Hoy por Hoy
Miércoles 06 de Marzo de 2019

El espíritu de la cordialidad y el respeto

Lo que les voy a contar podrá ser considerado intrascendente frente a los graves problemas que padece el país, pero al menos me pareció importante marcar cómo en los pueblos del interior aún perduran viejas costumbres, modos o simplemente gestos de educación que en las grandes ciudades se han ido perdiendo.
En mi receso vacacional fue grato volver a Nogoyá, Gualeguay, Victoria y otras poblaciones casi rurales donde aún al anochecer se tiene la costumbre en verano de salir a la calle a tomar mate y mirar lo poco que pasa en las escasas cuadras.
No es llamativo escuchar al pasar, cuando uno camina las limpias arterias, frases cordiales, tal vez por compromiso o por costumbre, o vaya a saber por qué, pero que caen muy bien al oído: "buenas noches", "hasta luego", "permiso, ¿puedo pasar?", "disculpe, ¿usted quién es? ¿Familiar de quién es?".
En definitiva frases cortas, pero que invitan a desarrollar algo que está enterrado en las grandes urbes: dialogar, hablar con un vecino, saber cómo anda, qué hace, respetándolo desde todo punto de vista por su condición social, política o religiosa.
Los misterios de la interacción tienen ese no sé qué tan placentero de saber al menos que el tiempo no pasó en vano.
Se podrá decir que cada vez menos se escucha este tipo de conversaciones.
En estos tiempos modernos es habitual en Paraná u otras capitales vivir acelerado, sin saber quién se encuentra al lado. Ni hablar de conocer mínimamente al vecino del departamento o la casa lindante.
No es habitual tener la idea de saludar a una persona que no se conoce, o mucho menos tratar de entablar un diálogo o un principio de amistad.
Los diálogos que se escuchan parecen de otro mundo, de personas tratando de establecer el árbol genealógico o conocer si la persona que cruza por delante de la casa de ese vecino hace mucho tiempo que emigró hacia "la capital".
En los bares, persiste aún el viejo olor a humedad, o lo que emana la parrilla mal prendida del mediodía. Y entre mesas flojas se cruzan los naipes con apuestas por plata.
Habrá enojos por la derrota y la pérdida del dinero en los juegos de azar, pero la lealtad lleva a ser respetuoso honrando la palabra de saldar la deuda.
En esos lugares aún se les dice "Usted". En esos lugares se siguen utilizando las frases gastadas en el tiempo pero que si no se dicen parece una falta de educación.
Si una persona no logra escuchar, pide disculpas y solicita amablemente repetir la expresión.
En esos pueblos aún se mantiene la costumbre de ingresar a cualquier lugar y lo primero que se hace es saludar y extender la mano derecha a modo de respeto hacia la persona que se conoce y también a la desconocida.
Esas costumbres quedaron pulverizadas por la locura laboral, el tratar de llegar a fin de mes, cubrir todas las necesidades, los tarifazos, la suba de combustibles y la totalidad de la crisis que vive el país.
Tal vez porque mis padres me acostumbraron a tener estos gestos, por el momento no los pierdo y trato de preservarlos en el tiempo con mis hijos. La verdad que es difícil, pero no imposible.
Invito a un juego imaginario, de tratar de llegar al café del centro, ingresar y saludar amablemente a las personas que se encuentran en las mesas, mientras se avanza. O en la plaza, saludar con la mano al policía, o al diariero que se encuentra en la esquina del banco.
Por más que no se practique, parecerá para algunos, una antigüedad.
Los buenos modales, las acciones de cortesía –espero– nunca pasarán de moda.
Entiendo que no debería ser normal ingresar a un lugar agachando la cabeza, acelerando el paso para no saludar a nadie y de ese modo evitar el "fastidioso" acto educativo de decir "buen día".
Obviamente los problemas se mantendrán, más allá de un saludo cordial o una expresión reconfortante, pero al menos nos llevará a mantener una práctica para homenajear a nuestros antepasados, que seguramente llenos de flaquezas económicas, al menos no perdieron el espíritu de la cordialidad y el respeto.

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