Hechos diciembre 2001
Miércoles 20 de Diciembre de 2017

En recuerdo de los muertos de 2001

A 16 años del diciembre negro. Se recuerda la muerte de Eloisa Paniagua, Romina Iturain y José Daniel Rodríguez por la represión policial en Paraná en el marco del estallido social de 2001

Romina Iturain tendría 31 años y posiblemente hoy estuviera dedicada a sus hijos, según lo imagino. Eloisa Paniagua tendría 29 y tal vez andaría lidiando con el más chiquito de los siete hermanos que habían quedado huérfanos poco antes del diciembre negro de 2001. José Daniel tendría 41.
Hoy se los va a recordar en un contexto donde la violencia es parte de las noticias del día. Y la verdad es que temo que ese merecido recuerdo se empañe por las visiones encontradas de lo que sucede hoy con el gobierno y la política.
Cada diciembre, cuando tengo la posibilidad de recordar en las páginas de UNO a los muertos de aquellos días, me vienen a la cabeza los mismos pensamientos. En aquellos momentos, cuando se produjo el estallido social, muchos pensábamos que esos hechos no podrían olvidarse fácilmente. Sin embargo, otra vez en esta fecha, uno se pregunta si en realidad se decidió olvidar aquellos días y apuntalar la impunidad con el olvido.
Lo que queda claro es que el tiempo no borra las injusticias.
Puede pensarse que es natural irse olvidando de aquello. Ya han muerto también algunos de los protagonistas centrales de esas historia, aunque el destino cada tanto se esfuerza en recordarnos con llamativas coincidencias que también a comienzos de este siglo, el hilo se cortaba por lo más delgado.
En nuestro trabajo es inexorable, cada tanto, referirse a la crisis de 2001, hablar con alguien, recordarla por alguna noticia (por ejemplo el reciente juicio a tres ministros de la gestión de Sergio Montiel) y siempre aflora inicialmente el recuerdo de los famosos bonos federales, la representación de la crisis económica nacional que se patentizó en Entre Ríos también por alguna corruptela en la emisión de la cuasimoneda y notorios errores políticos.
El recuerdo de los bonos está vivo y presente. En cambio, el de aquellas muertes es cada vez más difuso. Tampoco tengo una respuesta acerca de los recuerdos y los olvidos. Yo mismo casi olvido al escribir estas líneas, que llegó antes a juicio la quema de la puerta de la Casa de Gobierno que la investigación de las muertes de Romina o José Daniel. Sí se juzgó al Policía que mató a Eloisa en el Parque Berduc. Pero nadie juzgó a los que le permitieron reprimir con plomo. El mismo plomo caliente que se partió en dos en el corazón quinceañero de Romina. Eso les pasó básicamente por pobres, por pensar que alguien se acordaría de ellos, por estar cerca. Nada más. También a José Daniel lo mataron por pobre, y encima por meterse, por reclamar, por querer participar.
Me pregunto cómo se combate esa segunda muerte de Eloisa, Romina y José Daniel. La muerte del olvido. Y entiendo que es difícil, y también necesario.
Ya lo escribí y lo repito. Hace 16 años Eloisa Paniagua tenía 13 y corrió lo más rápido que pudo, arrastrando a algunos de sus siete hermanitos. Con esa edad hacía de madre,ya que su mamá había muerto siete meses antes. Fueron al supermercado Norte de calle San Juan porque alguien dijo en la radio que allí iban a repartir comida. La Policía los dispersó y un cabo le partió la cabeza con un disparo de su pistola 9 milímetros cuando atravesaban el parque Berduc.
Poco después otra bala policial le partió el pecho a Romina Iturain. Tenía 15 años y estaba tomando mate en la casa de la prima. Era la chica que les fiaba, en la despensita de su papá, a muchos de los desesperados que en ese momento pedían comida en Wal Mart. Pedían pan y la Policía les respondió con plomo. La mataron adentro de su casa y nadie está preso.
Pocos días después apareció el cuerpo de José Daniel Rodríguez. Lo había levantado la Policía durante las jornadas sangrientas. ¿Adivinen quién lo mató? Habían intentado quemar el cadáver pero, tal vez sabiendo que no tenía parientes que lo reclamaran, lo tiraron en el Nuevo Parque como alimento de las alimañas.
En el país hubo 39 muertos y millares de heridos por la represión policial. En Rosario cayó otro entrerriano: Pocho Lepratti, El ángel de la bicicleta, el Maestro villero, al que la Policía santafesina fusiló sin piedad.

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