Miradas
Jueves 18 de Octubre de 2018

Un Día de la Lealtad sin límites a la unidad

En general, para la fecha los medios hacen un análisis de la conducta de la dirigencia justicialista y de las proyecciones que pueden hacerse de los diferentes perfiles de cada uno, pero eso no incluye, un análisis del sentir del pueblo peronista.

Luego de haber conmemorado la fecha 73 veces, el Día de la Lealtad puede ser tanto un momento de reflexión y profundo sentir para los justicialistas argentinos, como un momento para sacar del baúl cientos de expresiones trilladas para usarlas de acuerdo a lo que marcan las efemérides; o las dos cosas juntas, y muchas otras también.
En general, para la fecha los medios de comunicación hacen un análisis de la conducta de la dirigencia justicialista y de las proyecciones que pueden hacerse de los diferentes perfiles de cada uno, pero lógicamente eso no incluye, por imposible tal vez, un análisis del sentir del pueblo peronista.
Este año durante las horas previas al Día de la Lealtad, las crónicas de esos medios hicieron hincapié –algunas posiblemente con especial énfasis y cierto agrado por ello– en que desde la derrota de 2015 el peronismo vive una diáspora. Y presentaron cada una de las convocatorias que se iban a realizar como un intento de dar una demostración de fuerza por parte de quienes las organizaron, para así quedar relativamente fortalecidos en ese escenario de fragmentación.
Si bien lo de las divisiones internas es cierto, también es verdad que no son ninguna novedad. El gobernador tucumano Juan Manzur intentó la convocatoria más amplia, y de hecho la consiguió; pero estuvo lejos de ser excluyente. Una lectura simple de los hechos podría ser que hubo un generalizado planteo en cuanto a la necesidad de que el justicialismo avance hacia la unidad.
Alguien podrá decir que obviamente, en una fecha como esta, no puede hablarse sino de unidad; y tal vez tenga razón.
Pero es un dato notorio de los diferentes encuentros que nadie planteó límites ni exclusiones respecto de la unidad. Incluso en Tucumán estuvieron varios de los protagonistas del encuentro de Gualeguaychú de abril de este año. En aquella oportunidad se habían señalado "límites" a la unidad, y ahora no.
Es cierto que este aspecto por sí solo no dice demasiado, pero tampoco aporta mayores elementos a la decadencia del peronismo como expresión política que parecen tener como mensaje varios medios nacionales.
La división no es patrimonio del justicialismo, también hoy Cambiemos se muestra fragmentado. Gobernadores y legisladores radicales anuncian orgullosos que le torcieron el brazo al presidente Mauricio Macri cuando este accedió (tras numerosos cuestionamientos) a dejar sin efecto la resolución que obligaba a los usuarios del gas a pagar un monto extra a las empresas para compensar las pérdidas por la devaluación.
El gabinete nacional tiene numerosas internas que los ministros ya no disimulan. La gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal opera en los medios para aparecer diferente a Macri, más sensible. Y la titular del tercer partido que forma Cambiemos está en modo denuncia permanente.
Elisa Carrió sostuvo en las últimas horas que a la ministra de Seguridad Patricia Bullrich le arman operativos truchos de secuestros de drogas para hacerle creer que se combate al narcotráfico, mientras el delito sigue su desarrollo. Lo hizo horas después de presentar un pedido de juicio político al ministro de Justicia, Germán Garavano, por entre otras razones arreglar los concursos de los jueces federales, según sostuvo. Evidentemente la división no es patrimonio exclusivo del peronismo.
Y lo que tampoco quiere Carrió que sea patrimonio exclusivo del peronismo es el uso del 17 de octubre. A su modo, ella también rememoró la maravillosa relación entre el pueblo peronista y su líder, ofrendándole un candidato presidencial: nada más ni nada menos que el ministro del Interior de Macri, Rogelio Frigerio.
Cuando Luis Barrionuevo ejercía temporariamente la presidencia del PJ, por una decisión judicial, se entusiasmaba con llevar a Frigerio y a Emilio Monzó al justicialismo. "Conozco a los dos. Son elementos de mucho valor. Han trabajado como una pata peronista para Cambiemos, pero no encajan en el PRO. Son valiosísimos. No creo que se vayan como embajadores. Creo que van a venir al peronismo. Seguramente los vamos a albergar para que trabajen. Vienen a aggiornar. Son rubios y pintones", enfatizaba. Carrió sintoniza con esa idea y hace su aporte a la causa de la amplia unidad peronista.

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