Hoy por hoy

La eterna postergación de ser provincias

Mudar la capital es una solución posible para descentralizar el país y terminar con la desigualdad y la postergación de las provincias.

Domingo 26 de Junio de 2022

Las provincias son preexistentes a la Nación, manifestaron los gobernadores justicialistas el viernes en Chaco. Sin embargo, a sus habitantes eso no les ha significado un derecho a gozar de los beneficios que tienen quienes residen en la capital del país. Siempre han ido a la cola, a la espera de que en algún momento se tome la decisión política de volver a repartir la torta y se terminen la postergación y las injusticias.

Como suele suceder cada cierto tiempo, hoy por hoy se está hablando de las asimetrías entre Buenos Aires y las provincias. Esto se ve en aspectos como el precio y la escasez de combustibles –el gasoil está por las nubes y el faltante afecta al transporte de cargas y pasajeros– y también en los subsidios, que hacen que en la capital del país se pague el boleto de colectivo a 18 pesos y en Paraná a casi 60.

Las tarifas de los servicios públicos también difieren entre la capital y el resto del país. En especial las de la energía eléctrica, como demuestran diversos estudios e informes periodísticos, ya que además de los subsidios, en la determinación de los valores incide el costo de la distribución: cuesta más distribuir la luz en lugares poco poblados que en aquellos con mucha densidad como el Área Metropolitana de Buenos Aires. En cuanto al gas natural, no habría mayores diferencias, pero si se tiene en cuenta el gas envasado, que es el que se utiliza todavía en muchísimas localidades de las provincias, las distancias en los precios son abismales.

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El país presenta también asimetrías estructurales en muchos otros sentidos. Lo del gas en garrafa es uno de los síntomas del atraso que todavía persiste y que hacen que la vida sea en general mucho más confortable en el espacio delimitado por la avenida General Paz, el Río de la Plata y el Riachuelo, que de allí para afuera. Los medios porteños suelen reflejar lo mal que lo pasan los y las estudiantes cuando no funciona la calefacción en las escuelas. Calefacción en las escuelas es un lujo para Entre Ríos.

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Lo mismo sucede con el acceso a la salud, a la educación y a la cultura. Cuando alguien del mal llamado interior necesita atenderse por alguna enfermedad seria, si tiene los recursos suficientes, seguramente lo hará en Buenos Aires. Lo mismo cuando un joven elige estudiar determinada carrera o, salvando las distancias, cuando muchos deben viajar para ver un recital de su músico favorito o un partido de fútbol.

En el terreno de la comunicación sucede lo mismo. Hay una sobreabundancia de medios audiovisuales que emiten desde la capital federal y esparcen a todo el país noticias que no son de interés aquí y narrativas sobre el modo de vida porteño, que nada tiene que ver con las costumbres del Litoral, de la Patagonia o de la Cordillera, por citar algunas regiones arbitrariamente.

Las asimetrías son históricas y estructurales. Vienen desde los tiempos de la conformación del Estado-Nación; y fundamentalmente, desde el gran crecimiento que la ciudad de Buenos Aires experimentó a finales del siglo XIX y principios del XX con la llegada de las corrientes inmigratorias, el desarrollo de su infraestructura urbana, el puerto, el tendido ferroviario.

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La dirigencia política suele reconocer esta desigualdad que implica vivir en el centro o vivir en la periferia. Lo señalaron los gobernadores de la Liga hace pocas horas. Lo ha dicho muchas veces el actual presidente Alberto Fernández, quien inventó lo de las “capitales alternas” como una respuesta al problema, pero sin ningún impacto concreto hasta el momento. Se vuelve a escuchar cada tanto alguna propuesta de mudar la capital a alguna provincia, como lo intentó en su momento Raúl Alfonsín, pero desde aquellos años 80 nunca se encaró esa propuesta con la seriedad y la planificación que se merece.

Mudar la capital podría ser una posible solución para descentralizar el país y que miremos un poco más hacia adentro, como lo hicieron Brasil, Australia, Nigeria o Malasia. Pero como siempre, lo urgente relega lo importante.

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