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Miradas: vivir sin colectivos en Paraná

Volvió a ser noticia: "Paraná otra sin vez colectivos". La frase ya es costumbre por su poder de síntesis pero es un problema que nos acostumbremos al otra vez

Viernes 09 de Julio de 2021

El tema volvió a ser noticia: “Paraná otra sin vez colectivos”. La frase ya es costumbre por su poder de síntesis, pero es un problema que nos acostumbremos al “otra vez”. En la capital se ha vuelto paulatino en los últimos años que de un momento a otro hay que subsistir sin el colectivo. El motivo es, siempre, el incumplimiento salarial con los trabajadores y la huelga como respuesta y reclamo.

Los paros son periódicos y breves. Pero dramáticos. Cada huelga significa que cientos de choferes fueron vulnerados en su derecho al salario. Cada día de paro deja a decenas de miles de paranaenses sin posibilidad de moverse a menos que dejen tajadas de sueldo en remises y taxis, o gasten suela y tiempo en procesiones que a veces llevan horas. Eran 90.000 vecinos, antes de la pandemia, los que viajaban a diario en colectivo. ¿Quién les garantiza, o al menos les ofrece, una solución a los que peregrinan?

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Vivir sin colectivos

Vivir sin colectivos

Buses Paraná alega que no le alcanza la plata. Y enumera porqué: atraso de subsidios de Nación; suba de costos (combustibles, sueldos, repuestos) por encima de ingresos; y caída de la demanda por la pandemia. La empresa comunicó ayer que ofreció “alternativas de pago” al gremio y acusó a la UTA por “falta de voluntad”. A los colectiveros les deben medio sueldo de junio, el medio aguinaldo y un bono en negro de 10.000 pesos. Tuvieron que recurrir al paro para sentar a Buses a negociar. Cuando se les ofreció saldar todo menos el aguinaldo, se levantaron de la mesa.

Si bien es latente el riesgo de acostumbrarse a un servicio que ya no es viable, asoma en escena un nuevo elemento que remueve de fondo la cuestión. Aparece el debate sobre la rescisión del contrato de concesión. El pliego de bases de la misma, en más de 60 artículos, establece condiciones que debería cumplir la empresa y que parecen un chiste de mal gusto, como frecuencias, compra de coches nuevos o multas en caso de infracciones de las empresas.

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Pero la norma también fija en qué situaciones el contrato se considera roto, como el abandono de la prestación del servicio o “las reiteradas y graves violaciones al contrato”. Incluso aclara: “en ningún caso el Concesionario podrá dejar de prestar el servicio aduciendo la falta de rentabilidad de la tarifa o déficit de explotación. La falta de prestación por tales motivos constituye causal de rescisión por culpa del Concesionario".

En Buses no preocupa ese escenario. “No es algo que hoy nos inquiete, tenemos problemas más inmediatos que resolver”, contestaron desde la empresa a la consulta de UNO.

En el Municipio el tema ya no se esquiva. Maximiliano Pérez Viecenz, secretario de Movilidad, dijo ayer a La Radio de UNO, por La Red Paraná 88.7, que “sigue habiendo incumplimientos por parte de la empresa”. Y añadió: “son antecedentes que se suman y en algún momento pueden determinar un proceso de caducidad”.

En el Ejecutivo preocupan las implicancias que puede acarrear quitarle la concesión a Buses. “Rescindir se puede. Pero, ¿quién paga el costo político de dejar 100 días sin colectivos a la ciudad?”, sugirió un funcionario con acceso al gabinete de Adán Bahl. De todas formas, admitió que se puede buscar la forma de terminar el contrato y sostener el servicio hasta una nueva licitación. En la gestión actual apuntan más contra la concesión que dejó el gobierno de Sergio Varisco que contra la empresa. “El contrato es un desastre. Esta hecho a medida de ellos (por Buses)”, señaló la fuente consultada y opinó que se debería hacer un nuevo marco regulatorio, porque “el actual es inviable, con esta empresa u otra”.

La transformación de fondo que requiere el transporte urbano de Paraná está lejos. Los responsables públicos y privados del servicio hace tiempo que parecen no estar a la altura de la necesidad de los vecinos, ni estar muy enterados de lo que cuesta vivir sin colectivos, probablemente porque así vivan. Pero las soluciones urgentes no pueden esperar, porque hay casi 100.000 paranaenses que sí dependen del colectivo para vivir, y la respuesta no puede ser: acostumbrarse.

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