Con la vendimia en marcha o a punto de comenzar en algunos lugares, la vitivinicultura entrerriana inicia un nuevo ciclo con buenas perspectivas productivas y un sector en plena expansión. En este marco, se vuelve a poner en movimiento un proceso que combina tradición, conocimiento, trabajo y territorio. Un ciclo que se repite año tras año, pero que sigue encontrando nuevas formas de crecer, tanto en las fincas como en las copas.
El mágico ritual de la vendimia ya se palpita en los viñedos entrerrianos
Inicia en la provincia un nuevo ciclo de cosecha. La vendimia este año genera buenas perspectivas productivas en un sector en plena expansión
Por Vanesa Erbes
Gentileza: Nadia Navarrete
La vendimia de uvas chardonnay ya comenzó en algunos viñedos
Siguiendo la maduración de las bayas y la atención puesta en el comportamiento del clima en los próximos días, los viñedos de la provincia empiezan a transitar uno de los momentos más esperados del año: la vendimia. En distintas zonas de la provincia algunas bodegas ya iniciaron la cosecha, mientras que otras se preparan para hacerlo en las próximas semanas, en un proceso escalonado que se extenderá, según las variedades, hasta mediados de febrero.
El control del punto óptimo de cosecha resulta determinante para la calidad final del vino. “Se controla permanentemente la maduración de la baya y la cantidad de azúcar que tiene. La maduración es necesaria para garantizar el cuerpo del vino, y el azúcar define el potencial de alcohol que va a tener”, explicó a UNO Julia Lugrin, titular de Finca Los Teros, emprendimiento familiar ubicado en Paraná que lleva casi 17 años dedicado a la vitivinicultura.
La decisión sobre el momento exacto de cortar la uva es uno de los factores más delicados del proceso. “Si la cortás sin azúcar, no vas a tener mucho alcohol; y si la cortás verde, el vino no va a tener cuerpo. Por eso estamos mirando todo el tiempo para hacerlo en el momento correcto”, detalló Lugrin, al describir el trabajo cotidiano que se intensifica en estas semanas.
Vendimia escalonada
La vendimia en Entre Ríos no comienza de manera uniforme ni simultánea. Tal como explicó María Jesús Vulliez, una de las titulares de la Bodega Vulliez Sermet, en Colón, y actual presidenta de la Asociación de Vitivinicultores de Entre Ríos (AVER), el inicio es gradual y depende tanto de las variedades implantadas como de las condiciones climáticas de cada zona. “Estamos recién empezando. Algunos productores ya arrancaron y otros lo harán en los próximos días. En general, el período fuerte va entre fines de enero y febrero, y puede extenderse hasta mitad de febrero”, señaló.
Por lo general, las primeras uvas en cosecharse son las blancas, que alcanzan antes su punto ideal, mientras que las tintas requieren mayor tiempo de maduración. En el caso de Finca Los Teros, el cronograma comenzará con chardonnay, para luego continuar con syrah –destinada a vinos blancos, rosados o noir– y, finalmente, avanzar con malbec y el resto de las tintas.
En este proceso, el clima tiene un peso decisivo. “Las lluvias influyen porque pueden diluir el azúcar del grano, por eso todo depende de la variedad y del estilo de vino que se quiera hacer”, explicó Lugrin.
En este sentido, hay que considerar que días de calor, amplitud térmica y lluvias moderadas pueden marcar la diferencia entre una cosecha promedio y una de gran calidad.
Un año óptimo
Pese a los desafíos habituales de la actividad, las productoras coincidieron en que la campaña se presenta con muy buenas perspectivas. “La cosecha viene muy bien, porque las lluvias han sido justas. Estamos ante un año de uvas muy sanas”, afirmó Lugrin.
Vulliez, por su parte, destacó que no se registraron eventos climáticos extremos que hayan afectado de manera generalizada a los viñedos entrerrianos. “Cada viñedo es un mundo y depende de los cuidados que reciba, pero no hemos tenido grandes saltos de clima que nos hayan perjudicado”, indicó.
Entre los trabajos habituales en esta etapa, mencionó la colocación de mallas antipájaros y medias sombras para proteger los racimos de los loros y otras aves, una problemática recurrente en la provincia y una práctica cada vez más extendida entre los productores.
