En esta época del año, con las temperaturas en ascenso, los mosquitos empiezan a sentirse en la región, y se suman a los molestos jejenes, que ya desde hace un par de meses comenzaron a incrementar su población y picar a quienes están cerca de los ríos o arroyos, que es el lugar donde se crían.
Hay más mosquitos: junto a los jejenes asedian a paranaenses
Por Vanesa Erbes
Los mosquitos aprovechan el agua estancada que deja la bajante del Paraná.
Enseguida se alzan las voces de muchos de los que son víctimas de algunos de estos insectos, pidiendo que se fumigue para controlarlos. Sin embargo, hay quienes afirman que esto no es la solución, ya que los químicos que se utilizan con este fin no alcanzan a huevos, larvas y pupas; y en cambio causan la muerte de otras especies, como abejas, avispas y mariposas, de gran importancia en la polinización, y generan una contaminación ambiental que puede afectar a largo plazo al ser humano.
Mariana Maglianese, licenciada en Saneamiento Ambiental y magíster en Zoonosis, quien está a cargo del control de Vectores de la Región, en el Ministerio de Salud de Santa Fe, dialogó con UNO y explicó que en esta época comienza una mayor actividad de este tipo de insectos, al estar favorecidos por condiciones ambientales, y diferenció los ciclos de reproducción del mosquito culex, que es el que comienza a verse más por estos días; el aedes aegypti, que suele aparecer más a fines de mes o en noviembre, y es el que puede ser vector del virus del dengue; y el jején, que pertenece a la familia de los simúlidos, pero causa molestias con sus picaduras al igual que los dos primeros.
“Básicamente los mosquitos y jejenes tienen su ciclo de vida en el agua y necesitan este recurso para criarse. Sin embargo, lo hacen en distintos tipos de lugares y con diferentes condiciones. Por ejemplo, el aedes aegypti, que trasmite enfermedades, necesita recipientes donde depositar los huevos y pegarlos a la paredes de la superficie, con agua relativamente clara y a la sombra”, comentó.
Asimismo, manifestó: “Este tipo de recipientes son los que se pueden encontrar en los patios de las casas, donde suele haber botellas, tarros, platitos en las planteras, regaderas, chatarras u otro tipo de basura en la que se acumula agua cuando llueve. El aedes aegypti coloca los por arriba del nivel del agua. A partir de la lluvia que rellena el recipiente y lo inunda, junto a temperaturas más altas y el fotoperíodo favorable, que son las horas de luz que hay durante el día, están dadas las condiciones para que esos huevos se desarrollen”.
Sobre el culex, contó: “También es un mosquito de agua estancada, pero puede poner los huevos tanto en un recipiente, en botellas y demás, y también en zanjas, charco, lagunas, cavas. Esto se debe a que nos los pega en las paredes, sino que se posa y tiene capacidad de sostenerse sobre el agua. Así que va poniendo los huevos uno pegadito al otro y hace como unas barquiillas de 80 a 100 huevos que flotan arriba del agua”.
“En este caso, se amplía la cantidad de lugares donde puede estar este mosquito, que es muy molesto. A diferencia del aedes aegypti, no tiene problemas con que el agua sea sucia para poner los huevos; por el contrario, se crían muy bien en zanjas con agua podrida, con mucha materia orgánica, jabonosa”, agregó.
Acerca de por qué aparecen con más asiduidad y en mayor cantidad en esta época, explicó: “En invierno, cuando hay falta agua porque hay menos lluvia, quedan los huevos de la última vez que los mosquitos pusieron. Generalmente pueden ser de cualquier tipo los huevos que la hembra puso en abril y mayo; después esas hembras mueren, porque ningún mosquito resiste por debajo de los 8° C, pero quedan esas reservas biológicas. Desde mitad de octubre en adelante, con lluvias intermitentes que son suficientes para inundar los espacios donde están los huevos, y con más calor, nacen los culex, y se da que también hay más aedes aegypti, que por lo general no están infectados con dengue”.
Con respecto a los jejenes, que ya vienen asediando a quienes pasan más tiempo al aire libre, sobre todo cerca del río o algún arroyo, aclaró: “No son de la misma familia que los mosquitos, sino que son de la familia de simúlidos pero los metemos en la misma bolsa porque nos pican y nos dejan afectados por las ronchas”.
Sobre este punto, señaló: “Su ciclo es distinto. Si bien también se crían en el agua, no es en agua estancada. No ponen huevos dentro de recipientes, no precisan paredes, por el contrario se crían en agua que corra y que tenga mucho oxígeno. El hecho de que el agua corra genera turbulencia y genera más oxigeno, entonces el jején está relacionado generalmente a arroyos, o a ríos pero que tengan muy poco caudal, que es lo que está pasando en esta época, que muchos de los afluentes tienen un nivel muy bajo. Porque en un río que tiene dos o tres metros de profundidad, o 70 centímetros, el jején no puede criarse, porque lo que hace el jején hembra es depositar sus huevos en plantas acuáticas y quedan pegados en ellas. Ahí nace la larva y se depositan en el fondo de ese río o ese arroyo y si es muy caudaloso se va, no puede fijarse y hacer su ciclo, que a eso lo logra si ese curso de agua tiene entre 20 y 50 centímetros”.
LEER MÁS: Invasión de jejenes: por el calor se acrecentó su población
“Cuando baja el nivel del río Paraná o de la laguna Setúbal, o algunos de los afluentes y se generan pequeños canales por donde corre el agua, se crean las condiciones necesarias para que los jejenes que puedan colocar sus huevos, llegue la larva al fondo, se fije al fondo y ahí se desarrolle la pupa y nazcan los jejenes”, profundizó.
¿Por qué no fumigar?
Pese a lo molestos que son mosquitos y jejenes, La especialista en Zoonosis y en Saneamiento Ambiental advirtió que no se fumigarlos, e instruyó: “Cuando se fumiga, se mata a la población de mosquitos adultos que están volando. Se utilizan directroides, que se inactivan con la claridad, por lo tanto quedan las reservas de huevos, y pupas, que no se puede matar con fumigación, no les llega y no los afecta en nada. Y como no tiene efecto residual, permanentemente el material biológico se sigue generando. Y la fumigación no es selectiva: mata además abejas, avispas, mariposas, que son polinizadores; y aguaciles, que son controladores de los mosquitos, se come la larva del mosquito en el agua”.
“Se crea un desequilibrio tan grande en el ambiente y se causa contaminación. Las personas terminamos respirando una fumigación y nos hace mal, no es sano. Y lo que propiciamos es un ambiente saludable”, remarcó, y aclaró que tampoco se tiene que recurrir a los espirales y tabletas, pro el mismo motivo.
Para prevenir picaduras, indicó utilizar repelentes, sobre todo en el caso del jején, que hoy abunda porque las aguas del ríos están bajas; si es posible, recurrir a las telas metálicas o mosquiteros para cubrir las ventanas; descacharrizar para evitar el mosquito del dengue e instar a los vecinos a hacer lo mismo para que sea efectiva esta medida. Y a los funcionarios los instó a hacer un trabajo de mantenimiento de las zanjas que tengan inclinación para que el agua no quede estancada: “Si no hay agua, no hay mosquitos, y si no hay mosquitos, no hay dengue y tampoco hay mosquitos molestos como el culex. Los funcionarios deberían recorrer los barrios y hacer un trabajo con excavadora de mantener las zanjas libres de agua, ya que esta no es la función de las mismas, sino que son un retardador para contener el agua, que continúe viaje y que desagüa donde deba hacerlo, en algún río, un arroyo. Ahí se acaba el problema”, concluyó.















