Secciones
Hoy por hoy

Tránsito, transporte y seguridad

El 15% de los accidentes de tránsito en Argentina se producen por el uso del teléfono celular. Las tecnológicas nos tienen adictos a las pantallas.

Martes 20 de Agosto de 2019

El sábado lo escuché a Santiago Bilinkis, que está presentando su segundo libro Guía para Sobrevivir al Presente, contar que el 15% de los accidentes de tránsito en Argentina se producen por el uso del teléfono celular, mientras manejamos o nos distraemos como peatones.

Calculo que una de las explicaciones para estas cifras dramáticas se encuentra en que el equipo de sonido de los autos nuevos –la vieja radio–, cuando subís, se conecta con el celular en forma automática mediante la tecnología inalámbrica Bluetooth para escuchar música desde cualquier plataforma. Entonces estás más pendiente de cambiar los temas y el estilo que del color del semáforo. En el medio recibís una llamada, y todos sabemos que muy pocas veces llegan buenas noticias vía celular.

A esto hay que sumarles las notificaciones de las redes sociales a la que le sumamos WhatsApp, que es una red de mensajería instantánea, pero igual acá estamos hablando de las distracciones al volante o cuando cruzamos la calle caminando chequeando el teléfono.

Son muchos los actores que forman parte de esta obra de terror en la que se convirtió el tránsito en la capital provincial.

Uno de los clásicos en Paraná es el que espera estacionado en doble fila, con la mirada clavada en la pantalla del celular, sin que le importe absolutamente nada de lo que sucede alrededor.

Con los vidrios levantados (¡¿Polarizados?!) Escuchando música y hablando en una videollamada con su amigo/a, ¿qué le puede interesar un bocinazo de otro enajenado que quiere llegar rápido al destino?

A la adicción que nos arrastran las gigantescas empresas tecnológicas para tenernos todo el día pendientes del teléfono celular, hay que sumarle que la ciudad vivió 15 días sin transporte público de pasajeros por lo que las calles fueron un infierno.

Repletas de automóviles y motos, durante dos semanas, fue mucho más complejo trasladarse por una ciudad que tiene muchas de sus arterias detonadas o con serios problemas de infraestructura.

En los días sin colectivos se escucharon opiniones de todos los colores. El domingo a la noche, en el bar que está en la esquina de Buenos Aires y Garay, una señora, primero, le contó a sus amigas el viaje por algunas capitales europeas y después de mostrarle las fotos, tiró: “Por qué no agarran las bicicletas y van a trabajar si en otros países lo hacen”. Obvio que estaba hablando de todos los empleados que se quedaron en casa por la falta de transporte.

A la paranaense que en la mesa del bar y a los gritos narró sus últimas vacaciones, desde esta columna, le quiero responder que tanto los trabajadores como los estudiantes evitan usar la bicicleta porque nunca nadie en la historia de Paraná realizó una obra pensada para los ciclistas urbanos.

El arquitecto López Segura armó los 500 metros de ciclovías en calle Maciá pero es obvio que la idea fue un arrebato lejano a una política de estado que piense en la movilidad.

Al diagnóstico lo tenemos hace rato: el paciente (el sistema de movilidad en la ciudad) está en un estado gravísimo.

La palabra de los profesionales, como sucede en estos casos extremos, toma preponderancia.

La semana que viene se reunirán los especialistas en las Jornadas Regionales de Tránsito, Transporte y Seguridad Vial que organizan el Colegio de Profesionales de la Ingeniería Civil de Entre Ríos (CPICER) y la Facultad de Ingeniería de la UNER (FI-UNER).

El jueves presentarán los paneles de Políticas del Transporte, Movilidad Urbana, Seguridad Vial; Tránsito y Desarrollo Regional. Todos compuestos por destacados disertantes.

Más allá de la ilusión que genera poder normalizar la Movilidad en Paraná, un compañero que viene trabajando en el conflicto de los colectiveros con la empresa y la Municipalidad, me advierte que el 4 de septiembre cuando tengan que pagar los sueldos de los trabajadores volverían los problemas y la teoría marca que, para tener una movilidad sostenible, hay que ofrecer un transporte público de excelencia. Calculen ustedes la situación en Paraná.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario