Pasaron las elecciones legislativas, las primeras que se realizan en un escenario de pandemia global. Y el resultado no es algo que se pueda soslayar, ni mucho menos. Los comicios dejaron un claro mensaje. Entre Ríos fue una de las provincias que se pintó casi por completo de amarillo, incluso en departamentos que habían sido bastiones del peronismo. Perder estaba en los cálculos del oficialismo, más allá de que en declaraciones de ocasión el discurso haya sido otro. La sorpresa quizás radicó en la diferencia entre ambas fuerzas, ratificando no solo el crecimiento de Juntos por Entre Ríos, sino además del referente de ese espacio, Rogelio Frigerio. Surgen muchos interrogantes aún sin respuesta respecto del comportamiento del elector en esta provincia. ¿En qué medida el resultado representa un voto castigo para la gestión de Alberto Fernández y su plan de gobierno desbaratado por la irrupción de un virus desconocido y mortal?
El mensaje que dejaron las urnas
El 14 de junio se inscriben las alianzas electorales.
Se afirma que en las elecciones de medio término se evalúa el rumbo del gobierno nacional, soslayando las propuestas de los candidatos al Congreso nacional. Quizás a esta altura sea una sentencia con poco fundamento, porque la gente reconoce a las gestiones provinciales y el perfil de su gobernador. Gustavo Bordet es la cara visible de un proyecto político en Entre Ríos, identificado con el peronismo no kirchnerista que apostó a una gestión equilibrada en términos financieros y fiscales. Como dijo el mandatario tras haberse conocido la dura derrota del 14 noviembre, en esta oportunidad no estaban en juego cargos ejecutivos provinciales ni municipales. Pero el peronismo perdió por más de 180.000 votos, una diferencia superior a la que Cambiemos obtuvo en las legislativas de 2017. En esa conferencia brindada en la Casa del Partido Justicialista se habló de propiciar un espacio de autocrítica entre la dirigencia y las bases del movimiento justicialista.
Solamente se destacó que para las generales se produjo un cambio de mentalidad de la militancia y un mayor despliegue territorial durante la segunda parte de la campaña. El propio Bordet acompañó a Cresto y a los candidatos de la lista del Frente de Todos en la mayoría de los actos, sumando además a la vicegobernadora, Laura Stratta. Pero la suerte ya estaba echada.
El día después de la elección el gobernador anunció que a fin de año habría cambios en el gabinete, y enseguida comenzaron a circular nombres para ocupar ministerios estratégicos. Algo muy superficial para el contundente mensaje que transmitieron las urnas en términos políticos y sociales. Por lo pronto el rumbo de la gestión se afianza sobre el plan de obras públicas y la histórica campaña de vacunación contra el coronavirus. Se espera entonces, que en el corto plazo, no haya demasiados cambios, más allá del pedido de algunos dirigentes de primera línea de propiciar el sistema de internas en las próximas elecciones y de generar una mayor participación de las bases.
La derrota dejó severas secuelas que se deberán recomponer a través del diálogo, seguramente en la mesa chica de la conducción provincial.
Es bueno preguntarse qué representa para Frigerio y compañía el caudal de votos obtenidos durante este proceso electoral. Semejante respaldo consolida al exministro del Interior macrista como el líder de la oposición en Entre Ríos. El dirigente habló durante las semanas posteriores a las elecciones, y ante una consulta periodística sobre las razones que explicaban su triunfo afirmó: “Seguro hemos tenido votos peronistas”. No es una novedad que la propuesta ideológica de Frigerio supo fidelizar a ciertos sectores del peronismo entrerriano.
Ese armado le permitió al frigerismo asegurarse victorias en distritos claves como Paraná, Concordia o Gualeguaychú, en lo que se constituye como el primer round pensando en las elecciones ejecutivas para 2023. Muchos dirán que para ese momento falta mucho, aunque haya dirigentes que piensan lo contrario. La gente ejerció su derecho al voto dejando entrever profundas diferencias con el proyecto político que dirige el país. La clase política –oficialismo y oposición– deberá escuchar el mensaje dejando de lado cualquier ambición personal en el corto plazo.












