Diálogo Abierto

Educación Física, anacronismo y caminos hacia nuevas miradas

Entrevista con la licenciada Silvina Macchi. Del hombre máquina a lo integral. Los profesores cómodos y las clases de nada. La importancia de la relajación.

Martes 22 de Marzo de 2022

Silvina Macchi estudió Educación Física orientada al alto rendimiento deportivo hasta que sintió que ese nivel de exigencia para convertir a los atletas en verdaderas máquinas solamente orientadas a la obtención de resultados no se conciliaba con sus ideas y sentires. Sumado ello a varias crisis personales que la obligaron a buscar distintas herramientas para superarlas, decidió ponerlas al servicio del acondicionamiento físico, distanciándose de los formatos clásicos.

Silvina Macchi 1.jpg

Danzar y enseñar

—¿Dónde naciste?

—En Paraná, en calle 25 de Junio, entre Catamarca y Santiago del Estero y luego nos mudamos a calle Artigas; a los 26 años me fui al oeste de la provincia de Buenos Aires y viví 20 años.

—¿Cómo era aquella zona en tu infancia?

—Sin edificios, con casas comunes tipo chorizo, antiguas y lindas; hasta hoy sueño con esa casa. Iba a la Escuela Rivadavia, enfrente había un kiosquito y en la esquina de mi casa, una despensa. Con mis amigos y primos andábamos en bicicleta y se dejaban las puertas de las casas abiertas, sin ningún problema.

—¿A qué más jugabas?

—Al elástico; iba a la pileta y a la playa del Rowing, y a Recreativo, a jugar al paddle, y corrí desde los 13 años.

—¿Competías?

—No, era por recreación; siempre le daba más importancia a la danza y tenía prohibido hacer musculación.

—¿Qué actividad laboral desarrollaban tus padres?

—Mi mamá es profesora de Geografía y Ciencias Sociales, y mi papá, ya fallecido, trabajaba en el Servicio Penitenciario, y se separaron cuando era chiquita.

—¿Sentías una vocación?

—La docencia, porque en mi familia hay muchos profesores y maestros. Soy profesora de danza, de piano y de Educación Física, y el año pasado tomé 30 horas en el Instituto de Educación Superior.

—¿Qué fue lo primero que comenzaste?

—Piano, a los nueve años, con Celestino Viola. Mi abuela había comprado un piano, que perdí en mi separación, y en mi familia querían ver cómo tocaba yo, me fue muy bien, me encantó y me recibí rápido. Hace un tiempo compré un teclado pero no es lo mismo y no me gusta el sonido. También toqué la guitarra. A bailar comencé a los cuatro años, danza clásica y jazz, lo que más hice y me atrae, ya que nunca dejé. Me recibí en el instituto de Elisa Chiquita García y estuve en su ballet, en el del Teatro 3 de Febrero y en el de Rita Rizzo, y doy clases desde los 15 años.

—¿Leías?

—Sí, mucho.

—¿Un libro que recuerdes de los primeros?

El Principito, mucho sobre danza, y luego sobre el Universo y espiritualidad.

—¿Qué materias te gustaban de la secundaria?

—Me recibí de maestra mayor de obras y aprendí mucho de lo que hago en casa como pintura y carpintería (risas).

De lo estructurado a la libertad

—¿Imaginabas ser bailarina profesional o lo asociabas con la docencia?

—Nunca dejé de bailar pero soñaba con tener un estudio de danza y enseñar, tocando el piano mientras mis alumnas bailaran (risas).

—¿Cómo fue la relación con la disciplina y el rigor propio de la danza clásica?

—Me encantó. Acá, en el teatro, era muy exigente, tuve hepatitis a los 18 años, perdí mucha fuerza y me costó recuperarla. Con Rita me aboqué más al jazz y me pareció más libre en cuanto a los pasos y posiciones del cuerpo. En los últimos años hago danzas urbanas, que son más libres.

—¿Qué estilos abarca?

—Se toma como origen el break dance en Estados Unidos, que acá se conoció en 1983, por la película. Surgieron distintas corrientes y en mi caso lo que hago es libre, armo coreografías, y los alumnos pueden inventar pasos y pruebas.

—¿Te costó el desaprendizaje?

—Al principio sí, porque mentalmente lo clásico es muy estructurado y bailé desde los cuatro años. Pero la clave es relajarse, disfrutar, mirarse en el espejo y dejarme llevar por lo que dice la música.

