Narcotráfico
Domingo 21 de Enero de 2018

Amenazas, robos y tiros: narcos y soldaditos de Puerto Viejo están intratables

Mientras algunos crecen en la venta de droga, la situación es cada vez más complicada para quienes trabajan y quieren un barrio en paz.

El barrio Puerto Viejo parece, cada vez más, tierra de nadie. Los narcotraficantes hacen sus negocios a la vista de todos, se multiplican los kioscos de droga y el movimientos de clientes evidencia las ganancias que amasan cada semana. La contracara es el pésimo ambiente para vivir y pobre de aquel que ose enfrentarlos. Los soldaditos, muchos de ellos menores de edad complicadísimos con el consumo de drogas, amenazan, aprietan y tirotean. También se los observa robando en la zona del Parque Urquiza y en el Parque Nuevo.
Hace más de medio año, UNO publicó un informe en el cual se refería la situación del barrio donde comenzó la historia de Paraná. Nombres nuevos y viejos del ambiente narco, patrimonios y crecimiento económico que los jefes de las bandas no tienen cómo justificar. Y una triste sensación de impunidad en aquellos que se levantan a primera hora para ir a trabajar. Sin embargo, parece que nadie tomó nota al respecto, lo que valida a aquellos que señalan los buenos contactos de algunos de los implicados en el negocio ilícito.


En las últimas semanas hubo nuevos episodios que dieron que hablar en la zona. Desde algunos cruces hasta amenazas y prepoteos por parte de los soldaditos que se ubican en las inmediaciones de calles Estrada y Anacleto Medina. Los hechos fueron denunciados en Tribunales, pero todavía nadie ha tomado cartas en el asunto. "Si vuelven a hacerte algo venite", le dijeron a un vecino. Parece que quienes desean que el barrio vuelva a ser el de antes, donde se criaron pescadores, changarines, trabajadores del Estado, de las areneras, albañiles, almaceneros, están condenados a vivir con miedo o a agachar la cabeza.

También se cuentan tiroteos en viviendas de quienes se animan a enfrentarlos y hasta amenazas telefónicas. "Están extremadamente violentos", aseveró una vecina.


Cuando un hombre comienza a enumerar a los que venden droga al menudeo o a los que cumplen otros roles en el negocio, como el almacenamiento de los estupefacientes, la distribución, el corte y fraccionamiento y otros mandados, le faltan dedos de las manos para contarlos. En realidad, le faltan un par de manos más, porque la lista es larga.
Algunos de los que fueron condenados por la Justicia Federal, son señalados como responsables de la situación que atraviesa el barrio. A uno de ellos, con una condena cumplida por narcotráfico y una buena vida, lo vieron el vienes por la tarde en "una lancha hermosa", según contó un testigo, paseando por el Paraná, y cada tanto sale a pasear con su perro dogo por la costanera. A otros sentenciados por narcomenudeo en sus viviendas de construcciones históricas del barrio, los ven de nuevo en el negocio. Aunque también aseguran que uno de ellos, mientras estuvo preso, "vendía más adentro que afuera".
En cambio, sobran dedos de las manos para contar los procedimientos por narcotráfico en el barrio. Desde aquellos allanamientos de la Policía Federal por una investigación que detuvo al grupo de los Motta y la Rusa Gabirondo, hasta unos de la Policía provincial el año pasado donde encontraron marihuana mientras buscaban otros elementos en la casa de un hombre que quedó libre por tener una discapacidad. Luego, algunos vecinos recuerdan que hubo otros procedimientos en la casa de personajes vinculados al ambiente narco, pero que poco antes de que lleguen los uniformados a sus viviendas sacaron la mercadería que los comprometía. "La Policía entraba por un lado y ellos salían por el otro con las cosas. A uno se lo veía caminando apurado con la mochila", cuenta un vecino, casi como si fuera un chiste.
A su vez, esto deriva en que quienes quieran denunciar, no lo hagan por temor a que a los acusados se enteren. Por ello, la queja de otros vecinos no se hace esperar: "Hay policías que molestan a los que trabajan y no a los que tienen que agarrar". En este sentido, hubo quienes deslizaron que piensan armarse para defender a sus familias, si es necesario.
Hay un hombre en particular con quien algunos vecinos tienen un gran encono, por ser quien suministra droga a los soldaditos, para que luego les hagan el trabajo sucio. Se trata de un sujeto que, lejos de querer pasar desapercibido, integra un organismo que debería trabajar para el barrio, y lo ven a los abrazos con uno de los jefes narco del la zona.

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