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Argumentar, no descalificar

"La chicana berreta y la falacia sólo sirven para fogonear el descontento y desviar la atención de lo que es realmente importante."

Sábado 13 de Junio de 2020

Un argumento ad hominem es un tipo de falacia que consiste en dar por sentada la falsedad de una afirmación sólo teniendo como base quién la ha emitido o la defiende. Es decir, se busca desacreditar el argumento al desacreditar a la persona que lo sostiene. Así todo lo que diga la persona desacreditada, quedará en tela de juicio. Dicen los que saben, que debe ser un as bajo la manga y que sólo debería usarse cuando el otro está por ganar el debate, pues no es el más “honorable” ni aconsejable.

Numerosos son los ejemplos de argumentos ad hominem que a diario podemos ver en las redes sociales, donde se ha montado una pseudo arena política. Allí, generalmente, los debates se sostienen mediante memes, esas unidades mínimas de información que suelen ser muy divertidas y ocurrentes, que describen una idea, concepto, situación, expresión o pensamiento resignificando alguna imagen con un texto breve que la acompañe.

Los memes suelen ser muy efectistas e incisivos, pero a la vez pecan de sintéticos y de pobreza argumental. Y, generalmente, cuando de debatir cuestiones políticas se trata, tienden a ridiculizar al otro. Cuando el meme concuerda con nuestro pensamiento, lo compartimos para festejar la ocurrencia, porque nos parece chistoso. Pero, si queremos intercambiar ideas y tratar de convencer al otro, un meme ridiculizante tiene el mismo efecto que darle una cachetada. En lugar de rebatir lo que la parte contraria dice y argumentar nuestra postura con algo demostrable, lo que logramos es ofender al contrincante. Y, en muchas ocasiones, rebajarnos a su nivel.

En estos días, en los que uno escucha y lee barbaridades de parte de quienes hablan de conspiraciones reptilianas, de posturas antivacunas, de que la cuarentena tiene como fin coartar las libertades individuales, de gobiernos maoístas en el cono sur, ideas que son fácilmente rebatibles, no es necesario meterse al debate usando descalificaciones hacia quienes propalan esas falacias, sino atacar a la idea en sí a través de la lógica, del argumento racional, y no utilizando otras falacias.

Hay que cambiar la forma de debatir en todos los niveles de la sociedad. La chicana berreta y la falacia sólo sirven para fogonear el descontento y desviar la atención de lo que es realmente importante. Nos quedamos en un constante retruque que no lleva a ninguna parte y sólo sirve para demostrar quién es más ocurrente.

No es aquí la idea levantar el dedo acusador contra quienes comparten memes (de hecho, soy fan del ingenio popular que circula en las redes, me divierte mucho), pero sí instar a no hacer públicas ciertas descalificaciones en torno a cuestiones que conviene abordar desde una perspectiva más política, en el sentido más amplio de la palabra. Es una invitación a conciliar y convencer, en vez de atacar.

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