El piano de Leo Genovese tiene el extraño poder hipnótico de una luz de láser recorriendo, a diferentes velocidades, bosques, urbes, desierto y mares en medio de la noche. No hay posibilidad de desviar los ojos de ese punto lumínico, no hay opción para que el oído desatienda el sonido que arranca desde el roce y el golpe a las teclas negras y blancas. El hombre nacido en Venado Tuerto y que vive desde hace una punta de años en Nueva York cuenta con esa virtud, después es, también, un gran pianista de jazz, tan bueno como tantos otros.
Jazz en su mejor versión: El piano hipnótico de Leonardo Genovese
El venadense ganador de dos grammy junto a Esperanza Spalding toca hoy con la escuela de música de Rosario. En una rica charla habló de su presente dentro del mundo de la música y otros temas en Escenario.
16 de diciembre 2016 · 09:35hs
Pero esto es harina de otro costal. Lo cierto es, también, que Genovese –que tocó y grabó con estrellas como Herbie Hancock, Wayner Shorter, Jack DeJohnette, Hall Crook y Joe Lovano– forma parte hoy de la élite del jazz mundial cuya sede central sigue estando en Nueva York (el portal Allmusic le puso 5 estrellas, la máxima puntuación, a su disco de 2013 "Seeds").
Ganador de dos Grammy junto a la contrabajista y cantante Esperanza Spalding, de cuya banda forma parte, Genovese todos los fines de año emprende una nueva aventura por suelo argentino, cada vez con distintas formaciones y Rosario es un paso obligado del tour y también la estación más cercana a su ciudad natal. Esta vez desembarca con un grupo al que llamó Venado Tuerto Trío, aunque el único santafesino es él, ya que el saxofonista Tony Malaby es de Nueva York y desde Lomas de Zamora Fermín Merlo en batería, hijo del contrabajista de jazz Hernán Merlo y sobrino del baterista Pepi Taveira.
"Este grupo nació este año tocando música original, concebida e inspirada desde algunas creencias pampeanas", dispara Genovese en un parate en medio de una segunda gira argentina (la primera del año la hizo con Nómades), que tocará suelo rosarino esta noche, a las 21, en la Escuela Municipal de Música. "Tony Malaby es uno de los saxofonistas tenores más innovadores, inquietos y creativos del momento en la escena neoyorquina", informa el venadense.
—Todos los años venís con una formación y/o formato diferente, ¿tiene que ver con lo que hiciste durante el año en Estados Unidos, y lo terminás mostrando aquí? ¿O no tiene nada que ver?
—En realidad, no tiene mucho que ver... Toco con mucha gente de acá y de allá, muchas músicas distintas. Soy un camaleón que se prostituye sónicamente , que se adapta a las situaciones, y trato de ser un sirviente de la música. De a poco voy trayendo a mis amigos, que además son mis músicos favoritos y a además son personas que generan un puente humano de relaciones celestiales entre naciones... sí, son embajadores no reconocidos como tales, pero son los verdades embajadores. La mayoría de los diplomáticos cobran un sueldo y se rascan en una habitación con aire acondicionado al máximo; nosotros nos matamos manejando 10 mil kilómetros en un mes, bajo los calores intensos de las salinas o apunándonos allá arriba, viajando de pueblo en pueblo para acercarles un pedazo de nuestra experiencia a gente de nuestra Argentina, y aprendernos sus canciones. ¡Intercambio cultural underground sin maquillaje!
—Qué balance hacés del año?
—Muy positivo. Tuve la chance de girar con muchos grupos diferentes, de universos sonoros distintos, y eso me mantiene fresco e inspirado. Tuve la chance de visitar África un par de veces, y de poder realizar la cuarta gira por mi país con un grupo llamado Nómades, que armé especialmente para esta edición. La idea es seguir adelante, estudiando y aprendiendo.
Terminamos cinco semanas de gira argentina, con 17 conciertos por muchas provincias. Vine con dos músicos animales y hermanos, que visitaron nuestro país por primera vez. Fueron semanas muy fuertes de conexión y estudio de paisajes y gente, y Justin Purtill y Brahim Fribgane fueron adoptados como hermanos en todos los pagos.
—¿La idea es seguir viviendo en Estados Unidos, o en algún momento se te cruza algún plan concreto de volver para quedarte?
—Soy nómade. Ya no vivo en ningún lado, tengo un correo postal y un rancho armado en Brooklyn, pero paso muy poco tiempo ahí. Los viajes han comprendido la mayor parte de mis días, mientras pueda volver y, sobre todo, mientras pueda volver a tocar y compartir música, no me importa donde está la cueva. Esto cambia cada día, pero hoy se siente así. Es difícil vivir lejos, pero uno aprende muchas cosas de la distancia y el silencio.
—¿Qué te provoca el triunfo de Donald Trump en las elecciones estadounidenses?
—Me provoca cosa extraña el vuelco global hacia ciertas tendencias políticas. Pero me parece un llamado y una oportunidad para todos los personajes que habitan el mundo de las artes, un grito a las personas que saben de la fuerza y la función de la música, las letras , la pintura, la danza, la escultura, todas las formas, una invitación a despertar y crear el antídoto desde el veneno.
—¿Cuál es el techo de Leo Genovese? Y, sobre todo, ¿cuál es el horizonte, hacia dónde va?
—En estos días de tanto andar y de movimiento espiritual y físico, lo que más me interesa es no escuchar la voz del cansancio, la voz del mercado, la voz del egoísmo o de la arrogancia. Lo que quiero es seguir creciendo y profundizando en esto tan lunático que llaman vida. De ahí surge una música que va mutando como muta toda nuestra información celular. Venado Tuerto Trío surge desde ahí, de algo con genética de adaptación, integración y compromiso, con y para todas las voces que cantan sin sonido, todavía.
—¿Cómo ves el jazz de hoy? ¿Y cómo ves las nuevas formas de comunicar, transmitir música en el mundo?
—Le creo a las piedras, a los ríos, a los vientos y a la telepatía ancestral aborigen mucho más que a cualquier medio de comunicación o forma de diálogo cibermoderno whatsappero. Le creo a John Coltrane , a James P. Johnson, a Muhal Richard Abrams y a todos los que "keeping it real". Está bueno que haya gente que ponga las nuevas formas en servicio de su arte, pero creo que si no somos conscientes de la fuerza alienada que éstas poseen, terminarán deformando de tal manera nuestras maneras de expresión que nos marchitarán todo el potencial de iluminación humana.













