Opinión
Domingo 05 de Mayo de 2019

Mujeres de fuego

Paradojas para el mejor equipo de los últimos 50 años. Que, además de ser el mejor, regala un sesgo claramente machista, componente necesario para integrarlo. Luego de cuatro años en el poder, arrasando todo, una mujer les infunde miedo, les provoca pánico, un libro que contiene un puñado de páginas les desajusta la realidad, les provoca desconsuelo. Y arremeten alocadamente, ciegos, repletos de machismo histérico contra esa mujer. Buscan atacar por cualquier lado. Obviamente que siempre apostando por el mediático judicial que es el que más efectividad les da. Si bien después no se comprueba nada, la maldad ya está hecha.

La finalidad, más que obvia es lograr alejar a posibles electores de esa mujer. Una mujer pone patas pa'arriba a todo poder, los desarma su presencia aún sin esgrimir palabra alguna. Ruegan que hable, que su voz se replique en la cadena de alcahuetes a lo largo del país. Pero la mujer no habla. Escribe, calla, ve, observa. Una mujer provoca que decenas de analistas políticos serios desgranen columnas y opiniones que van más allá de la verdad, más allá de los hechos ciertos. Hasta creen, ilusos, aprovechar cierta debilidad por su condición de género.

El mandato machista que arrastran desde el inicio de sus vidas los condiciona aún más en sus análisis, dejando de lado lo político (que les duele y mucho), tornando implacables sus sentencias contra esa mujer. De un hombre, expresarían la mitad de las cosas que han escrito o sentenciado a lo largo de esta década, aumentando con creces desde 2015, cuando la llegada al poder del proyecto político que tanto apoyaron los desbocó. Y en estos días, los del poder real llegaron al éxtasis de su machismo. El miedo los paralizó y convocaron.

Convocaron a todos a sellar un pacto de diez puntos. Un pacto que les permita terminar su mandato (algo que todos los argentinos queremos). En esa convocatoria está incluido todo el arco político, buscando que firmen la sanción de las reformas laboral y previsional hasta el pacto de no revisar los préstamos que se han tomado desde 2015 hasta hoy. Nada de andar husmeando para qué y por qué se pidió dinero. Y mucho menos dónde fue ese dinero. Convocatoria. Diez puntos. Todos juntos para salvar el país. Solo les faltó una invitación, que los deja al desnudo, los descubre de manera patética, el miedo se les ve en la fría transpiración que los moja. No llamaron a la mujer.

Se reunieron los hombres del poder en la Argentina para salvar a la Argentina del caos y la miseria en la que esos hombres sumergieron a la Argentina. Y dejaron afuera a la mujer. La que no les habla ya que solo le basta un puñado de páginas de un libro de tapa celeste para causarles este temblor en el que se encuentran. Plumas serias desmerecen el libro sin leerlo, cuantifican con el mismo odio el fenómeno editorial que causó ese libro, con reimpresiones y reimpresiones, circulando en PDF por la web, reenviando en mensajes de WhatsApp en cientos de miles de teléfonos. Esa mujer los descoloca. Y eso los lleva al odio que no pueden disimular, porque además no les interesa. Loca, yegua, soberbia. Investigada por donde se quiera. Y sin defensa de nadie.

Todo un sistema puesto para atacarla, para terminar con su presente silencioso. Y no pueden, no han podido, ni siquiera trayendo al escenario a sus hijos, en el recurso más inmundo al que pudieron apelar. Otra mujer, que en estos días cumpliría 100 años, padeció lo mismo en su tiempo, aunque de la peor manera posible, pintando en las paredes "viva el cáncer" que ella padecía. Y continuaron su calvario ultrajando su cuerpo. Pero la gente de a pie, el común del pueblo la recuerda con un cariño que nunca sentirán estos tipos del poder. Ahora son dos mujeres. Una desde el recuerdo entrañable y la otra desde el presente esperanzador. A pesar del miedo que los lleva, a estos tipos, a intentar dejarlas en el olvido.

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