Silvina Macchi educación física.jpg

Del mecanicismo a lo holístico

—¿Cuándo estudiaste Educación Física?

—Lo hice en etapas, comencé en Santa Fe pero trabajaba, luego lo retomé en Buenos Aires y además hice la licenciatura.

—¿Qué visión general tuvo la carrera?

—Orientada hacia el alto rendimiento deportivo; algunos profesores todavía tenían una mirada mecanicista de considerar al cuerpo como una máquina de entrenar al doscientos por ciento en búsqueda de un resultado, sin importar si te duele algo, si no querés entrenar o los altibajos. Pero el resto tenía la visión de verlo globalmente.

—¿Qué tipo de entrenamiento promovés?

—Acondicionar las capacidades físicas pero con el propio cuerpo y prácticamente no uso pesos, salvo que la persona lo quiera. Es mucho mejor por varias razones y más sano. Tengo una orientación holística que la he relacionado con la danza y en la universidad presenté varios trabajos prácticos en esa línea. Uno de ellos fue El cuerpo en la escuela dónde investigué y verifiqué en escuelas lo que sentían, emocional y espiritualmente, los alumnos. Se seguía, y se sigue viendo, que el profe tira una pelota o les da una actividad; si eran chiquitos lloraban o no les importaba, querían hacer otra cosa… Era una estructura pedagógica que no atendía al alumno que tenía enfrente.

—¿Tuviste un formador que influyó en esta mirada?

—Comencé por varias cuestiones personales muy duras y chocantes, que significaron un quiebre, renacer y ver la vida de otra manera. Comencé a leer por mi cuenta especialmente a Louise Hay, y a hacer meditación y Reiki, para afrontar esas situaciones con otra mirada, lo cual hoy aplico al acondicionamiento físico y a la danza, si la persona lo desea. Quise aprender a meditar y no entendía cómo, hasta que entendí que no hay que hacer nada. Todo fue para sanarme y sobrellevar el día a día.

—¿Un ejemplo en el cual verificaste que algo de todo esto te resultó eficaz?

—El de una señora que me dijo que con solo hablar y comunicar de otra manera y más tranquila, anterior a la sesión de entrenamiento, ya se sentía feliz y más relajada, también en lo emocional. Es una forma distinta de encarar la actividad, atendiendo a la interioridad de la persona. O una señora que se largó a llorar durante la clase: no es que le voy a solucionar la vida, pero tengo que contemplar por qué sucede, porque la persona es un todo. Si un alumno pide por favor que no quiere hacer una actividad, hay que atender a eso.

—¿Qué revisaste de tu formación a medida que incorporaste estos conceptos?

—Cuando estudié mi orientación fue hacia el alto rendimiento y el hombre-máquina, algo totalmente opuesto a esta mirada. Me hacía ruido no obstante que era la orientación que había elegido.

—¿Por qué la elegiste?

—Por ver los Juegos Olímpicos, por pensar en “hacer eso”… hasta que te das cuenta que a esa persona de élite se la lleva a un límite que no es bueno, que tiene una vida útil y que luego te queda poco del cuerpo y psicológicamente. Tenés que tener mucha contención para no decaer luego de salir de eso. Nunca trabajé en alto rendimiento, aunque lo puedo hacer. Si veo que un alumno tiene muchas condiciones y le gusta, lo puedo entrenar a fondo.

—¿Se puede conciliar tu enfoque con el de la alta competencia?

—Se puede aproximar en algún punto. De hecho hay psicólogos deportivos y si la actividad está bien encarada se trabaja en conjunto.

Silvina Macchi.jpg

Las viejas e insustanciales clases de Educación Física

—¿En la Educación Física escolar sobrevive un concepto anacrónico?

—Sí, veo que muchos compañeros están detenidos en el tiempo. Y se me han acercado para preguntarme por qué entreno de esa manera y no como lo hacen ellos. Doy atletismo en el Parque Berduc.

—¿Qué es lo más novedoso surgido en los últimos años?

—Personalmente me atrae el concepto de relajar y bajar los decibeles, considerando el trajín que las personas tienen.

—¿Algún autor como referente?

—La mayoría trabaja con una mirada mecanicista. Lo fui armando y dándole una identidad desde lo personal. Igualmente asistía a un congreso virtual del Club Estudiantes, se comenzó a hablar de neurociencias y Educación Física, pero es de la boca hacia afuera y veo que no lo aplican. En Buenos Aires hay una mirada un poco más abierta.

—¿No responde a una cosmovisión más amplia de disociar cuerpo y mente?

—Sí, y en el caso de la Educación Física al surgir históricamente por la necesidad de entrenamiento militar. Pero fue hace mucho.

—¿Qué es lo que resulta más difícil de comprender para generar un cambio?

—En mi caso el cambio fue porque toqué fondo y no me quedó otra alternativa que resurgir desde esa mirada pero en realidad veo que al profe y al entrenador, más en Paraná, le falta actualizarse. Mis colegas no entienden por qué enseño de esta manera, más allá de que les explique las virtudes que implica. Siguen con lo mismo de las clases de Educación Física, a las cuales llegan y con mucho viento a favor enseñan algo, o les tiran una pelota a los chicos y se van a tomar mates. No se capacitan y se quedan con conceptos viejos.

“Todavía hay secuelas en los niños por el confinamiento”

La profesora Macchi se refirió a las secuelas que aún persisten fruto del prolongado e irracional confinamiento y enfatizó que “es una barbaridad” el uso del tapabocas en la escuela. En otro orden, y como especialista en acondicionamiento físico de adultos y adultos mayores, criticó las ideas limitantes que persisten en el ámbito familiar relacionadas con esta franja etaria.

—¿Qué notás desde el post confinamiento?

—Más que nada se perdió la flexibilidad y la fuerza, con debilidad en la musculatura por la gran cantidad de tiempo sentados y por la vida sedentaria, exceso de peso… no fue para nada bueno.

—¿Y en lo emocional?

—Gente muy reactiva e intolerante, incluso en personas que no tenían ese carácter.

—¿Persisten secuelas?

—Un poco menos, aunque en la parte cognitiva y motriz se perdió mucho, especialmente en los chiquitos, quienes evidencian movimientos torpes y dificultades en la comunicación. Ellos hacen todo y evolucionan naturalmente a través del movimiento, y por eso fue un retroceso. Ahora les exigen ir con el barbijo a la escuela, lo cual es una barbaridad.

“Siempre hay posibilidades”

—¿Qué alternativas tiene un adulto y un adulto mayor de iniciar la actividad física si nunca entrenó o la realizó regularmente?

—Siempre hay posibilidad y depende de cada caso en particular. Obviamente que hay que considerar su estado de salud y la experiencia anterior, para saber desde dónde se parte. No obstante, aunque tenga alguna disfunción, se puede hacer, para lo cual hay que buscar el aspecto positivo. Doy la cátedra de Educación Inclusiva y esa mirada me ayuda con eso porque a cada persona hay que buscarle su particularidad. Si tengo un brazo que no me funciona pero el otro lado sí, trabajo con ello, o si la necesidad es recuperar una capacidad. En todos los casos se puede, incluso no teniendo movilidad en el cuerpo.

—¿Hay mayor conciencia sobre el cuidado físico en esta franja etaria?

—La Red de Actividad Física para Adultos Mayores (Rafam) y otros movimientos trabajan en ese sentido. Rafam en Entre Ríos lo hace proponiendo actividades para crear conciencia de que el adulto mayor no es como lo era antes, que si era jubilado mujer la sentaban a tejer y si es varón que mire la televisión, o que vayan al club de abuelos. Se nota que hay un poco más de cuidado y buscan acercarse a distintas actividades para moverse, aunque no todos, pero cuesta que la gente del círculo familiar o cercano del adulto mayor lo respete como tal. Hay que transformar esa cultura en cuanto a que el adulto mayor no es una cosa que no sirve o se murió por ser tal. Cuanto más actividad física con los debidos cuidados, cognitiva y emocional tenga, más calidad de vida obtendrá hasta el último día de su vida. Si no se puede mover mucho, se puede poner una música y que la reconozca o la memorice, y disfrute, o adaptar el baile a sus posibilidades físicas.

—¿Cuándo se inician los talleres de danzas urbanas?

—En la Casa de la Cultura, el 9 de abril, en el cual trabajaremos con una mirada libre de la danza callejera, no solo limitada al hip hop, que es la base. Y en el de La Hendija, está abierta la inscripción.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejá tu comentario