Esta semana el juez de Instrucción Nº 2 de Paraná, Mauricio Mayer, deberá resolver la situación procesal de Pablo Actis, acusado por la muerte de su esposa Agustina Turano, imputado de homicidio calificado. En el expediente se contradicen informes médicos sobre las causas de la muerte de la mujer: unos dicen que se trató de un suicidio, otros de un crimen.
Caso Turano: las críticas de la defensa a la imputación
La mayoría de los testimonios versaron sobre la vida de la pareja y su relación conflictiva. Pero sin testigos presenciales del momento del ahorcamiento de Turano, será el criterio del juez sobre los informes de los galenos lo que definirá la suerte del joven, así como su valoración sobre las circunstancias previas y posteriores al hecho.
Además, la familia de Actis está llena de dudas acerca de las posibles influencias que pueda ejercer en el desarrollo de la causa el padre de la fallecida, Juan Carlos Turano, quien es un exvocal del Superior Tribunal de Justicia, máximo órgano del Poder Judicial en Entre Ríos, y con contactos y relaciones en el ámbito forense.
Las dos versiones
Según el fiscal Ignacio Aramberry y el abogado querellante que representa a la familia Turano, Raúl Barrandeguy, Pablo mató a Agustina, entre las 12.05 y las 15.05 del domingo 18 de mayo en la casa que alquilaban en calle Maestro Alberdino, del barrio Lomas del Sur de Paraná. La acusación sostiene que primero le dio golpes de puño y patadas, para luego tomarla con sus manos del cuello hasta causarle la muerte por asfixia, pese a que la mujer se resistió.
Pablo Actis dio su versión del hecho y con detalles relató lo sucedido aquel día, desde que se levantaron en horas del mediodía. Incluso en su declaración accedió a responder las preguntas de todas las partes. Contó que habían desayunado y estaban por salir, cuando su pareja comenzó a insultarlo y a agredirlo físicamente. Se retiró con su hija de un año y medio cuando ella intentó quemarlos con agua caliente del termo. Se fue a la casa de sus padres, quienes lo convencieron de que realizara una exposición policial sobre la situación, por lo que fue a la comisaría 13ª, donde estuvo cerca de una hora por demoras.
Mientras, sus suegros, los padres de Agustina, iban a llevar a la otra hija de la joven (que tenía con una pareja anterior) a un cumpleaños, por lo que intentaban comunicarse con Pablo para buscar el regalo. Él los llamó y les dijo que no estaba en la casa porque había discutido con Agustina y les pidió que vayan porque ella no estaba bien. Los padres de la joven fueron a la casa a buscar el regalo, pero nadie atendió. Más tarde, Pablo regresó a la vivienda, donde su pareja no le abrió la puerta y por la ventana le dio el regalo. Él fue y se encontró con los suegros para dárselos.
Cuando Pablo volvió a su casa, observó desde afuera que Agustina se había suicidado, ahorcándose con una soga. La puerta estaba cerrada, rompió un vidrio para correr el pasador e ingresar. Descolgó a la mujer e intentó reanimarla. Corrió a la garita policial de la plaza, a una cuadra, para pedir auxilio. El policía fue y ambos intentaron nuevamente auxiliarla, pero ya había fallecido.
Cuatro médicos, dos conclusiones
El médico policial, Lautaro Javier Martínez, llegó al lugar y revisó el cuerpo de Agustina. Sostuvo en su informe que la lesión en el cuello era un surco compatible con ahorcadura por suspensión, que el mismo era vital (mientras la joven estuvo con vida), y afirmó que lo recabado en la escena cerraba con lo manifestado por Actis.
Luego llegó el médico de Tribunales Luis Molteni, quien dijo que el cuerpo tenía un surco por ahorcadura en el cuello, que la muerte databa de tres horas antes (a las 16), y que se produjo por asfixia mecánica por compresión de cuello (no observó marcas de ahorcamiento producidas con manos de un tercero).
Los restos de Agustina fueron sepultados por sus familiares, y una semana después el juez Mayer ordenó la exhumación para practicar una autopsia. El mismo presentaba un avanzado estado de descomposición. Al estudio lo realizaron los médicos forenses Luis Moyano y Walter Aguirre, quienes arribaron a otra conclusión: que la muerte de Agustina se produjo por asfixia mecánica por compresión de cuello “incompatible cadavéricamente con etiología suicida”. Tras leer este informe, el juez Mayer imputó y ordenó la detención de Actis, el 3 de julio.
Testigos, defensiva e “influencias”
Luego vino un mes de declaraciones testimoniales. El primer policía que llegó a la vivienda dijo que la mujer todavía tenía una temperatura cálida. Los familiares de Turano afirmaron que la joven sería incapaz de suicidarse, ya que vivía por y para sus hijas, e incluso estaba organizando el cumpleaños de una de ellas. Los amigos de la pareja hablaron de los celos mutuos y de la relación conflictiva que tenían. Una de las amigas de Agustina dijo que cuando ella se enojaba agredía a Pablo. La expareja de Agustina, de apellido Cuscueta, dijo que era violenta, tanto hacia él como hacia ella misma, que en una oportunidad intentó quitarse la vida, y que nunca le gustó cómo actuaron sus padres al respecto.
Ayer, el abogado defensor de Actis, Jorge Sueldo, presentó como material probatorio una parte de un diálogo por chat en Facebook que mantuvieron Pablo y Agustina, donde ella le escribió: “Vivo frustrada, vivo deprimida, vivo con ganas de no existir más”.
La defensa plantea dudas sobre las pruebas y destaca la actitud que tuvo el joven desde el mismo día del hecho: “Demostró que no quiere ocultar nada”, afirmó Sueldo. Además remarcó las inconsistencias en el análisis de la imputación sobre las pruebas, como los horarios, las lesiones que presentaba Actis (que no se condicen con una presunta resistencia de la mujer en un ataque), y que el cuerpo de Agustina no presentaba ninguna lesión por golpes.
Por otro lado, la familia del imputado hizo saber su preocupación ante las influencias que podría tener Juan Carlos Turano, como exvocal del STJ, en el desarrollo de la causa, y hubo hechos que les llamaron la atención en este sentido, como lo sucedido respecto de la tenencia de la hija de la pareja (ver aparte).
“Derechos del niño”
La tenencia de la hija de Pablo Actis y Agustina Turano, de un año y medio, es otro conflicto judicial. Tras la muerte de la madre, la niña quedó bajo la guarda de los abuelos paternos. Pero el mismo día de la citación para la imputación y detención del padre, ingresó al Juzgado de Familia a cargo de Victoria Solari una cautelar del abuelo materno de la menor, y a las pocas horas la jueza dictó el fugaz mandamiento en el cual le dio a la familia Turano la tenencia de la niña, aduciendo que se encontraba “desamparada”.
Desde la familia Actis afirman que cuando intentaron ver a la nena, los abuelos maternos se lo negaron. Por esto presentaron una cautelar para un régimen de visitas, el cual rechazaron y corrieron vista a la otra parte, por no ser un asunto “urgente”. En este sentido, los abogados de la familia Actis plantearon que se trata de “velar por el derecho de la niña a tener contacto con toda su familia”.