Cosecha temprana
Mientras la mayoría de las bodegas entrerrianas se prepara para iniciar la cosecha o se encuentra dando los primeros pasos, en María Luisa la vendimia ya es un hecho. Allí, Bodega Fisolo, un emprendimiento familiar que se distingue por ser el único de la provincia dedicado exclusivamente a la elaboración de vinos espumantes, realizó su vendimia durante la primera quincena de enero, adelantándose al calendario habitual del sector.
“La particularidad que tenemos es que hacemos únicamente vinos espumantes. Por eso nuestra vendimia es más temprana que la del resto de las bodegas”, explicó Matías Fisolo, integrante del proyecto, en diálogo con UNO.
A diferencia de los vinos tranquilos, las uvas destinadas a espumantes requieren mayor acidez y menor concentración de azúcar, condiciones que se alcanzan antes en el ciclo de maduración.
En ese marco, Fisolo señaló que la campaña fue particularmente favorable. “Este año nos vino muy bien. Tuvimos una muy buena cosecha”, afirmó, destacando tanto la cantidad obtenida como la sanidad y calidad de la uva, factores fundamentales para lograr espumantes de calidad.
La cosecha temprana, que en su caso suele realizarse entre la primera y segunda semana de enero, permite preservar la frescura natural de la uva, una característica clave en este tipo de vinos, donde la acidez cumple un rol central en el perfil final del producto.
Especialización y perfil productivo
Bodega Fisolo se consolidó como un caso singular dentro del mapa vitivinícola entrerriano. Si bien existen otras bodegas en la provincia que elaboran espumantes, la de María Luisa es la única que se dedica de manera exclusiva a este tipo de vinos.
Durante años, la normativa nacional distinguió entre bodegas y champañeras, impidiendo que un mismo establecimiento elaborara ambos productos. En ese contexto, Fisolo se inscribió como champañera y apostó de lleno a ese segmento. “Hoy existe la figura de bodegas integradas, que pueden hacer vinos y espumantes. Nosotros podríamos hacerlo, pero decidimos seguir por el mismo rumbo y caracterizarnos únicamente como champañera”, explicó Matías, su titular.
Entre los productos que elaboran se encuentra el blanc de noir, un vino blanco hecho a partir de uvas tintas, una técnica que permite obtener espumantes de mayor complejidad y elegancia.
La producción se realiza a pequeña escala y se comercializa principalmente dentro de la provincia.
Enoturismo
Más allá de la producción, la vitivinicultura entrerriana atraviesa una etapa de crecimiento integral. “Viene creciendo en todo sentido: hay más plantaciones, quienes ya están buscan perfeccionarse, suman asesoramiento profesional y muchos se incorporaron al turismo”, destacó Vulliez.
Las visitas guiadas en las bodegas son una propuesta cada vez más elegida, tanto por entrerrianos como por turistas de provincias vecinas. En Finca Los Teros, por ejemplo, se realizan visitas diarias con degustación de vinos a precios accesibles. “Eso permite que una familia pueda venir, conocer el lugar y vivir una experiencia distinta”, explicó Lugrin.
En Bodega Fisolo, el enoturismo también ocupa un lugar central. La bodega ofrece recorridos de entre dos y dos horas y media que incluyen un repaso por la historia del emprendimiento y de la vitivinicultura entrerriana, una explicación sobre el cultivo de las uvas y el proceso de elaboración del champagne –con especial énfasis en la segunda fermentación y la formación de las burbujas dentro de la botella–, y una degustación final con maridajes salados y dulces.
El crecimiento del sector también se refleja en el consumo. “La gente que nos visita prueba los vinos y después vuelve a llamar para comprar más. Eso sorprende y da mucha satisfacción”, sostuvo Vulliez.
Para Lugrin, el desafío sigue siendo animar al público a descubrir lo propio. “Que se animen a probar los vinos entrerrianos. En una copa se concentra todo un año: el clima, el suelo, el trabajo del hombre y lo que produjo la vid”, expresó.
Desde AVER, el trabajo asociativo cumple un rol clave a través de capacitaciones, acompañamiento técnico y eventos como EntreViñas, el encuentro anual del sector que este año se realizará en Victoria, y que busca fortalecer una actividad que dejó de ser marginal para consolidarse como una producción con identidad provincial.



















