Miradas
Lunes 15 de Octubre de 2018

Cuando la broza no es salud

La prestación de servicios que brinda la Municipalidad de Paraná volvió a ser blanco de numerosas críticas por parte de vecinos. La falta de mantenimiento de las calles con broza, algunas en un estado de preocupante deterioro, reveló que el destino de la obra pública pocas veces se distribuye con la equidad adecuada y atendiendo las necesidades básicas de los habitantes. La problemática barrial no es nueva, ya que afecta de la misma manera a vecinales que se fueron asentando en los últimos años y a aquellas con una importante tradición dentro de la ciudad. Está claro que el crecimiento demográfico de la población no estuvo acompañado de una adecuada planificación urbana, y que dichas demandas de mejora de infraestructura vial no vienen siendo contempladas en los sucesivos presupuestos.
Las pruebas están a la vista y en el cuerpo de los damnificados: personas que nunca habían tenido problemas respiratorios están condenadas a tener que afrontar tratamientos de largo aliento con medicamentos a raíz del aire contaminado que respiran todos los días. El caso de Raúl Ricardo López, vecino de Los Jacarandaes del Aeropuerto, puede ser el de cualquier otro paranaense. A puro sacrificio accedió a la casa propia a través del programa Procrear en un loteo ubicado en la intersección de Ricardo Balbín y Enrique Mihura, que desde ese momento quedó bautizado como los Jacarandaes del Aeropuerto, según reflejó en un artículo UNO. Pero el sueño se transformó en pesadilla cuando junto a su familia tomaron conciencia del problema que significaba la permanente presencia en su vida cotidiana de la broza, ese polvillo blanco que se deposita en las plantas, en la ropa, en los vehículos y que causa el mismo daño que el tabaco del cigarrillo. Su caso además fue reflejado por varios medios de comunicación, al igual que su desesperación por la falta de respuestas de las autoridades políticas.
No se trata de dramatizar ni mucho menos, pero sí de transmitir una realidad que activa una alerta: pero la broza acaba de expulsar del barrio a su mujer y a su hijo, que por recomendación de un neumonólogo tuvieron que buscar un lugar más amigable para su salud, ya que sus vías respiratorias estaban siendo seriamente afectadas y se estaba quedando sin voz.
Se desconoce la cifra exacta de las calles con broza que deben quedar en la ciudad, ni el estado de conservación que presentan las mismas, pero casi con seguridad es una de las principales demandas de la gente hacia el Estado municipal.
Esta realidad se contrapone con el ambicioso plan de obras que lleva adelante la actual gestión destinado al mejoramiento de la trama vial. "En la actualidad están en marcha obras por más de 600 millones de pesos, solo en materia vial, bajo la supervisión y planificación de la Secretaría de Proyectos Estratégicos. Uno de los principales paquetes de obras está constituido por el Plan de Reconstrucción y Rehabilitación de la Trama Vial. Iniciado en abril, contempla una inversión superior a los 450 millones de pesos para el reasfaltado de 400 cuadras, el bacheo integral de 1.200 cuadras y el mejorado de 1.000 cuadras de calles de tierra y de broza", comunicó el municipio en su portal web.
Al detallar el alcance de la iniciativa se destacó que las intervenciones se realizan en el casco céntrico, pero también en determinados barrios. En el primer caso, se reasfaltaron las principales arterias, y luego fuera de ese sector, se hizo lo propio con la zona de calle Fray Mocho, Alvarado, Río Negro, Francia, Santiago Derqui, por mencionar algunas de las tareas que se ejecutan. La administración Varisco también piensa encarar la recuperación integral de avenida Ramírez, la obra de pavimentación de calle Moisés Lebensohn y de calles Garrigó, Faustino Parera, Miguel David y avenida Jorge Newbery.
Evidentemente, hay sectores de la ciudad donde las obras todavía no llegan por razones que los vecinos no pueden entender. Son aquellos que siguen padeciendo los efectos de la broza, y que solamente piden que se haga aunque sea un mantenimiento (lo mínimo sería destinar un camión regador en forma periódica) a esas arterias para garantizar el derecho a la salud y a una mejor calidad de vida.

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