Horacio Lapunzina tiene 60 años, es músico, docente y “un poco escritor”, según él. Y bajo ese gusto por las letras, Lapunzina decidió realizar un taller llamado Las formas de la ficción. El mismo se llevará a cabo a partir de cuatro encuentros virtuales vía Meet que comenzarán el martes. Todos los martes de marzo, de 17.30 a 19, los amantes de la literatura podrán disfrutar de un espacio de lectura compartido y además, recorrerán el camino de autores contemporáneos como Tomás Downey, Mariana Enríquez, Mariano Quirós, Agustina Bazterrica, Leopoldo Brizuela, Samanta Schweblin, entre otros.
Horacio Lapunzina presenta "Las formas de la ficción"
Horacio Lapunzina presenta su taller literario "Las formas de la ficción"
Horacio Lapunzina
El libro que marcó la vida del músico
En diálogo con UNO, Lapunzina dijo: “Los encuentros tienen como eje abordar autoras y autores contemporáneos. Serían los que tienen entre 40 y 60 años, más o menos, y que están vigentes con su obra. De todas maneras, lo contemporáneo se refiere más bien a una forma de entender la ficción y construirla; los materiales y los recursos que caracterizan a una época más o menos abarcable en miradas y testimonios, siempre y cuando hagamos la salvedad que cada cual cuando escribe construye un mundo, su mundo, y que hay mucha literatura en los márgenes que también podría clasificarse de contemporánea y apartarse de cualquier etiqueta temporal. El objetivo que propongo es el que me propuse para mí como lector; tener una mirada panorámica de la actualidad de la ficción argentina, porque valga la aclaración de que elegí sólo autores y autoras nacionales”.
En cuanto a si tiene favoritismo por algún autor en especial, el músico aseguró que no porque considera que no es algo importante. “Para ofrecer un taller, lo central es no dejarse llevar por el gusto personal sino dar un pantallazo general lo más abarcativo posible, y dejar en manos de los lectores sus preferencias y afinidades. Aún así, tengo leída una cantidad importante de ficción de Samanta Schweblin, Pablo Ramos, Selva Almada o Mariano Quirós, por ejemplo. Pero también descubrí a otros y otras menos conocidos y excelentes; Alejandra Kamiya, Tomás Downey, Patricia Ratto o Romina Doval, pero hay muchísimos más. Y eso es algo sorprendente en este país: la enorme cantidad de narradores extraordinarios. Es una cantera inagotable”, aseguró.
Además, Lapunzina sostuvo que los libros, sean cuales fueren, se disfrutan por distintos aspectos y que no tiene un canon a seguir. “ Soy muy desorganizado a la hora de leer; estoy mudando de aquí para allá todo el tiempo. Lo que sí es cierto es que con el tiempo existen afinidades; libros o temas o enfoques que dan en nuestra sensibilidad y nos sentimos identificados con algún aspecto, generalmente inconsciente, de la trama o del argumento o del lenguaje. Dentro de la ficción, y del cuento en particular, el lenguaje está primero, luego la trama y la verosimilitud con que se desarrolla el texto a través de los personajes. Eso es lo que para mí no puede faltar en una buena historia o relato. Volvemos siempre a lo mismo en este rubro; no importa el qué sino el cómo”, refutó. Si bien no pudo recordar con exactitud cuál fue el primer libro que leyó en su infancia, se la jugó por alguno de Arthur Hailey. “Eran libros fáciles de leer y se hacían películas con esos temas. Pero sí recuerdo los que hicieron que me subyugara la lectura y entrara al mundo del lenguaje definitivamente. El primero podría ser Hombres y engranajes, de Ernesto Sábato, que cuando lo compré pensé que era una novela y terminó siendo un ensayo fundamental en mi entrada a la adolescencia. Y le siguieron Relato de un náufrago, de García Márquez; Fantasmas de lo nuevo, de Bradbury, La llave en la puerta, de Marie Cardinal; los cuentos de Cortázar; Crimen y Castigo, de Dostoievsky, entre otros”, contó.
LEER MÁS: HORACIO LAPUNZINA PRESENTÓ SU LIBRO
En ese sentido, muchos lectores suelen tener un libro de lectura favorito o un libro inolvidable, ante esa pregunta, Lapunzina dijo: “Es muy difícil elegir un solo libro entre tanta literatura, como sería imposible llevarme un solo disco a una isla desierta. Un libro al que siempre vuelvo es Balada del álamo carolina, de Haroldo Conti, tal vez porque describe con mucha precisión y ternura la vida de los pueblos con ascendencia italiana, y eso tiene que ver con mi infancia. Nadar de noche, de Juan Forn es otro de mis amuletos. Pero no sé, son los que me aparecen ahora mismo; tal vez dentro de un rato aparezcan otros”, relató pensante. Información de contacto para el taller [email protected].



















