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La contracara de la desigualdad

Lunes 20 de Mayo de 2019

Quienes recorremos hace varios años los pasillos de los Tribunales cubriendo audiencias y causas judiciales del ámbito penal, podemos decir que las noticias que damos son, en una abrumadora mayoría, protagonizadas por pobres. Es muy, pero muy extraño encontrar en el banquillo a un delincuente del poder económico y político.

Las razones de esta selectividad del sistema penal se pueden encontrar en un par de siglos de historia de la constitución del orden social y las diversas herramientas legales de control, pero en lo que respecta a los últimos años en la provincia de Entre Ríos, algunas de las causas se pueden leer en el libro recientemente publicado El Nido. Poder, Justicia y Corrupción en Entre Ríos, del periodista Daniel Enz, en el cual se entrelazan nombres de funcionarios públicos (políticos y judiciales) con los de empresarios, que han hecho buenos dividendos. Por ejemplo, se mencionan Urribarri, Mizawak y Marizza como apellidos que convergen en negocios, empresas, domicilios y profesionales a su servicio, con consecuentes fortunas que quien escribe y quien lee esto, jamás veremos.

El tema de la corrupción se desentraña (y se demuestra) a lo largo de una veintena de capítulos, y se podrían realizar diferentes lecturas de estas circunstancias: desde las náuseas que provocan semejante promiscuidad y el desfalco de recursos públicos, hasta el asombro por el contraste entre los discursos y los modos de vida de algunos personajes.

Sin embargo, lo que sorprende no debería hacerlo. Es decir: ¿es posible pensar un estado de las cosas como el que estamos viviendo, sin corrupción, o mejor, sin esas variadas formas de violencia delictiva, sutiles y silenciosas?

En el libro se refieren personas y hechos que describen las formas en las que se producen diariamente las consecuencias que otros sufrirán. Porque donde un funcionario está pactando con un empresario un sobreprecio, habrán otros a los que les faltará aquello que sobra en esa negociación. Estos episodios, reiterados como una costumbre a lo largo de décadas, en los que pueden cambiar los nombres de funcionarios y algunas veces los de empresarios, podrían explicar por qué en Paraná hay algunas personas con cientos de propiedades y muchísimas confinadas a la supervivencia diaria.

Es que la desigualdad no es consecuencia de errores o fracasos de las diferentes gestiones de gobierno, sino producto del mecanismo delictivo que tiende siempre a profundizarla.

En tres años de gobierno del presidente Mauricio Macri, hay 2 millones más de pobres, mientras un grupito de empresas extranjeras (principalmente energéticas y financieras) han obtenido ganancias extraordinarias. Durante este mismo período de tiempo, en la gestión de Cambiemos, se fugaron del país casi 60.000 millones de dólares, la misma cifra del préstamo del Fondo Monetario Internacional a la Argentina ¿Es posible imaginar esta estafa sin que hayan mediado acuerdos mafiosos y, por sus consecuencias, criminales?

Por esto mismo es que resulta difícil tener ciertas expectativas en que el sistema se destruya a sí mismo mediante las leyes que crea para sancionar delitos. Incluso, si se llegara a condenas ejemplares por el descomunal desvío de fondos de la Legislatura provincial en la causa de los llamados "contratos truchos", desarrollada en El Nido.

El abogado y profesor de la UBA Juan Segundo Pegoraro sostiene que "el sistema penal cumple una función compleja en cuanto es selectivo: persigue a los pobres y débiles y deja impunes a los poderosos. Esa doble selectividad funciona conforme a una estructura también compleja como es la corporación judicial, la gran familia judicial, y otra gran familia, que es la corporación policial (que) preserva el orden social que no podría soportar que se persigan todos los delitos, en especial de las personas o empresas poderosas. La ley en su enunciado indicaría que se debe perseguir a todos los que cometen delitos, a los poderosos y a los débiles, y sin embargo, cuando se visita una cárcel, el 98% o el 99% son personas pobres y socialmente débiles".

Casual o no, la tapa de El Nido está ilustrada con una serpiente, con la que Eduardo Galeano comparó a la Justicia porque "sólo muerde a los descalzos".

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