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Sábado 17 de Agosto de 2019

No parece mucho, pero en realidad es una eternidad. En un país donde la economía terminó de desplomarse en tan solo 24 horas tras una elección donde se votó sin elegir nada, 70 días es mucho. Quizá demasiado.

A horas de conocerse el resultado de la elección, el presidente de la Nación se enojó con quienes no lo votaron y, según afirma un expresidente del Banco Central, dejó que toda la economía se fuera al carajo de puro gusto nomás. “El Presidente dijo el día lunes ‘que el dólar se vaya donde se tenga que ir de manera de que los argentinos aprendan a quién votaron’”. Lo dijo públicamente Martín Redrado citando fuentes del Banco Central. Tanto llenarse la boca con la institucionalidad y la República para desnudar que estábamos en manos de un niño rico con berrinches porque no sabe perder.

El lunes después de las elecciones detonó la economía. El martes el Presidente pidió perdón. El miércoles sacó la billetera con 40.000 millones de pesos cash para tratar de congraciarse con la gente. Todo esto sucedió en tres días.

Todavía faltan 70 para la elección de verdad. Nadie cree que sea posible para el Gobierno Nacional revertir el resultado electoral del domingo pasado, pero en el hipotético caso de que eso se produzca, Macri ya anticipó de quién será la culpa de la “Pesada Herencia 2”.

Hoy el objetivo es tratar de llegar al 10 de diciembre. El logro: ser el único gobierno no peronista que termina su mandato en término. Como premio es miserable, como logro propio es hasta dudoso. Es que en realidad daría la impresión de que nadie quiere asumir anticipadamente sin que este gobierno asuma la responsabilidad de todo lo que ha hecho. La institucionalidad es lo que está en juego. Cumplir con los mandatos constitucionales es la misión, del oficialismo y la oposición completa.

Después del 10 de diciembre ni siquiera será necesario el Indec para saber cómo está el país en realidad. Por si a alguien le quedan dudas sobre los números que entregue el organismo oficial encargado de medir el estado de la Nación, bastará con refrescar los datos de la Universidad Católica Argentina que viene entregando informes desde hace cuatro años mostrando este hundimiento constante, y nadie, nunca, los ha puesto en duda. Y si nada de eso alcanza siempre está la heladera como termómetro infalible de la realidad.

La reconstrucción será penosa. Pero es algo a lo que nos hemos estado acostumbrando. Aquí todo es penoso. La construcción, la destrucción, la reconstrucción, todo lo paga siempre el mismo sector. Tampoco esta será la excepción.

La diferencia en estas instancias es que nuevamente renace la esperanza. Pero si bien las circunstancias hoy parecen apuntar a él, no se trata precisamente de la esperanza en Alberto Fernández ni en el peronismo. La esperanza está centrada solamente en estar mejor. La misma esperanza que muchos tuvieron en 2015 cuando creían que estaban mal sin saber que lo que vendría era esto.

Faltan 70 días para votar a quien gobernará la Argentina. 70 días de incertidumbre, no tanta por el resultado de la elección, sino por lo que pasará mañana lunes, o lo que pueda pasar el martes, o el miércoles…

Nada se puede dar por hecho en la Argentina de hoy. No se sabe qué puede pasar con el Gabinete, cuáles serán los resultados de las medidas económicas, cuánto más durará el Presidente, cuál será el rol de la oposición. Nada se puede dar por hecho.

Los medios oficialistas ya están dejando de serlo y los periodistas ultramacristas comprobaron que sus opiniones no sirven para nada cuando se intenta defender lo indefendible. Como que ya olieron que sus palabras caen en saco roto y no quieren seguir probando. Pero como aquí todo es tan rápido, ahora es posible que todos se den vuelta y ayuden a acelerar la caída. Las miradas ya no solo están en las pizarras de los mercados, ahora están volteando lentamente hacia el Congreso, hay demasiada gente enojada y con problemas, y esta es la única institución capaz de mover el tablero para adelantar las elecciones o la entrega del mandato. Sería una pena más, pero como bien lo ha dicho don Ata: “Pena sobre pena y penas / Hacen que uno pegue el grito. / La arena es un puñadito / Pero hay montañas de arena.

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