cara a mi víctima. ¡ERA YO!!! Horrorizado suelto el cabello de ese monstruo y me doy cuenta que estoy bañado en sangre, en mi sangre, que tengo varias puñaladas en mi cuerpo; que el tipo decente, que el borracho con olor a mierda, que en realidad yo era ellos, como el chico que estaba frente mío.

Furioso, tomo otra vez al nene por los pelos, él me miraba con una paz inmunda, de un solo movimiento le corto la garganta.

No pienses mal de mí, realmente eso me desbastaría. En esta batalla final, sé que el cuerpo que está en mi cama pertenece a mi conciencia, a mi razón. Que nunca terminó siendo muy amiga mía o sencillamente no tenía nada que ver conmigo.

Termino creyendo que en un punto era lo correcto. ¿Cómo puedo vivir así, cuerdo y loco? ¿Cómo puedo vivir?

Me parece que no fue buena idea haber salido de mi casa esta noche...

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario