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Triple Crimen

Semblanzas de narcos detrás del triple crimen

Triple crimen. Vínculos y traiciones de las víctimas y los sospechosos, en la disputa por el mercado de la droga que creció en Paraná y la región

Domingo 22 de Noviembre de 2020

Semblanzas de narcos detrás del triple crimen. Desde la tarde del domingo pasado, parece que en cada barrio de Paraná y en cada Unidad Penal de la provincia todos saben quién ordenó el triple crimen. Los nombres que circularon como reguero de pólvora fueron los de los principales líderes del narcotráfico local, bajo la premisa del ajuste de cuentas por el millonario negocio de las drogas. Con el correr de los días, algunos fueron quedando atrás y otros están todavía en carpeta, tanto de los investigadores como de quienes buscarán venganza. La pista que vincula a los sicarios con Rosario es la que más se ha fortalecido, pero no se descarta nada en Paraná ni en la ciudad de Santa Fe, donde ayer hubo procedimientos.

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Cristian y Víctor Barreto, Leonardo Morales y Germán Herlein planearon un domingo de asado y pileta, en la vivienda de calle Las Camelias y Ovidio Lagos, donde vivía Cristian.

El antes: el 28 de octubre robaron en Rosario el auto Renault Kwid que actuó como apoyo a la operación de los sicarios. Lo ingresaron a Paraná, con otra patente, a través del tunel subfluvial. No se sabe si allí o más tarde llegaron los autores materiales del triple crimen, si es que no fueron de Paraná (pocos lo creen). Luego hicieron las averiguaciones y vigilancias necesarias para encontrar a las víctimas desprevenidas, bajo la sombra de un árbol en la vereda de calle Las Camelias.

El durante: como se observó en el video que se viralizó el miércoles, en 25 segundos los sicarios, a bordo de una moto Honda Tornado dispararon más de 20 balazos para matar a las cuatro personas, una de las cuales sobrevivió sin un rasguño. Lo que no se vio en ese video, es que Cristian Barreto, el que salió corriendo, fue atropellado por el Renault Kwid, se metió en la casa de un vecino, donde entró el sicario y lo ejecutó de un balazo en la cabeza.

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Semblanzas de narcos detrás del triple crimen

Semblanzas de narcos detrás del triple crimen

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El después: el auto apareció abandonado e incendiado en calle Supremo Entrerriano y Vera Peñaloza. La moto no se sabe aún dónde está. Con el análisis de las cámaras de vigilancia, tratan de determinar el recorrido de unas 40 cuadras desde el lugar del hecho hasta ese sector de la ciudad.

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El arma utilizada en el ataque es una Glock G5 calibre 9 milímetros, de última generación, de la que no habría registro que se haya utilizado en alguna balacera en Paraná. Se cree incluso que utilizaron un adaptador para que funcione con más cantidad de disparos y a repetición. Lo que sí está claro es la experiencia del tirador: disparando con una sola mano y en movimiento, casi si errar sus blancos. Se están cotejando las vainas servidas con el registro balístico de la Policía científica de Rosario, para ver si hay relación con algún hecho ocurrido en aquella ciudad.

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La pesquisa del triple crimen se centra en análisis de videos, celulares y vainas servidas

La pesquisa del triple crimen se centra en análisis de videos, celulares y vainas servidas

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Bajo perfil, altas ganancias

A mediados de la década del 90, los hermanos Barreto eran unos pibitos pero ya manejaban varios kioscos de droga en Paraná. Tuvieron algunos traspiés con la Justicia por robos menores. No obstante, con el correr de los años se fueron profesionalizando, aunque siempre con un perfil bajo y actividades sociales que les permitían disimular sus verdaderos negocios.

Hay quienes mencionan que por aquellos años tenían un departamento en calle Courreges, donde la Policía los allanó y les secuestró varios kilos de marihuana. El comisario a cargo de aquel procedimiento, unos años después, fue investigado por proteger a narcotraficantes a cambio de dinero. Dicen, incluso, que en aquel tiempo Los Teros se vinculaban con Julio Godoy, principal proveedor de marihuana y cocaína de la región de la época.

Las inversiones que han realizado en todo este tiempo son desconocidas para casi todos, ya que si no han caído por narcotráfico, menos aún los investigaron por lavado de activos. Pero se ha mencionado un departamento en la zona de la avenida Circunvalación Raúl Uranga, y la lujosa propiedad de uno de ellos en un country de Nordelta, partido de Tigre, provincia de Buenos Aires. Asimismo, se mencionó que manejan barras de boliches en la ciudad de Santa Fe.

Como en cualquier negocio, las relaciones entre quienes participan se dan por necesidad mutua: quien vende, quien logra traer determinada mercadería, quien consigue de mejor calidad o precio, quien tiene los contactos necesarios en cada momento, la logística para el transporte, el almacenamiento y la distribución, por ejemplo. Así, los Barreto estaban vinculados por razones comerciales con los demás personajes del narco local.

En los últimos tiempos, tenían varios frentes de conflictos abiertos. Cabe contextualizar que, desde la caída de los principales jefes narco de Paraná (Caudana, Celis, Barrientos, Viggiano, quienes si bien se mantienen en el negocio, la cárcel los complica un poco) Los Teros quedaron con el terreno bastante libre para actuar.

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Varios frentes abiertos

El primero que todos mencionaban aquel domingo a la tarde y el lunes siguiente, fue a Gustavo Petaco Barrientos. Por el modus operandi de los sicarios que actuaron en plena siesta, muchos pensaron en el jefe de la Barra Fuerte de Patronato: por el antecedente del doble homicidio en el barrio Paraná XX por el cual fue condenado, y porque cuenta con soldaditos que lo obedecen a rajatabla, quienes incluso ya han actuado en numerosas balaceras por ajustes de cuentas.

Se pensaba que los Barreto junto a Herlein se venían quedando con gran parte del mercado local. Sobre todo por la avidez de Morrón, quien sabía negociar, por precio y calidad, para ganarle los clientes a la competencia. Estos rumores que se afirmaban en distintos barrios y hasta en la cárcel de Paraná, llevaron a movimientos de defensa de distintas bandas, que esperaban armados hasta los dientes posibles represalias.

Sin embargo, esta versión se fue diluyendo, ya que el mismo Víctor Barreto asseguró: “Gustavo no tiene nada que ver en esto”.

Las sospechas se fueron concentrando en un peso pesado del narco local y regional: Germán Velázquez, un hombre que está procesado y prófugo de la Justicia Federal de Santa Fe en una causa por narcotráfico. La historia de Velázquez evidencia que el triple crimen podría tener su sello.

Criado en Paraná, hace aproximadamente una década se fue a Rosario, donde habría trabajado como sicario para la familia Paz, una banda enfrentada a Los Monos (familia Cantero), según señalan distintas fuentes. En la vecina provincia lo llamaban El Gurí.

Volvió a Paraná, donde cayó detenido por un hecho menor en comparación a los que estaba acostumbrado: un asalto a una heladería en la zona sur de la ciudad, a fines de 2013. Lo condenaron a cinco años y dos meses de prisión, pero la cárcel fue su suerte: entró pobre y salió rico. Lo alojaron en el pabellón de Roberto Sterz, condenado por la cocina de cocaína hallada en el Acceso Norte, y ahora nuevamente procesado por narcotráfico. Velázquez actuó como guardaespaldas de Sterz en la Unidad Penal. En esos años, los Barreto eran el contacto de ellos en el exterior.

Luego Velázquez comenzó con las salidas y obtuvo la libertad condicional, con restricciones. Sterz también obtuvo beneficios y cada vez que salía Velázquez lo iba a buscar a la puerta de la cárcel en una Toyota Hilux. Asimismo, en ese momento entra en escena otro histórico del hampa narco local: el famoso Cepillo, intocable por parte de la Justicia.

La sociedad entre Velázquez y Los Teros continuó. Pero Germán creció mucho más, de la mano de los Paz rosarinos, con contactos a nivel internacional para abastecer de drogas las ciudades que sean necesarias. Así se demostró en la causa federal en Santa Fe, donde Luis Paz está procesado junto a un arquitecto de esa ciudad, por un cargamento de 150 kilos de marihuana. Se demostró que Velázquez había conseguido la mercadería y organizó el traslado. Cuando surge el pedido de captura para Velázquez, Cepillo es quien le habría dado asilo en un caserón que tiene en la costa Atlántica.

En ese momento habrían comenzado los problemas entre ellos y los Barreto, y cuando Víctor decide irse a vivir a Nordelta. Las razones no son oficialmente conocidas, pudo haber sido cualquier cortocircuito en el negocio. Algunos mencionan que los hermanos se quedaron con la línea de Velázquez en Paraguay, aprovechando que Germán no puede moverse demasiado debido al pedido de captura nacional e internacional en su contra. Además, los Barreto ya venían asociados a Herlein, quien en diciembre pasado salió de la cárcel con libertad condicional, por una condena por narcotráfico.

Otro de los señalados en esta historia con presuntos inconvenientes con los Teros es el famoso Perpeto, de la zona de los barrios Rocamora y Villa Mabel, vinculado estrechamente a Club Palermo. Este hombre es primo de Velázquez, y también está vinculado a Sterz.

Pero la lista de nombres en conflicto con los hermanos Barreto continúa: un conocido proveedor de drogas de Paraná y Santa Fe, cayó hace unos años en una investigación de la Policía Federal y fue condenado tras un juicio. Ese muchacho, por alguna razón desconocida, estaba convencido que cayó porque fue entregado por los Barreto, y juró varia veces que se tomaría venganza.

También hay que mencionar otros dos episodios: el 25 de abril, dos hombres vinculados a los Barreto fueron asaltados en una quinta en Colonia Avellaneda. Los molieron a palos, les robaron unos 13 kilos de cocaína que tenían escondidos en los paneles de un Ford Ka, y se llevaron un auto Renault Fluence que, unas horas más tarde, fue hallado en poder de un adolescente de 17 años, hermano de un joven condenado por el asesinato de un contador tras un robo.

Los investigadores de la Policía reunieron los datos suficientes, pero no dictaron medidas para profundizar la investigación de este hecho.

También, se informó a UNO de un episodio elocuente sucedido el año pasado. Un grupo de colombianos se presentó en la casa de la madre de los Barreto, a bordo de una camioneta tocaron el timbre y cuando la señora los atendió, le dijeron con su amable dialecto:

“Dígale a su hijo que las deudas se pagan. Sabemos donde vive él y su familia”.

Venganza

Lo que está claro para quienes conocen a todos estos personajes y sus historias, es que “esto no va a quedar así”. El mismo domingo pasado a la noche, llegaron a Paraná alrededor de una decena de hombres desde Buenos Aires (donde los Barreto tienen buenas relaciones y amistades) dispuestos a todo.

“Pero no va a ser ahora”, asegura un investigador. Van a esperar, a definir el blanco y a contragolpear. La pregunta es quién llegará primero: si los sicarios y el que los mandó caerán presos, o si antes serán ajusticiados con los códigos del narco.

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