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Hubo un Lambruschini peronista

"El que dejó este mundo la semana pasada a los 70 años fue un intelectual que hizo escuela en Paraná; se puede coincidir o discrepar con su pensamiento. Lo que es improcedente, a todas luces, es ignorarlo"

Sábado 22 de Febrero de 2020

No fui alumno, amigo, ni contertulio de Gustavo Lambruschini. Tampoco accedí de primera mano a alguna de sus memorables conversaciones filosóficas o políticas. Sin embargo su deceso me conmovió. Su condición de polemista le dio, desde mi perspectiva, una visibilidad pública notable durante todos estos años que estamos transitando en democracia de manera ininterrumpida. Todo el tiempo lo ubiqué en las antípodas del peronismo. En rigor, a su pensamiento lo encasillé como el de un gorila lomo negro de pura cepa. De escucharlo o leerlo acabé persuadido de que le costaba comprender, más bien admitir, las razones por las que el pueblo abrazó a Perón como el principal hacedor del mayor cambio social de la Argentina luego de su creación como Nación.

Sin embargo un día, no sé cuándo ni dónde pero hace algo así como una década, alguien dijo que Lambruschini una vez fue peronista. Reconozco que la frase me resultó inverosímil hasta que Julio Vallana lo entrevistó para este diario y le preguntó al respecto. Vaya aquí el fragmento principal de aquel artículo publicado el 5 de agosto de 2012.

—¿Cómo fue el momento familiar cuando comentaste tu adscripción al peronismo?

—Fue experimentado como una suerte de traición e ingratitud familiar, al igual que en el círculo de los amigos. Mi padre tenía una casa que el Partido Peronista se la había sacado, en una de esas arbitrariedades y abusos del poder que siempre ha tenido. Estaba más aceptado que uno podía volverse comunista o socialista, pero no peronista porque tenía un ingrediente plebeyo. Papá siempre fue un conservador que votó al Partido Radical. Lo que fue para él una suerte de quiebre (se emociona) fue cuando… lo mataron a un… amigo mío, de Paraná. Ahí se transformó en un enemigo mortal de la dictadura, al punto que nunca dejó de ser alfonsinista. Mientras el Partido Peronista sostenía en 1983 que la autoamnistía de los militares era correcta, Alfonsín dijo “no”, porque existía un pacto militar-sindical. Argentina es un país vergonzoso por muchas razones, pero hay dos por las que no: una es el juicio a las juntas (militares) y la otra es la Ley de Migraciones; también podríamos agregar una tercera como la Ley de igualdad de género.

—¿Aquella ruptura era una especie de traición de clase?

—Sí, un fenómeno que no ocurre ahora porque la burguesía argentina es toda peronista. No obstante en 1976 fui preservado y rescatado por vínculos familiares, cuando no se sabía hasta qué punto se estaba en riesgo de muerte, porque caían hasta los perejiles. Fue el abandono de la política y el retorno a la familia.

Para poner en contexto, Labruschini habla de su adhesión al peronismo en los últimos años de la década de 1960, cuando estudiaba Filosofía en Buenos Aires y, cómo el mismo dijo alguna vez: “El primer hecho político que registré fue lo de (la educación) laica y libre. En 1968 (en la facultad) no había ninguna agrupación peronista, sino que todas eran de izquierda. Como un proceso que fue vertiginoso, el peronismo se transformó en mayoritario y muchos estudiantes naturalizaron que el proletariado argentino era peronista, que en el peronismo existía una larga tradición de lucha que podía ser interpretada en términos revolucionarios y que las consignas eran de ese tipo. La lucha callejera y las manifestaciones pertenecían a una cosa en la cual no se establecían muchas diferencias. El Perón de esa época, una versión guerrillera, alentaba lo que llamaba las formaciones especiales, hablaba ambiguamente del socialismo nacional y mencionaba a Mao, y fue decisiva la película de Fernando Solanas Actualización política y doctrinaria para la toma del poder, que era un tipo de instrucción militar”.

El que dejó este mundo la semana pasada a los 70 años fue un intelectual que hizo escuela en Paraná; se puede coincidir o discrepar con su pensamiento. Lo que es improcedente, a todas luces, es ignorarlo.

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