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Miradas: La glotonería cultural

Cuando Horkheimer y Adorno expusieron lo que ellos denominaron la "industria cultural", no anticipaban lo que vendría con la era del streaming

Viernes 02 de Julio de 2021

En 1947, cuando Max Horkheimer y Theodor Adorno publicaron Dialéctica del Iluminismo, exponiendo y criticando lo que ellos denominaron la “industria cultural”, es probable que ni en sus pronósticos más pesimistas hubieran anticipado lo que vendría con la era del streaming.

Ellos echaron una mirada crítica y profundamente pesimista sobre la función de los medios de comunicación (el cine, la radio, las revistas), que estaba consolidándose en las sociedades desarrolladas luego de la Segunda Guerra Mundial, analizando especialmente la industria del entretenimiento en Estados Unidos. “El amusement (o entretenimiento) es la prolongación del trabajo bajo el capitalismo tardío. Es buscado por quien quiere sustraerse al proceso del trabajo mecanizado para ponerse de nuevo en condiciones de poder afrontarlo. Pero al mismo tiempo la mecanización ha conquistado tanto poder sobre el hombre durante el tiempo libre y sobre su felicidad, determina tan íntegramente la fabricación de los productos para distraerse, que el hombre no tiene acceso más que a las copias y a las reproducciones del proceso de trabajo mismo”. ¿Qué dirían hoy, si pudieran echar un vistazo a Netflix, Amazon y demás plataformas de streaming?

Otro intelectual, el italiano Giovanni Sartori, señalaba que la televisión y el conjunto de nuevas tecnologías empobrecen el aparato cognoscitivo del homo sapiens y menoscaban la naturaleza simbólica del ser humano. Una de sus obras más emblemáticas es Homo Videns: la sociedad teledirigida, donde planteó la influencia de los medios de comunicación, en especial de la televisión, sobre las masas. Al momento de su publicación, en 1997, generó una gran polémica y despertó una serie de reflexiones al respecto.

Veinticuatro años después, la idea de un nuevo ser humano que solo entiende lo que ve y para el que solo existe lo que mira, ha influido en algunos hábitos de comunicación de empresas que pretenden llegar a las nuevas generaciones.

Con Netflix a la cabeza, las plataformas de streaming son mucho más que eso. Son medios masivos de comunicación, motores de cambios culturales y sociales que promueven la cultura de los maratones de series, el quedarse en casa en joggings y olvidarse del mismísimo apocalipsis que pudiera estar ocurriendo de la puerta para afuera. Amén de que la pandemia vino a darles una ayuda considerable.

Las plataformas son una oda a la glotonería cultural: decenas de categorías con amplia cantidad de títulos, tecnología multi-dispositivo, temporadas de series completas desde el día del estreno. Incluso, hasta se están encargando de “ayudarnos” a elegir qué ver. “Se acabó el drama de elegir qué ver”, anunciaba Netflix, celebrando la llegada a su menú de la herramienta “Reproducir algo”, una función que permite reproducir un contenido de forma inmediata, una serie o una película, a tono con las preferencias del usuario. Es curioso que “elegir” se haya transformado en un problema. Sin embargo, para Netflix, “a veces la mejor elección es no tener que elegir”, como rezaba otro de sus recientes eslóganes.

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Netflix y otras plataformas son la versión más pesimista de lo que Horkheimer y Adorno denominaron "industria cultural"

Netflix y otras plataformas son la versión más pesimista de lo que Horkheimer y Adorno denominaron "industria cultural"

Ya en 1947, Adorno y Horkheimer decían que el mundo entero está pasado por el tamiz de la industria cultural. “La atrofia de la imaginación y de la espontaneidad del consumidor cultural contemporáneo no tiene necesidad de ser manejada según mecanismos psicológicos. Los productos mismos, a partir del más típico, el film sonoro, paralizan tales facultades mediante su misma constitución objetiva”, señalaban.

A la luz de los acontecimientos actuales, no es ningún secreto que ese momento de tiempo libre, de “maratón” de series, que se promueve como un instancia de relajación o esparcimiento, lo único que hace es continuar alimentando al sistema: “El placer se petrifica en aburrimiento, pues, para que siga siendo placer, no debe costar esfuerzos y debe por lo tanto moverse estrechamente a lo largo de los rieles de las asociaciones habituales. El espectador no debe trabajar con su propia cabeza: toda conexión lógica que requiera esfuerzo intelectual es cuidadosamente evitada”, decía Adorno, sin imaginar cuán actual sonaría 75 años más tarde.

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