Hoy por Hoy
Sábado 13 de Octubre de 2018

Sentido común y resignación

Seis y 43 de la mañana en la periferia de Paraná. El colectivo para ocho minutos después de salir de su base. Es su novena parada y ya está repleto. Apenas hay lugar para ir parado en el segundo escalón de la puerta, para después, muy de a poco, tratar de avanzar un poco hacia un cuarto de metro cuadrado algo más seguro. Hay paro docente y no se ven niños y adolescentes; de lo contrario el viaje hubiera sido imposible. Así es todo el trayecto, un día y otro y otro, durante la vigencia de la medida de fuerza de la Unión Tranviaria Automotor (UTA) que suspendió el servicio urbano de pasajeros entre las 22 y las 6 del día siguiente.
Las personas que a diario usan los colectivos al amanecer se agolpan en las esquinas a la espera del primer ómnibus que las levante y así poder llegar a su lugar de trabajo a una hora aceptable. La misma situación se da a la hora del regreso: la necesidad de volver a casa hace que hombres y mujeres, asalariados, jubilados y estudiantes, pugnen por un hueco en un vehículo que los lleve a destino.
Los colectiveros de Paraná, como en casi todo el país, protestan por el incumplimiento del pago del aumento salarial del 5,7% que debía efectuarse este mes, pero las empresas aducen que no pueden hacerlo debido al incremento de los costos. Ante esta negativa, los choferes no tienen posibilidades de mejorar sus ingresos de modo de no quedar tan rezagados con respecto a la inflación.
Las personas que ellos trasladan –en esa especie de clase trabajadora rodante que manejan– tampoco tienen chances de levantamiento de cabeza alguno en este contexto de recesión, megadevaluación, tarifazos, suba de precios de alimentos y medicamentos, repunte de la pobreza y de la desocupación. Arriba del colectivo –como abajo– reinan el silencio y las caras de preocupación. Apenas se escuchan algunos comentarios sobre los días o semanas que le sobran al sueldo.
Miércoles 10 de octubre. Hora 18. Teatro Regina de Buenos Aires. Tacos y camisas celestes sin corbata. El gurú comunicacional del gobierno Jaime Durán Barba, vestido con un pantalón que le prende arriba del ombligo, es la estrella de una jornada a la que han denominado "Argentina Cambio Cultural".
La dirigencia de Cambiemos escuchó al ecuatoriano y a otras personalidades y referentes partidarios que tienen en sus manos la maquinaria discursiva oficialista. Explicitaron allí los ejes que manejan y que serán el motor de la comunicación de campaña electoral: la transparencia, la lucha contra la corrupción, el combate al narcotráfico, la libertad de expresión, el control del gasto público, entre otros. No se conocieron referencias a la situación económica.
El diario Clarín publicó que Durán Barba y Marcos Peña aseguraron que la economía no dominará la campaña, que el electorado "entiende mucho mejor que los medios" los cambios que impulsa el Gobierno. Es la misma línea de lo que se le escucha decir al presidente Mauricio Macri en las redes sociales, en una disputa por el sentido que hasta ahora Cambiemos viene ganando: los padecimientos de los argentinos y argentinas son por las medidas que tomó durante 12 años el kirchnerismo. "Me duele en el alma cada aumento porque sé lo que les está costando llegar a fin de mes a los argentinos. Pero no les puedo mentir: no me eligieron para que les mienta, sino para que los guíe al futuro", dijo el mandatario nacional entrevistado en una radio de la localidad bonaerense de Olavarría. "Ahora cuesta pagar lo que no pagábamos y cambiar de hábito para ver cómo podemos consumir menos", agregó.
Volvamos al colectivo de la capital entrerriana. Entre el silencio sobresale la voz del chofer. Le explica a un pasajero cuáles son las causas de la situación que los lleva a realizar la medida de fuerza. Repite exactas las palabras del Presidente de la Nación. Ahora tenemos que "ajustarnos los pantalones" porque antes nos regalaban todo, dice. Él también tiene incorporado el chip duranbarbista que moldea el sentido común y nos quiere obligar a resignarnos a ser cada día más pobres.

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